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lunes, 23 de febrero de 2015

Navidad en Fas-Figeri – Parte 1

misionesIVE febrero 15, 2015 Papúa Nueva Guinea

Queremos publicar las crónicas escritas por el P. Martín Prado en las selvas Fas y Figeri en la misión de Papúa Nueva Guinea. Este escrito, a forma de diario, lo escribió el P. Martín para su familia y amigos. De ahí su particular estilo. Sin embargo, hemos decidido publicarlo, considerando que será provechoso y edificante para todos los miembros de nuestra familia religiosa. Dada la extensión de las crónicas, las dividimos en cinco partes.

Con Tomás y Maxi decidimos que uno de nosotros podría ofrecerle ayuda al obispo para esta Navidad, yendo a algún lugar más necesitado de sacerdotes en la selva. Fui a ver al obispo. Me dijo que en ese momento estaba disponible la avioneta para ir muy lejos, pero que había un sacerdote que estaba sólo en Utai, a unas 4 horas en vehículo (desde hace pocos años algunas comunidades en la selva tienen acceso en vehículo, 4×4, gracias a las compañías que deforestan). Me dijo que podía ir allí, o si yo no tenía problema, mejor sería que vaya a ayudar a Fas, otra base o centro de misión dependiente de Utai, pero muy poco atendida, porque el párroco debe atender además de la parroquia, otras 60 villas. Para llegar hasta estas uno tiene que caminar dos días o conseguir un vehículo que lo lleve, y en el 2014 sólo una vez los había podido visitar. La dificultad era que en Fas, no había casa para hospedarse ni capilla. Yo pensé: “en Bariloche la pasábamos así un mes con los seminaristas ¿no me voy a animar ahora para poder celebrarles la Navidad a no sé cuántas gentes?”
16 de diciembre

Salimos con una Land Cruiser del obispado. Compré algo de comida, preparé una mochila, la sacristía, y le pedí a la diócesis una pelota de fútbol y un panel solar portátil grande como una tablet para cargar el celular y tener algo de luz.

Nos dirigimos primero hacia Utai, yo quería ver al párroco y hablar con él antes y llevarle algún regalo de Navidad. Cuando llegué, no estaba el padre. Había ido a visitar comunidades en la montaña. El padre se llama Fredrib. Lo fuimos a buscar con nuestro vehículo cuando volvía, cerca de un río. Feliz de vernos, a mí y a un seminarista que había venido conmigo para acompañarlo.

Le traje té, ya que me dijeron que le gustaba. Pudimos hablar un poco de lo que concierne a la pastoral. Igualmente él está recién llegado y aprendiendo pidgin. La parroquia estaba sin sacerdote antes de que él llegue. Parece que en su momento Utai fue un súper centro de misión: cultivaban arroz, tenían vacas, había una comunidad de monjas filipinas. Ahora nada de eso. El pobre cura vive en una casa que se le cae a pedazos. Me dio mucha pena, y para colmo no tuvo una formación muy tomista por decirlo de algún modo. Le propuse y ordenamos y limpiamos un poco la casa. Ahora está sólo porque su compañero se enfermaba mucho de malaria y tuvo que ir a Vanimo a descansar y recuperarse.
LA CASA DEL CURA EN UTAY
Miércoles 17

Hubo una gran tormenta por la noche, los ríos crecieron y los caminos estaban muy arruinados, cosa que impidió la salida hacia Fas por la mañana. Los ríos estaban muy crecidos y el único vehículo que hay en Utai estaba del otro lado del río. Pero vino un señor y me dijo que iba a tratar de hacer lo imposible para poder llevarme a Fas. A las dos o tres de la tarde cayó con una Land Cruiser de la compañía que trabaja deforestando por allí cerca.

Antes de que salgamos vino un muchacho, Gabriel, de 18 años. Cayó de la nada diciendo que me quería acompañar en estas dos semanas. Parece muy bueno. Me dicen que cursa la secundaria en Vanimo y allí es amigo de un sacerdote, al que le ayuda como monaguillo. Hoy en el viaje que hicimos a pie se cargó todo y rezaba el Rosario muy bien. Fue providencial porque su familia es de Fas y conoce a todos, sabe hacer de monaguillo y preparar todo para la Misa, y es robusto por las dudas…ja.

Salimos con la Land Cruiser, adelante iba el P. Fredrib y yo iba atrás en la caja con varios más que nos quisieron acompañar, entre ellos algunas de las chicas del hogar de las SSVM, que ahora están de vacaciones. Íbamos bastante apretados, yo parado, pero todos contentos. En el camino me di cuenta que el chofer estaba medio tomado, un peligro manejando y más en estos caminos, allí me encomendé a la Virgen de Luján junto con algunos de los pasajeros.
EN LA CAJA DE LA CAMIONETA

Después de hora y media de viaje llegamos a un punto en el que ya no podíamos seguir más con el vehículo. Dos caminos llegan a Fas, uno estaba cerrado (la compañía lo cierra para evitar que les roben gasoil a las máquinas) el otro estaba bloqueado por un gran árbol que había caído la noche anterior. Entonces pensamos qué hacer. Podíamos regresar a Utai e intentar volver al otro día. Pero después de tantas dificultades para encontrar vehículo no me quería arriesgar, además perdería uno o dos días más. Les dije que seguíamos a pie.

CUANDO NOS DEJARON Y SEGUIMOS A PIE


ESTOS SON LOS QUE ME ACOMPAÑARON CAMINANDO HASTA FAS. GABRIEL ES EL DE BLANCO
Ahí mismo Gabriel, el chico que me acompaña, tomó la sacristía, una valija bien pesada y otros jóvenes tomaron las demás cosas que traía. Caminamos dos horas más con un paisaje hermoso, montañoso. Me acordaba a las caminatas del Cañón del Atuel. Como siempre, con los jóvenes se hace llevadero.



