viernes, 17 de octubre de 2014

LAS VISITAS AL SANTÍSIMO


La práctica de hacer visitas a Jesús Sacramentado es una manera muy útil y concreta de prolongar los efectos de la Santa Misa.

La Hostia que se contiene en el Sagrario ha sido consagrada en el transcurso de la Misa; está pues en estrecha relación con la oblación y la inmolación sacramentales de Cristo. Esa Hostia permanece allí para perpetuar en cierto modo el Sacrificio, permitiéndonos unir, de un modo bien concreto, nuestras propias acciones a los perennes actos de ofrecimiento, de inmolación, de amor, de reparación, de gratitud que Jesús no deja de hacer como Víctima. Su presencia en el Sagrario tiene un valor incomparable. Jesús está allí, aparentemente muerto, parece inmóvil, como si no viese, no oyese, ni hablase. Sin embargo su presencia está cargada de dinamismo y de virtualidad redentora. Está allí para unir a Sí todas las almas. Será pues muy conveniente visitar al Santísimo para expresar nuestro deseo de adherirnos a la oblación e inmolación permanentes de Cristo en  el Sagrario, que no es sino la continuación de su oblación e inmolación en la Santa Misa.
“El Santo Sacrificio de la Misa”, Padre Alfredo Sáenz S.J.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La primer misión popular en Ushetu


Posted on octubre 13, 2014


Ushetu, Tanzania, Lunes 13 de octubre de 2014

Queridos familiares:

Espero que estén todos muy bien. Aquí les envío algunas noticias más, pero aprovecho a decirles que el próximo 19 de octubre es la Jornada Mundial de las Misiones, y por lo tanto me imagino que nos tendrán muy presentes en su oraciones a los misioneros de África en ése día.





Les cuento ahora algo muy propio de nuestro trabajo… el jueves 2 de octubre pasado comenzamos nuestra primer Misión Popular en África. Parece un poco exagerado decirlo así, pero con una gran sencillez hemos emprendido este apostolado tan eficaz. Como nuestro medios son muy limitados, desde el tiempo hasta la lengua… literalmente “hicimos lo que pudimos”, pero sabiendo que Dios bendice lo que se da con alegría y generosidad, que para dar de comer a más de diez mil personas lo único que necesitó fueron cinco panes duros de cebada y dos pescados tal vez un poco pasados.



Deseábamos hace tiempo hacer una misión popular, o experiencia de misión, pero en este año, antes de que comenzaran las lluvias, para no perder otro año más… y ya ir ganando tiempo, es decir, que los catequistas comenzaran a tener la experiencia, comiencen a aprender un poco de qué se trata éste método de apostolado. Así fue que en medio de miles de actividades del tiempo de sequía (todas las actividades tienen lugar en éste tiempo) pusimos tres días de misión popular, a realizarse con los catequistas. Invité a los catequistas que voluntariamente quisieran venir, y sólo haríamos visita de casas aquí en nuestro centro de Ibelansuha (Ushetu), por ser más fácil de organizar la comida y el alojamiento.



Pensamos la misión para tiempo de sequía, pero Dios dispuso que la lluvia de gracias de una misión llegara también con la lluvia torrencial de agua… Luego de las primeras lluvias, y por cierto, primeras contras para una misión, porque viene el tiempo de dedicarse a trabajar en la pequeña chacra, llegaron los “misioneros voluntarios”.Los habíamos citado el jueves, para poder tener una charla explicativa de qué consiste la visita de casas, etc. Pero como llegaron sólo cinco, pensamos que era mejor esperar al otro día para hacer esa reunión. Lo bueno es que ya se notaba en ellos la alegría de encontrarse para una experiencia nueva. El P. Martelli les dio unas buenas noches que traté de traducir la idea y les vino muy bien para tener bien claro los motivos que nos llevan a misionar. A la mañana siguiente tuvimos la misa en la parroquia, en donde hicimos la bendición de unas cruces coptas que había traído el P. Emanuel desde Egipto, y esto fue el mandato misionero. Las cruces son de madera, hechas a mano, con figuras hechas de madre perla incrustada… pero mas allá de la belleza de las cruces, está el valor y significado, de ser cruces que fabrican los cristianos perseguidos, y que ahora portaban estos misioneros en la sabana africana, con la alegría de saber que hay tantos cristianos que sufren por su fe y que los impulsaba aser valientes testigos de Cristo en medio de las dificultades que encontrarían.