El mismo señor que había conseguido el vehículo ahora me acompañaba caminando, y se nos adelantó. No paró un momento para llegar antes que nosotros y avisar a la gente que el sacerdote estaba llegando. Después me enteré que les dio instrucciones y los amenazó con que iba a volver a ver si me habían atendido bien.

Después de caminar un rato me resolví a poner todo esto por escrito. De entrada no pensaba hacerlo, me parecía un poco ostentoso o como si se fuese a viciar la rectitud de intención…. contar “mis” anécdotas, “¡OH! ¡EL MISIONERO!”… Se entiende, típico escrúpulo del que no es humilde y piensa que lo que tiene es por mérito propio y por eso no lo muestra o comparte. En el camino, subiendo y bajando las montañas en ojotas[1], cargando una pesada mochila y con la sotana toda transpirada[2]… En esta circunstancias tomé más consciencia de la gracia que Dios me daba, poder venir a un lugar así a anunciar el evangelio, pasar por estas dificultades y travesías solo con el propósito de anunciar su evangelio, llevar la gracia y salvación a estas almas…. Eso en nada lo merezco. Es un honor y gracia inmerecida, y por tanto tengo que compartirlo. No tengo que gloriarme y por el contrario si no lo compartiese sería un tanto egoísta e injusto, porque estoy acá como misionero del IVE. Mis alegrías o dificultades son también de ustedes. Mañana otro toma mi lugar y yo el de él. Esto no es obra mía sino de la querida Congregación e Iglesia.

Llegamos al atardecer. Las dos villas y la escuelita están en un valle y bajando de la montaña teníamos una vista hermosa del lugar. Se veían las dos villas, Fas y Figeri, distanciadas unos dos quilómetros la una de la otra, las dos a la orilla de un río, y entre ambas, en la rivera opuesta un colegio primario con dos humildes casas para los dos profesores que atienden la escuela. Un poco más allá está la casa del enfermero con una pequeña sala de primeros auxilios.

No sabían que yo venía. Pero ahí nomás prepararon una casa, limpiaron y le pusieron una colchoneta y una batería como de moto, para que pueda tener luz.

Llegamos y nos fuimos a un arroyo a bañarnos. Esto de llegar cansado, con calor y sucio e ir a un arroyo o río y bañarse es espectacular, te relaja mucho…. Tal vez si lo tenés que hacer todos los días del año te cansaría un poco, pero en estas circunstancias es muy relajante. Aprovechás a charlar. En todos lados ya tienen un lugar señalado: el “wara man”, agua de los hombres. Sólo ellos pueden ir ahí y se bañan a lo Adán, ja.



Pude hablar con el catequista del lugar y me dice que ahora mismo por la noche va a ir a las comunidades más cercanas a avisar que el padre llegó y que mañana hay Misa por la mañana. Cuando le pregunté si 7 am era muy temprano, me dijo que no había drama, que iban a estar todos felices y que iban a ir al horario que sea.
LA HABITACIÓN EN LA QUE LEO O PREPARO LOS SERMONES, ES LA MÁS FRESCA

Me dicen también que en Figeri, han hecho un hermoso y grande templo, que aún no han celebrado la Misa allí, que tengo que bendecirlo, inaugurarlo… ¡Qué gracia y qué necesidad de sacerdotes! Ya lo tenían listo hace un tiempo pero aún no tenían un sacerdote para bendecirlo.

Jueves 18

Por la mañana celebré la Misa en un aula del colegio y vinieron muchos de las dos villas cercanas. Después me senté con el catequista e hicimos el programa para estos días. Nos metimos en una casa que usan para cocinar, de techo de morota, paredes de palos y todas las casas elevadas del suelo, con piso de tablas. Son las más frescas. Ahí organizamos: Bautismos, Confesiones, Rosario todas las tardes con prácticas de cantos para Navidad, competencias deportivas para Navidad, marcamos un día para a ir a otras villas más lejanas a confesar, bautizar y celebrarles la Santa Misa. Estaban muy contentos y conformes con todo. Cuando charlábamos me tomé unos mates. Miraban asombrados y contentos: súper observadores. Escribimos el programa en tres hojas para que en cada villa vean el anuncio. Después me di cuenta que lo que más funciona es el anuncio por transmisión oral. Son pocos los que leen. También escribí una carta para que le manden al párroco, preguntándole si quiere venir él para inaugurar el templo y si le parece que lo pongamos bajo el patrocinio de San Juan Pablo II. Ni la Villa ni el templo tienen patrono. Me preguntaron y yo les propuse ese nombre, les conté un poco de él, que era el primer y único Papa que ha visitado PNG. Estaban felices.

Este lugar, unos años atrás fue centro misional, con capilla y casa para el sacerdote que venía de paso por unos días y una escuela primaria. Ahora no queda nada de eso, apenas queda algo de la antigua escuela. Hace unos 6 años con la ayuda de las compañías que extraen madera de la selva, se pudieron levantar unas nuevas aulas y los mismos lugareños hicieron dos casas para los profesores, para los dos únicos que atienden la escuela. Yo estoy viviendo en la casa de uno de ellos, que se fue a pasar la Navidad a su pueblo. También hace un mes han puesto un centro de primeros auxilios que está a unos 200 metros de la escuela. La zona es más que tranquila, aquí vivo solo yo y la familia del profesor. A unos 2 km hacia la izquierda cruzando dos ríos (no muy grandes, el agua te llega a las rodillas) hay una de las villas: Fas; y lo mismo hacia la derecha, a 1 km, cruzando sólo un río, está la otra villa, donde han hecho una nueva capilla (ahora la única de toda la zona): Figeri.

Me fui a refrescar al río y les pedía me hiervan agua para comer unos nudels. Después me recosté un momento en la hamaca paraguaya que me hizo un parroquiano en Vanimo. Me dormí profundamente…

Por la tarde fui a visitar las dos villas más cercanas que tengo: Fas y Figeri. Hermosas y pintorescas, bien chiquitas, unas veinte casas, pero más que 20 familias, porque acá el concepto de casa y familia es muy distinto, viven como en clanes.



Para ir a ambas villas tenés que cruzar ríos a pie. Todo hermoso, una aventura, hasta que me tocó volver de noche después del Rosario y las confesiones. La ojota se te desarma al quedarse trabada en el barro y las piedras. Hay que arremangarse sotana y pantalones. Está bueno, así pensás un poco más en Dios y en las almas. Como siempre la cruz te hace tocar la realidad, recordar los principios, los motivos últimos, “te pincha los globos”.

Antes del Rosario les dije dos palabras de cómo rezar, qué decirle a Dios, cómo tratarlo. La Iglesia nueva estaba llena y no volaba una mosca: súper ansiosos de escuchar. Los ojos súper clavados en cada expresión que hacía. Cuando los vi así se me hizo súper fácil de hablarles, con sencillez y transparencia y daba la impresión de que entendían y lo aprendían mucho mejor que en tantos otros lugares que he predicado y buscado enseñar esto mismo. Durante el Rosario varios se confesaron. Todos desde hace uno o dos años que no habían tenido oportunidad de hacerlo.



Cuando volví al colegio, fui al lado del fuego y me convidaron un plato de arroz y acelga. Me comí un platazo, como comen ellos, y lo re disfrute. Después me vine a escribir.
ESTA ES LA FAMILIA DE PROFESOR, EN LA COCINA-COMEDOR DONDE ME DABAN DE COMER SIEMPRE


[1] son el calzado casi único acá en Papúa

[2] no me la sacaba porque no conocía ni la gente ni el lugar, así ven que soy un padre.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La primer misión popular en Ushetu


Posted on octubre 13, 2014


Ushetu, Tanzania, Lunes 13 de octubre de 2014

Queridos familiares:

Espero que estén todos muy bien. Aquí les envío algunas noticias más, pero aprovecho a decirles que el próximo 19 de octubre es la Jornada Mundial de las Misiones, y por lo tanto me imagino que nos tendrán muy presentes en su oraciones a los misioneros de África en ése día.





Les cuento ahora algo muy propio de nuestro trabajo… el jueves 2 de octubre pasado comenzamos nuestra primer Misión Popular en África. Parece un poco exagerado decirlo así, pero con una gran sencillez hemos emprendido este apostolado tan eficaz. Como nuestro medios son muy limitados, desde el tiempo hasta la lengua… literalmente “hicimos lo que pudimos”, pero sabiendo que Dios bendice lo que se da con alegría y generosidad, que para dar de comer a más de diez mil personas lo único que necesitó fueron cinco panes duros de cebada y dos pescados tal vez un poco pasados.



Deseábamos hace tiempo hacer una misión popular, o experiencia de misión, pero en este año, antes de que comenzaran las lluvias, para no perder otro año más… y ya ir ganando tiempo, es decir, que los catequistas comenzaran a tener la experiencia, comiencen a aprender un poco de qué se trata éste método de apostolado. Así fue que en medio de miles de actividades del tiempo de sequía (todas las actividades tienen lugar en éste tiempo) pusimos tres días de misión popular, a realizarse con los catequistas. Invité a los catequistas que voluntariamente quisieran venir, y sólo haríamos visita de casas aquí en nuestro centro de Ibelansuha (Ushetu), por ser más fácil de organizar la comida y el alojamiento.



Pensamos la misión para tiempo de sequía, pero Dios dispuso que la lluvia de gracias de una misión llegara también con la lluvia torrencial de agua… Luego de las primeras lluvias, y por cierto, primeras contras para una misión, porque viene el tiempo de dedicarse a trabajar en la pequeña chacra, llegaron los “misioneros voluntarios”.Los habíamos citado el jueves, para poder tener una charla explicativa de qué consiste la visita de casas, etc. Pero como llegaron sólo cinco, pensamos que era mejor esperar al otro día para hacer esa reunión. Lo bueno es que ya se notaba en ellos la alegría de encontrarse para una experiencia nueva. El P. Martelli les dio unas buenas noches que traté de traducir la idea y les vino muy bien para tener bien claro los motivos que nos llevan a misionar. A la mañana siguiente tuvimos la misa en la parroquia, en donde hicimos la bendición de unas cruces coptas que había traído el P. Emanuel desde Egipto, y esto fue el mandato misionero. Las cruces son de madera, hechas a mano, con figuras hechas de madre perla incrustada… pero mas allá de la belleza de las cruces, está el valor y significado, de ser cruces que fabrican los cristianos perseguidos, y que ahora portaban estos misioneros en la sabana africana, con la alegría de saber que hay tantos cristianos que sufren por su fe y que los impulsaba aser valientes testigos de Cristo en medio de las dificultades que encontrarían.



El día viernes amanecimos pasados por agua… indicio del propio inicio de la temporada de lluvias, y por tanto del trabajo en el campo. Barro por todos lados, lluvia intensa por momentos. Para nuestra sorpresa llegaron cuatro misioneros más, uno de ellos vino en bicicleta, debajo de la lluvia, pedaleando una distancia de 20 kms. Llegó totalmente mojado, y con toda naturalidad, a la media hora estaba saliendo con el resto de los catequistas. Vino también una catequista, que fue un ejemplo también, porque de los 45 catequistas que tenemos en la parroquia, sólo hay tres mujeres, y una de ellas vino a misionar, con mucho sacrificio, dejando dos días la casa y la familia.