El día viernes amanecimos pasados por agua… indicio del propio inicio de la temporada de lluvias, y por tanto del trabajo en el campo. Barro por todos lados, lluvia intensa por momentos. Para nuestra sorpresa llegaron cuatro misioneros más, uno de ellos vino en bicicleta, debajo de la lluvia, pedaleando una distancia de 20 kms. Llegó totalmente mojado, y con toda naturalidad, a la media hora estaba saliendo con el resto de los catequistas. Vino también una catequista, que fue un ejemplo también, porque de los 45 catequistas que tenemos en la parroquia, sólo hay tres mujeres, y una de ellas vino a misionar, con mucho sacrificio, dejando dos días la casa y la familia.

Luego de repartir indicaciones, material de misión y arengas, salimos en la camioneta para dejarlos más cerca del lugar donde comenzarían la visita. Llovía intensamente como les digo, pero ellos querían salir igual… y caminar mucho debajo de la lluvia. Impresionante el espíritu de todos, hasta iban cantando en la camioneta una canción de los misioneros.



Durante el día se sumaron otros catequistas, y se alegraron tanto a la noche, luego de haber caminado y haberse mojado durante toda la tarde… de ver la “coincidencia” de que eran nada mas ni nada menos que doce. ¡Justo en la primer misión popular en Tanzania! Muy alegres de llegar y comenzar a contarse las experiencias, los casos, las victorias. Todos coincidían en lo contenta que se ponía la gente al ver que llegaban los catequistas a visitarlos a sus mismas casas, que nunca habían visto algo así.

El sábado los volví repartir para que terminaran de visitar sus zonas, y fui a dar la unción y la comunión a un enfermo en su casa, uno de los que fueron visitados el día anterior. A las cuatro de la tarde teníamos dispuesto el horario para juntarnos al almuerzo en la parroquia. Debajo del árbol de mangos habíamos preparado todo para almorzar, y nos hemos divertido con las charlas y anécdotas a medida que iban llegando. Coincidían todos en el cansancio, y la alegría… que deseaban que la misión se hiciera otra vez, que lo repitamos en las aldeas, en tiempo de sequía. Ya les quedó el “gustito”, uno de ellos repitió varias veces durante el diálogo… “cómo me gusta misionar”. Creo que eso es importantísimo, tenemos la base para las próximas misiones populares.



Durante el almuerzo aproveché a explicarles cómo organizamos las misiones de una semana, con acto misionero, con visita de casas, misión infantil, juvenil, visitando los enfermos, preparando para dar sacramentos al finalizar la misión, la quema del diablo, los fogones, las procesiones… Se daban cuenta que si pudiéramos llegar a una aldea, y acampar allí con 15 ó 20 catequistas… sería un verdadero suceso imposible de pasar desapercibido. En algunas aldeas hay mucha necesidad, hay muchos paganos, y muchos de ellos pueden recibir la predicación con muy buena acogida.



Tan contentos estaban, que a pesar de estar cansados por las horas de visitas de casas y larga caminata, de que terminábamos de comer a las cinco de la tarde, y que debían regresar a sus aldeas en bicicleta, para poder reunir a los fieles mañana domingo… quisieron tocar los bombos y bailar como es costumbre, cantando cantos con letra bien católica. Ya estamos pensando el lugar de la próxima misión, el año que viene, cuando termine el tiempo de lluvias… una aldea que está muy necesitada, porque el catequista anterior dejó su trabajo y quedaron a la deriva. El nuevo catequista de allí vino a la misión, y por eso, ha ganado la posibilidad de ser quien nos acoja en nuestro próxima gira misionera.



Creo que nosotros hemos experimentado muchas veces el gran éxito que se logra siempre con las misiones populares siguiendo el estilo de San Alfonso, con las adaptaciones a los distintos lugares y culturas. Pero en nuestra misión ciertamente que será una gran cosa, dado que no podemos llegar con tanta frecuencia a muchas aldeas y los catequistas muchas veces se encuentran muy solos y manteniendo la fe en medio de un ambiente muy pagano. Creo que ellos mismos crecerán en una verdadera amistad entre los catequistas, y eso también les dará renovadas fuerzas. Considero una gracia muy grande contar con un grupo tan dispuesto de misioneros, y con un terreno listo para recibir la semilla del evangelio.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego, IVE.