Luego de repartir indicaciones, material de misión y arengas, salimos en la camioneta para dejarlos más cerca del lugar donde comenzarían la visita. Llovía intensamente como les digo, pero ellos querían salir igual… y caminar mucho debajo de la lluvia. Impresionante el espíritu de todos, hasta iban cantando en la camioneta una canción de los misioneros.



Durante el día se sumaron otros catequistas, y se alegraron tanto a la noche, luego de haber caminado y haberse mojado durante toda la tarde… de ver la “coincidencia” de que eran nada mas ni nada menos que doce. ¡Justo en la primer misión popular en Tanzania! Muy alegres de llegar y comenzar a contarse las experiencias, los casos, las victorias. Todos coincidían en lo contenta que se ponía la gente al ver que llegaban los catequistas a visitarlos a sus mismas casas, que nunca habían visto algo así.

El sábado los volví repartir para que terminaran de visitar sus zonas, y fui a dar la unción y la comunión a un enfermo en su casa, uno de los que fueron visitados el día anterior. A las cuatro de la tarde teníamos dispuesto el horario para juntarnos al almuerzo en la parroquia. Debajo del árbol de mangos habíamos preparado todo para almorzar, y nos hemos divertido con las charlas y anécdotas a medida que iban llegando. Coincidían todos en el cansancio, y la alegría… que deseaban que la misión se hiciera otra vez, que lo repitamos en las aldeas, en tiempo de sequía. Ya les quedó el “gustito”, uno de ellos repitió varias veces durante el diálogo… “cómo me gusta misionar”. Creo que eso es importantísimo, tenemos la base para las próximas misiones populares.



Durante el almuerzo aproveché a explicarles cómo organizamos las misiones de una semana, con acto misionero, con visita de casas, misión infantil, juvenil, visitando los enfermos, preparando para dar sacramentos al finalizar la misión, la quema del diablo, los fogones, las procesiones… Se daban cuenta que si pudiéramos llegar a una aldea, y acampar allí con 15 ó 20 catequistas… sería un verdadero suceso imposible de pasar desapercibido. En algunas aldeas hay mucha necesidad, hay muchos paganos, y muchos de ellos pueden recibir la predicación con muy buena acogida.



Tan contentos estaban, que a pesar de estar cansados por las horas de visitas de casas y larga caminata, de que terminábamos de comer a las cinco de la tarde, y que debían regresar a sus aldeas en bicicleta, para poder reunir a los fieles mañana domingo… quisieron tocar los bombos y bailar como es costumbre, cantando cantos con letra bien católica. Ya estamos pensando el lugar de la próxima misión, el año que viene, cuando termine el tiempo de lluvias… una aldea que está muy necesitada, porque el catequista anterior dejó su trabajo y quedaron a la deriva. El nuevo catequista de allí vino a la misión, y por eso, ha ganado la posibilidad de ser quien nos acoja en nuestro próxima gira misionera.



Creo que nosotros hemos experimentado muchas veces el gran éxito que se logra siempre con las misiones populares siguiendo el estilo de San Alfonso, con las adaptaciones a los distintos lugares y culturas. Pero en nuestra misión ciertamente que será una gran cosa, dado que no podemos llegar con tanta frecuencia a muchas aldeas y los catequistas muchas veces se encuentran muy solos y manteniendo la fe en medio de un ambiente muy pagano. Creo que ellos mismos crecerán en una verdadera amistad entre los catequistas, y eso también les dará renovadas fuerzas. Considero una gracia muy grande contar con un grupo tan dispuesto de misioneros, y con un terreno listo para recibir la semilla del evangelio.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego, IVE.

jueves, 9 de octubre de 2014

Despedida de Groenlandia

misionesIVE octubre 6, 2014 Groenlandia



El cardenal Van Thuan[1] tiene una magnífica y conocida reflexión enfatizando que nuestras obras apostólicas no nos pertenecen y que además son un mero instrumento, pues todas “las obras son de Dios” y son “para llegar a Dios”. Relata que estando prisionero, una noche, desde el fondo de su corazón, oyó una voz que le sugería: “¿Por qué te atormen­tas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo lo que has hecho y deseas seguir haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, de hogares para estu­diantes, misiones para evangelización de los no cristianos… todo son obras excelentes, son obras de Dios, pero ¡no son Dios! Si Dios quie­re que abandones todas estas obras, poniéndolas en sus manos, hazlo pronto y ten confianza en Él. Dios hará las cosas infinitamente mejor que tú; confiará sus obras a otros que son mucho más capaces que tú. ¡Tú tienes que elegir sólo a Dios, no sus obras!”.
Padres Fabio, Gerardus y Hugo, misioneros del IVE en Groenlandia.

Los grandes paradigmas sacerdotales nos sirven para admirarlos, intentar imitarlos en su fidelidad a Cristo y consolarnos, viendo que generalmente nuestros desafíos son insignificantes en comparación con lo que ellos han vivido. Por lo mismo, creo que este pasaje de Van Thuan es del todo oportuno para este momento en que los sacerdotes del Instituto partimos de la misión de Groenlandia. Iremos a misionar a otras tierras y dejaremos a nuestros pocos feligreses en esta remota parroquia católica. Haciendo un rápido balance de este año y medio aquí, de más está decir que no hubo obstáculo o dificultad que logre ensombrecer en absoluto los bienes que hemos palpado. Unos cuantos han sido enumerados en las anteriores crónicas y pienso que es suficiente. Ahora sólo es momento de despedirnos de esta tierra de misión donde Nuestra Señora de la Buena Esperanza de Groenlandia ha protegido y lo seguirá haciendo a todos los habitantes y a sus futuros sacerdotes.