lunes, 13 de octubre de 2014

Noviazgo Católico


"Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo de matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad". (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2350).

domingo, 12 de octubre de 2014

Bendiciones y Beneficios del Santo Rosario


Bendiciones del Rosario
1. Los pecadores son perdonados.
2. Las almas sedientas son refrescadas.
3. Aquellos que son soberbios encuentran la sencillez.
4. Aquellos que sufren encontrarán consuelo.
5. Aquellos que están intranquilos encontrarán paz.
6. Los pobres encontrarán paz.
7. Los religiosos son reformados.
8. Los vivos aprenderán a sobrepasar el orgullo.
9. Los muertos (las almas santas) aliviarán sus dolores por privilegios.

Los beneficios del Rosario
1. Nos otorga gradualmente un conocimiento completo de Jesucristo.
2. Purifica nuestras almas, lavando nuestras culpas.
3. Nos da la victoria sobre nuestros enemigos.
4. Nos facilita practicar la virtud.
5. Nos enciende el amor a Nuestro Señor.
6. Nos enriquece con gracias y méritos.
7. Nos provee con lo necesario para pagar nuestras deudas a Dios y a nuestros familiares cercanos, y finalmente, se obtiene toda clase de gracia de nuestro Dios todopoderoso.

Condiciones:
1. Que se recen las cinco decenas del Rosario sin interrupción
2. Las oraciones sean recitadas y los misterios meditados
3. Si el Rosario es público, los Misterios deben ser anunciados

Además debe cumplirse:

1. Confesión Sacramental
2. Comunión Eucarística
3. Oraciones por las intenciones del Papa

Si no se cumplen las condiciones para la indulgencia plenaria, puede aún ganarse indulgencia parcial.
La indulgencia puede ser aplicada a los difuntos. La indulgencia plenaria solo puede ganarse una vez al día (excepto en peligro de muerte).
"Lo maravilloso del Santo Rosario no es la repetición de las avemarías o de la mesa bien dispuesta que sostiene la imagen de la Virgen, sino la experiencia de la unidad que se conforma en todo el mundo entero para alabar y bendecir a Dios por los motivos inmensos de su amor para con la humanidad. Es una rica costumbre de la piedad popular donde la Santísima Virgen se hace universal y de mucha importancia para los creyentes. Es la magnífica oportunidad que tenemos todos de experimentar en la fe ese amor a Dios en María Santísima, a la cual le había confiado esa misión salvífica. Es el santo rosario el lugar para reconocer a María Virgen como la Madre del Señor Jesús y en el plano de la gracia, Madre de todos nosotros. Es a la vez el reconocimiento de que Dios a través de Ella interviene a favor nuestro.
Es una oración connatural a la gente sencilla que reconoce la elegancia de Dios para hacer nacer a Jesús, el Salvador del vientre inmaculado de la Virgen María. Por eso en cada decena de las avemarías se medita el sufrimiento, la lucha y el triunfo en ese caminar de Jesús por el camino de la vida, donde la Virgen estuvo presente y actuante para ayudarle a cumplir su misión salvadora.




sábado, 11 de octubre de 2014

La tortuga

No te rías, oh Dios fuerte, de mis esfuerzos frustrados, porque hay una voluntad tristemente terca que gime a Tí desde el fondo de mi impotencia.
Te voy a poner un ejemplo.

Una vez, oh Dios infinitamente grande que estás aquí presente, pesqué una tortuga en el río Salado y la llevé para casa. La tortuga quería escapar y volverse al río patrio, lo cual manifestó sacando una pata por un agujero de la bolsa en que venía y rasguñando la barriga del bayo, que se llevó muchos rebencazos acompañados del tratamiento de "mancarrón imbécil" por pegar cimbrones bruscos a la zurda como si lo espoleasen con nazarenas, siendo así que yo ni siquiera lo taloneaba. Y era la tortuga que quería escapar.
Le di por jaula un cajón de kerosén bocarriba. La tortuga se arrimó contra la pared, se levantó en dos patas, se fue de espaldas, estuvo manoteando un rato para incorporarse y después volvió con el mismo resultado a la tentativa de trepar las tablas. Yo me fui a dormir seguro. ¡Y al otro día, sin tener alas de pájaro ni patas de liebre, la tortuga se había escapado y estaba en el río! ¿Cómo hizo? Cómo hizo para escaparse lo sabes tú, Dios mío, yo no lo sé. Lo que yo sé es que aquí está en el suelo el rastro de las zampas torpes en la tierra húmeda de lluvia, el rastrito de las uñas chuecas que agarra derechito sin un solo sesgo la dirección del río.
Yo supongo que el animal testarudo intentó uno o dos centenares de veces trepar la pared de tablas. Que en una de esas afirmó en una irregularidad de la madera y se alzó unos centímetros. Que se cayó. Que volvió a afirmarse y a caerse una punta de veces. Y que en otra de esas, por otra casualidad, topó con las uñas otra cornisa más arriba, alcanzó con la cabeza el borde y después con una zampa y luego con la otra se izó torpemente, superó la barrera, se dejó caer al otro lado como un ladrillo, y agarró al galope la dirección del agua, oliéndola como un perro huele la querencia. Yo no sé. El caso es que milagro no ha sido y la tortuga ahora está en el río.


Por lo tanto Dios hombre que te hiciste carne siendo espiritual,
Yo te juro con todos los recursos de mi natura racional-animal,
Ya que patas de liebre no tengo y las alas quebradas me duelen tanto,
Yo te juro que yo me haré santo.
Que saldré algún día -no sé cómo- del cajón oprimente
En que doy vueltas en redondo y tropiezo continuamente
"Padre, propongo no hacerlo más", y mañana lo hago tranquilamente.
Pero setenta veces siete aunque tuviera que levantarme
Y aunque tuviera línea por línea milimétricamente que arrastrarme
Y yo sé que el diablo es fuerte, pero yo soy más terco y más cabezudo
Y yo sé que el diablo es diablo, pero la oración es mi escudo;
Y es malo, pero Tú sólo puedes sacar bien del mal
-Con tal que no me dejes nunca caer en pecado mortal-.
Yo te juro que saldré con tu gracia del cajón desesperadamente
Que andaré de las virtudes iluminativas el camino rampante
Y me hundiré en el río de la contemplación
Con una terca, de tortuga, tosca y humilde obstinación.


Padre Leonardo Castellani, Camperas.

viernes, 10 de octubre de 2014

Video de fotos del Campamento del Estudiante

A tres semanas del Campamento (¡qué rápido pasa el tiempo!), les paso el link del video que resume las fotos, para los que todavía no lo vieron, ¡aprovechen!
https://www.youtube.com/watch?v=lLhfqhyDTS8

jueves, 9 de octubre de 2014

Despedida de Groenlandia

misionesIVE octubre 6, 2014 Groenlandia



El cardenal Van Thuan[1] tiene una magnífica y conocida reflexión enfatizando que nuestras obras apostólicas no nos pertenecen y que además son un mero instrumento, pues todas “las obras son de Dios” y son “para llegar a Dios”. Relata que estando prisionero, una noche, desde el fondo de su corazón, oyó una voz que le sugería: “¿Por qué te atormen­tas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo lo que has hecho y deseas seguir haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, de hogares para estu­diantes, misiones para evangelización de los no cristianos… todo son obras excelentes, son obras de Dios, pero ¡no son Dios! Si Dios quie­re que abandones todas estas obras, poniéndolas en sus manos, hazlo pronto y ten confianza en Él. Dios hará las cosas infinitamente mejor que tú; confiará sus obras a otros que son mucho más capaces que tú. ¡Tú tienes que elegir sólo a Dios, no sus obras!”.
Padres Fabio, Gerardus y Hugo, misioneros del IVE en Groenlandia.

Los grandes paradigmas sacerdotales nos sirven para admirarlos, intentar imitarlos en su fidelidad a Cristo y consolarnos, viendo que generalmente nuestros desafíos son insignificantes en comparación con lo que ellos han vivido. Por lo mismo, creo que este pasaje de Van Thuan es del todo oportuno para este momento en que los sacerdotes del Instituto partimos de la misión de Groenlandia. Iremos a misionar a otras tierras y dejaremos a nuestros pocos feligreses en esta remota parroquia católica. Haciendo un rápido balance de este año y medio aquí, de más está decir que no hubo obstáculo o dificultad que logre ensombrecer en absoluto los bienes que hemos palpado. Unos cuantos han sido enumerados en las anteriores crónicas y pienso que es suficiente. Ahora sólo es momento de despedirnos de esta tierra de misión donde Nuestra Señora de la Buena Esperanza de Groenlandia ha protegido y lo seguirá haciendo a todos los habitantes y a sus futuros sacerdotes.