Monseñor Rafael de la Barra Tagle, obispo emérito de Illapel, Chile, me ordenó sacerdote junto con mis compañeros en la Catedral de La Plata, Argentina. Un tiempo antes, en una reunión en el seminario diocesano de San Bernardo[2], me comentó una idea que siempre he recordado: “nosotros en el Verbo Divino, decimos que cuando a uno lo destinan a una misión, lo crucifican allí para que de muchos frutos… y eso es doloroso. Pero cuando lo cambian de destino, es algo así como que lo ‘desclavan de la cruz’… ¡y eso es más doloroso!” En fin, cada misionero tendrá distintas experiencias, pero en general podemos conceder cierta vigencia a estas palabras. Haber estado en cualquier lugar del mundo donde uno ha intentado, quizá en medio de varios errores y caídas, dar a conocer a Jesús de Nazaret y su Iglesia, normalmente genera un amor a la grey que Él mismo le ha confiado. Por lo tanto saber que probablemente no volverá a ver a sus feligreses, que no les celebrará más una misa, que no seguirán compartiendo momentos de oración y entretenimiento, ordinariamente no pasa desapercibido en el misionero.

El objetivo de estas pocas líneas es agradecer públicamente a Dios haber sido parte, aunque fugazmente, de la misión de la Iglesia Católica en Groenlandia. Y así como comencé las crónicas desde estas tierras citando al gran apóstol de los hielos, el padre Segundo Llorente, quiero terminarlas también con una de sus místicas enseñanzas. Al describir una difícil travesía que afrontó navegando con unos esquimales en una balsa llena de maderos que sacaba de unos edificios antiguos en Akulurak, porque la inundación le había llevado la casa y la Iglesia y debió volver a edificar todo, cuenta que tuvo 9 horas de navegación en un río con un fuerte oleaje y por lo tanto la gasolina del tanque se revolvía y entraba en el carburador y se paraba el motor constantemente. “Y ya estábamos llegando a un río muy estrecho, con las riveras muy altas y el objetivo era llegar ahí, llegar ahí… Íbamos con hambre, frío y mojados. Faltaban solo unos 100 mts. Y le dije a Dios, ‘¡por favor! ¡que no se pare el motor, que no se pare…!’ Y termino de pedirlo y el motor se paró… Y yo se lo pedía con tono meloso como para moverlo al Señor. Entonces le dije a Dios, no a Jesús, a Dios: ‘estaba vez no, no te apures, aunque pase esto, tú sigues siendo Dios, ya lo pondremos en marcha nuevamente’. En ese momento cayó sobre mí una consolación espiritual, una luz, una inundación de gozo que me desbordaba… ya ni tenía frío ni nada, sólo deseo de morirme. Y le dije ‘¿cómo te voy a pagar todo esto?’ El instinto natural era rezongar, pero qué importan todos los problemas. ¡Tú sigues siendo Dios, tú no cambies! Lo que importa es que Tú sigues siendo infinito, y aunque me pase esto a mí, ¿qué es todo esto comparado Contigo?”

Aunque haya que dejar una obra, una misión, un apostolado… ¡Tú sigues siendo Dios! Y eso es lo que tarde o temprano debe grabarse a fuego en los que aún no logramos ver toda la vida con ojos sobrenaturales como los santos misioneros lo han hecho. ¡Tú sigues siendo Dios… tú no cambies!

P. Fabio Schilereff, IVE

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[1] Dice el siervo de Dios: “Me llamo Francisco Nguyen van Thuan y soy vietnamita… Hasta el 29 de abril de 1975 fui, por ocho años, obispo de Nhatrang, en el centro de Vietnam, la primera diócesis que me fue confiada, donde me sentía feliz, y por la cual sigo sintiendo predilección. El 23 de abril de 1975 Pablo VI me nombró arzobispo coadjutor de Saigón. Cuando los comunistas llegaron a Saigón, me dijeron que mi nombramiento era fruto de un complot entre el Vaticano y los imperialistas para organizar la lucha contra el régimen comunista. Tres meses después fui llamado al palacio presidencial para ser arrestado: era el día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1975”.

[2] En la diócesis de San Bernardo nuestro Instituto tiene uno de sus noviciados, atiende dos parroquias y está a cargo de un Hogar de jóvenes discapacitados.

La experiencia de Dikmar


Posted on octubre 9, 2014


Ha sido un sueño hecho realidad. Desde pequeño tuve la pasión de visitar a África, para dar mi aporte a las personas que viven allá. El 5 de agosto comencé mi viaje rumbo a Tanzania. Fue un viaje bastante largo y con un poco de retraso. El 7 de agosto llegué al aeropuerto de Mwanza, en Tanzania. Allí ya estaba esperándome el Padre Diego, junto al padre Damiano y el seminarista Marco.







El Padre Diego es originario de Argentina, el Padre Damiano y el seminarista Marco son italianos, y también habían ido para acompañar al P. Diego que estaba solo en la misión por este tiempo. Lo bueno fue que todos podíamos hablar y comprendernos español, así la comunicación entre nosotros fue muy fácil.



Cuando mis valijas estaban listas en la camioneta, comenzó nuestra aventura en Tanzania. Teníamos que recorrer como seis horas y media de viaje para llegar a Ushetu, donde está la misión. En el camino a Ushetu pasamos primero por Kahama para saludar al Obispo que nos estaba esperando. Hemos charlado un poco con él y comimos juntos. El Obispo fue muy generoso con nosotros y se mostraba contento de compartir ese momento. Después de la visita seguimos con nuestro viaje a la misión. En Ushetu los caminos son completamente de tierra y algunos no muy buenos. Yo pensaba dentro mío: ¡esto sí que es aventura!