Monseñor Rafael de la Barra Tagle, obispo emérito de Illapel, Chile, me ordenó sacerdote junto con mis compañeros en la Catedral de La Plata, Argentina. Un tiempo antes, en una reunión en el seminario diocesano de San Bernardo[2], me comentó una idea que siempre he recordado: “nosotros en el Verbo Divino, decimos que cuando a uno lo destinan a una misión, lo crucifican allí para que de muchos frutos… y eso es doloroso. Pero cuando lo cambian de destino, es algo así como que lo ‘desclavan de la cruz’… ¡y eso es más doloroso!” En fin, cada misionero tendrá distintas experiencias, pero en general podemos conceder cierta vigencia a estas palabras. Haber estado en cualquier lugar del mundo donde uno ha intentado, quizá en medio de varios errores y caídas, dar a conocer a Jesús de Nazaret y su Iglesia, normalmente genera un amor a la grey que Él mismo le ha confiado. Por lo tanto saber que probablemente no volverá a ver a sus feligreses, que no les celebrará más una misa, que no seguirán compartiendo momentos de oración y entretenimiento, ordinariamente no pasa desapercibido en el misionero.

El objetivo de estas pocas líneas es agradecer públicamente a Dios haber sido parte, aunque fugazmente, de la misión de la Iglesia Católica en Groenlandia. Y así como comencé las crónicas desde estas tierras citando al gran apóstol de los hielos, el padre Segundo Llorente, quiero terminarlas también con una de sus místicas enseñanzas. Al describir una difícil travesía que afrontó navegando con unos esquimales en una balsa llena de maderos que sacaba de unos edificios antiguos en Akulurak, porque la inundación le había llevado la casa y la Iglesia y debió volver a edificar todo, cuenta que tuvo 9 horas de navegación en un río con un fuerte oleaje y por lo tanto la gasolina del tanque se revolvía y entraba en el carburador y se paraba el motor constantemente. “Y ya estábamos llegando a un río muy estrecho, con las riveras muy altas y el objetivo era llegar ahí, llegar ahí… Íbamos con hambre, frío y mojados. Faltaban solo unos 100 mts. Y le dije a Dios, ‘¡por favor! ¡que no se pare el motor, que no se pare…!’ Y termino de pedirlo y el motor se paró… Y yo se lo pedía con tono meloso como para moverlo al Señor. Entonces le dije a Dios, no a Jesús, a Dios: ‘estaba vez no, no te apures, aunque pase esto, tú sigues siendo Dios, ya lo pondremos en marcha nuevamente’. En ese momento cayó sobre mí una consolación espiritual, una luz, una inundación de gozo que me desbordaba… ya ni tenía frío ni nada, sólo deseo de morirme. Y le dije ‘¿cómo te voy a pagar todo esto?’ El instinto natural era rezongar, pero qué importan todos los problemas. ¡Tú sigues siendo Dios, tú no cambies! Lo que importa es que Tú sigues siendo infinito, y aunque me pase esto a mí, ¿qué es todo esto comparado Contigo?”

Aunque haya que dejar una obra, una misión, un apostolado… ¡Tú sigues siendo Dios! Y eso es lo que tarde o temprano debe grabarse a fuego en los que aún no logramos ver toda la vida con ojos sobrenaturales como los santos misioneros lo han hecho. ¡Tú sigues siendo Dios… tú no cambies!

P. Fabio Schilereff, IVE

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[1] Dice el siervo de Dios: “Me llamo Francisco Nguyen van Thuan y soy vietnamita… Hasta el 29 de abril de 1975 fui, por ocho años, obispo de Nhatrang, en el centro de Vietnam, la primera diócesis que me fue confiada, donde me sentía feliz, y por la cual sigo sintiendo predilección. El 23 de abril de 1975 Pablo VI me nombró arzobispo coadjutor de Saigón. Cuando los comunistas llegaron a Saigón, me dijeron que mi nombramiento era fruto de un complot entre el Vaticano y los imperialistas para organizar la lucha contra el régimen comunista. Tres meses después fui llamado al palacio presidencial para ser arrestado: era el día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1975”.

[2] En la diócesis de San Bernardo nuestro Instituto tiene uno de sus noviciados, atiende dos parroquias y está a cargo de un Hogar de jóvenes discapacitados.