Cuando estábamos por llegar a la parroquia y la casa donde nos íbamos a quedar, estaban los monaguillos esperándonos ya en el camino, y comenzaron a correr al lado del vehículo para saludarnos. Estaban felices de vernos. Eso me daba una alegría inmensa, el ver la forma que reciben a la gente que está de visita. Es como que te reciben y eres parte de su familia.



Durante mi misión en Tanzania tuve la oportunidad de participar en la Adoración al Santísimo y del Santo Sacrificio de la Misa todos los días. Estos fueron para mí momentos muy hermosos para reflexionar, estar más en contacto con Dios en silencio y escuchar su voz. También hemos visitado bastantes aldeas de la parroquia, para tener una mejor experiencia de la cultura y la forma en que la gente vive.

Lo que me fascinó fue que los Cristianos tienen su propia manera de saludarse. Ellos dicen: “Tumsifu Yesu Kristo” y se responde “Milele Amina”. Que significa: “Alabado sea Jesucristo”, “por siempre, Amén”. Estas fueron unas de las primeras palabras que he podido decir en Swahili.



He sacado muchísimas fotos y he hecho muchos videos de la forma como la gente vive. Me impresionó ver la manera en que transportan las mercancías de un lugar a otro. La gran mayoría de las personas usan bicicleta o motocicleta, que es un poco caro para la gente de ése lugar en el campo. Muchos no tienen motocicleta o bicicleta, y tienen que transportar todo a pie y sobre su cabeza. Así deben caminar horas, muchas veces, para llegar a su destino. Esto era para mí un mundo totalmente diferente de lo que estaba acostumbrado de ver en Europa o en Curacao, de donde vengo originalmente.



Me impresionaba ver tantas casas construidas de barro y con techo de pajas. Casas que no tienen electricidad ni agua. No me podía imaginar que hasta el día hoy, año 2014, aún hay personas que tienen que caminar todos los días, horas para ir buscar agua. Hay niños que caminan horas para ir al escuela, y muchas veces caminando distancias largas a pié descalzo, porque no tienen zapatos. También hay niños que no van a la escuela, porque son pastores y ese va a ser su trabajo para toda la vida. El ver todo esto me producía a veces un poco de tristeza en mi corazón. Porque yo creo la enseñanza es un instrumento para llevar adelante un país, y una sociedad. Y si ves que no todos tienen la oportunidad de ir a la escuela, o hay familias que no tienen la posibilidad económica para mandar a sus hijos a la escuela, esto te hace entristecer un poco.



Lo que pude ver también es que la gente en Tanzania no tiene muchas cosas materiales, pero siendo poco lo que tienen aún así son muy generosos y se ponen felices de tener visitantes de lugares lejanos.

En mis días de voluntariado, tuve la oportunidad de hacer diferentes actividades con los niños: jugar fútbol, tocar el tambor, cantar, y simplemente estar con ellos y compartir sus juegos. He podido dar mi aporte para diseñar una casa de voluntarios y de retiros, que va a ser un proyecto que quieren realizar los sacerdotes en el futuro. Estuve haciendo también imágenes de yeso para poder llevarlas como regalo a cada una de las aldeas que hemos visitado. También hemos construido junto con el seminarista Marco una garaje para la casa parroquial.





Algunas de las tradiciones y de las formas de vivir de la cultura Tanzana que mas me han impresionado han sido estas:

· Cuando tienen un visitante, todas las personas van a venir uno por uno a saludarlo. Como una muestra de aprecio, hasta le dan regalos. En una de las aldeas que visitamos, ¡recibimos un chivo como regalo! Todos te saludan con mucho respeto, las mujeres hasta se inclinan un poquito cuando te saludan. Me ha admirado el respeto que tienen a los demás.
· Los hijos son como un tesoro. Cada casa de familia tiene entre 6 ó 7 hijos. La familia de Tanzania es algo muy especial y hermoso de ver.
· Casi todas las familias tienen su propia plantación o cría de animales.
· La gente está contenta con lo que tiene y aprecian y cuidan mucho lo que tienen.
· La gente cocina afuera de la casa, con leña o carbón. Y comen con las manos, sin cubiertos, todos rodeando la fuente única en la que se pone la comida.
· Les gusta mucho cantar, tocar el tambor y bailar. Cuando comienzan a cantar es como si no fuera a terminarse nunca. Ellos disfrutan mucho de lo que hacen, aunque sea muy sencillo.
· En Ushetu, generalmente la gente no usa reloj, pues las actividades se comienzan cuando toda la gente ha llegado. Pero que hay que tener en cuenta que muchas personas vienen desde lejos y a veces de a pie, por eso todo tiene su tiempo.
· Y relacionado con lo anterior, es una cultura del “pole pole”, como dicen ellos, “despacio despacio”, pues no tenemos prisa.
· Me sorprendió saber que un día de trabajo vale como 500 shillings de Tanzania es decir 2,5 €.



De mi experiencia del voluntariado en Tanzania, lo que me he aprendido es que todas las cosas materiales en el mundo no te pueden hacer feliz. Y por el contrario, teniendo poco puedes ser feliz. Lo importante es si estás agradecido con lo que tienes y lo valoras.

He aprendido también que es importante buscar más tiempo para estar en la presencia de Dios, para contemplar su grandeza, escuchar como Dios nos habla en nuestro corazón.

Hay que hacerse el tiempo para estar con la familia, con tu familia, con los amigos, y disfrutar de estar con ellos, dando tu tiempo a los demás.

El ayudar a otras personas, y ver a otros felices, me ha dado una felicidad enorme. Estoy tan entusiasmado con la misión en Tanzania que ruego que no sea la última vez que esté allí, si es la voluntad de Dios.



Quiero pedirle a cada uno que lea este relato de mi experiencia, que recen mucho por todos los misioneros que viven allá en África, especialmente por todos los sacerdotes y religiosas que han entregado su vida completamente a servicio de Dios y su prójimo.

Amani ya Kristo! (La paz de Cristo!, en swahili)

Met vriendelijke groet,
D. (Dikmar) Oleana

martes, 7 de octubre de 2014

Cuando la realidad supera lo soñado: mi mes en Tanzania



Posted on octubre 1, 2014


Estimados:

Como les había contado, estuve acompañado durante un mes por el P. Damiano, un seminarista de Italia y un voluntario de Holanda. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes lo que escribió el P. Damiano acerca de su experiencia en nuestra misión de Tanzania. También les envío algunas fotos que ilustran la variedad de actividades y trabajos que realizó el padre en esos días que estuvo con nosotros.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego.


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CUANDO LA REALIDAD SUPERA LO SOÑADO: MI MES EN TANZANIA

Creo que todos los misioneros sueñan con estar en medio de África entre leones, rutas transitables solamente con elefantes o canoas en el medio de un bosque tan denso que no pueden pasar ni los rayos del sol, y todo eso para llegar a una aldea hecha de palos y pajas y allí anunciar a Cristo a quien nunca escuchó de Él.


A veces los sueños no tienen correspondencia con la realidad…


Estaban los leones (en el parque nacional), las ruta eran recorribles en auto (una 4×4), y la gente, ¡ya escuchó de Cristo!





Los católicos se saludan Tumsifu Yesu Christu – Milele. Amina (“Alabado sea Jesucristo – Por siempre. Amén, como pasaba muchos años atrás también en nuestros países…), hombres y mujeres, jóvenes y niños llevan un rosario al cuello (con la misma naturalidad con que nosotros llevamos el celular); muchas veces las mujeres y los hombres usan ropa hecha con tela decorada con imágenes católicas (hay estampados del Sagrado Corazón, del rostro de María o de un santo, del Papa). No solamente ya escucharon hablar de Jesús, sino que ¡están orgullosos del nombre de cristianos!






Sin embargo el sueño del misionero no se quiebra sino que se fortalece: la gente, conocido Cristo, quiere recibir los sacramentos y escuchar el Evangelio aún más.


En nuestras visitas a los kigangos (pequeñas aldeas; tenemos 47 en nuestra parroquia) nos acogieron los niños cantando, que salían a nuestro encuentro en la ruta y nos acompañaban hasta la iglesia, donde los más grandes se unían a la alegría de los niños… ¡llega el sacerdote, llega la Misa, llega Jesucristo! La visita del sacerdote es también causa de especial alegría porque en la Misa que se celebrará (y a veces las condiciones del clima y de las calles no permiten que el misionero llegue más que una o dos veces en el año) se harán bautismos, primeras comuniones, casamientos.





En el mes que estuve en Tanzania fueron celebrados 60 bautismos, más de 100 primeras comuniones, 10 casamientos… ¡y eso en un solo mes! Puedes ver y tocar la felicidad de la gente cuando recibe los sacramentos: y no hablo de la felicidad visible y escuchable (y estén seguros que se escucha: ¡pueden cantar y bailar hasta dos o tres horas seguidas!) sino de las sonrisas llenas de felicidad por recibir un sacramento, porque “hoy nació con el bautismo un nuevo hijo de Dios”, como dijo el leader de un kigango en las palabras de agradecimiento después de la Misa; la verdadera fiesta es en la Iglesia, es allí el centro de la felicidad del día.





Puede ser que ustedes ya sepan todo esto, por las crónicas, las fotos… pero les aseguro que estar ahí y verlo con tus propios ojos… es otra cosa.


Además suena extraño para nosotros ver gente que no se preocupa de su reloj sino que se toma todo su tiempo para hacer las cosas: una hora o más caminando para llegar a la Iglesia para la Misa, empezando tal vez a caminar antes que salga el sol; esperar, rezando un rosario, que el sacerdote termine de confesar; y luego participar en una Misa que dura dos horas, o dos horas y media, en medio de cantos y bailes, arrodillándose al Confiteor, a la consagración, al Agnus Dei… y si tienen una visita (como en nuestro caso) vienen personalmente para saludar, y desean todo el bien con una sonrisa enorme, de verdad felices porque reciben alguien, y siempre donando algo (¡recibimos hasta un chivo y una gallina!) porque se tiene que agradecer el cariño de ir a su kigango, a su familia (y les aseguro que da un poco de vergüenza recibir regalos de personas que no tienen mucho más de lo que se necesita para comer); y luego, al terminar la Misa, cantar y bailar con los otros feligreses, porque es un día de fiesta.





Y finalmente (y puede ser que llegaron las tres de la tarde) cada uno se va a su casa para comer (arroz y pollo, comida de fiesta) con sencillez, porque la fiesta verdadera fue en la Iglesia. El almuerzo es rápido, y después cada uno vuelve a su trabajo: nosotros a la parroquia, ellos para obtener lo necesario para el día; cargados de baldes se van a un pozo (media hora o más caminando o en bicicleta) para sacar agua, cocinan, y hay tiempo todavía para sentarse y hablar, jugar, estar con la familia. Tal vez pobres en bienes pero ricos en tiempo.





Muchas, muchísimas cosas para agregar… ¡un mes es largo, pero al mismo tiempo demasiado corto! Y de verdad es difícil contar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que se vive.





He escrito al principio que la gente ya escuchó de Cristo; es verdad, pero solo en parte, porque hay también muchos paganos (hombre, mujeres y niños) que nunca conocieron a Cristo, y que esperan, aún no saben esto, alguien que anuncie también a ellos el Evangelio y que los harán libres de la esclavitud del mal y del diablo, bajo cuyo poder están forzados… hombres que debemos hacer verdaderos hijos de Dios. Y el misionero está allí para eso, con un trabajo sacrificado pero entusiasmante, por la gloria de Dios y el bien de las almas.





Mi experiencia en Tanzania fue de verdad muy breve, no he hecho más que empezar a entender lo que significa el trabajo misionero, pero una cosa he entendido: si queremos portar el mundo a Cristo sirve que pongamos nuestro sudor, nuestro empeño, pero sobretodo nuestra oración al servicio de Dios, y será Él quien hará lo necesario.



P. Damiano Grecu, IVE

lunes, 6 de octubre de 2014

Solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas (Primera Parte)



Muy intensas son las vivencias que se experimentan en un lugar de misión donde se vive en guerra, a veces es difícil consignarlas. Uno se adapta a las nuevas circunstancias de la vida y obra cotidianamente según una serie de pautas que pasan a ser parte de nuestra vida, pero que no son “normales”.


Muchas veces nuestros hermanos religiosos y superiores nos han dicho: ‘Uds. se acostumbran a eso, pero nosotros escuchamos solamente la palabra bomba y nos estremecemos’. O también: ‘ustedes están acostumbrados a decir por ejemplo la palabra “túnel”, pero nosotros no sabemos lo que significa para Uds., hay muchos que ni se imaginan cómo puede ser un túnel y para que lo usan allí. Podrían escribir una crónica contando solamente lo que es un túnel en un lugar como en el que Uds. viven’. Mirando las cosas desde afuera también nosotros tomamos conciencia de esa realidad que vivimos y “que no es normal”.


Les transmitimos pues que es lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos en un país en guerra, para que puedan entender mejor lo que vive la gente de aquí.





1. Lo que se ve en la calle


Prácticamente no ha quedado nada de lo que fue la pintoresca Alepo: una gran ciudad llena de movimiento, embellecida por sus monumentos, testigos de la rica historia de la ciudad; con una ciudad universitaria pobladísima, incluso con estudiantes venidos desde fuera de Siria. Con calles despejadas, cuidadosamente conservadas, pequeñas plazas y parques en medio de la ciudad. Todo el conjunto hacía de la legendaria ciudad un centro de atracción turística, una ciudad pujante, con la vitalidad de una juventud llena de ilusiones, que se prepara con ansias para concretar sus proyectos de vida en un futuro cercano.


Pero la oscura sombra de la guerra cubrió también el cielo nítido de Alepo. ¿Y qué ha quedado de todo aquello?


Al salir a la calle, lo primero que impacta es la cantidad de controles militares. Cada dos o tres cuadras hay un pequeño puesto con un puñado de soldados armados. Cada puesto esta señalizado: un pequeño refugio precedido de pilas de neumáticos a modo de trincheras, alambres de púa, grandes piedras cerrando las calles, para delimitar los territorios e indicando zonas tomadas por donde no se puede transitar, la bandera del país flameando esbelta en lo alto.

Nos hemos habituado a ver este espectáculo en las calles de Alepo, “pero no es normal”.


Las calles se han visto pobladas de niños pidiendo limosna, de largas filas de gente que acude a lugares públicos y esperan el turno para llenar sus bidones con agua, pues, en el mejor de los casos el agua llega una vez por semana, unas pocas horas.


¿Qué ha quedado de todo aquello? Prácticamente no ha quedado sino algún que otro rasgo de la pintoresca ciudad, pero permanece la esperanza de su gente. Permanece en los corazones la esperanza de aquel día en que retorne a esta ciudad la paz y la armonía; día en que sea devuelta la sonrisa al rostro de sus niños, día en que su gente se vea libre del miedo y de la tristeza de haber perdido todo.


Día, en que por fin tengan cumplimento aquellas palabras pondré paz en tus fronteras. Día en que los hombres no pongan obstáculo a la voluntad de Dios, que es un Dios de Paz (Is 9,5 Rom 15,33 1Tes 5,23 Flp 4,7). Es verdad que las tinieblas de la guerra cubrieron el cielo de Alepo, pero también es verdad que solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas. Esperamos todos el día en que apagado el fuego de las armas y silenciado el estruendo de la violencia podamos contemplar las estrellas que preludian la paz.


Continuará….


Misioneros en Alepo

sábado, 4 de octubre de 2014

6962 km: peregrinación juvenil desde Tayikistán a Kasajstán

misionesIVE
octubre 2, 2014 Kazajstan, Tayikistan

Queridos Todos:


Les escribimos para contarles de nuestro viaje – peregrinación que hicimos a Kasajstán con un grupo de jóvenes de nuestras parroquias, durante las tres primeras semanas de agosto.


El objetivo principal de nuestro viaje era participar de las jornadas de jóvenes que se organizan año a año en Oziornoe, un pueblito que queda al norte de Kasajstán, en el que Dios por intercesión de la Virgen María por la década del 50 obró el milagro de hacer aparecer una enorme cantidad de peces en un lago de la zona, formado milagrosamente también, en tiempos de las post guerra.


Fue un viaje muy completo y de mucho fruto para nuestros jóvenes, sobre todo espiritual.



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Ya desde que surgió la idea de viajar (gracias a nuestro Nuncio, Miguel Mauri Buendía, que nos dio la idea y nos ayudó económicamente para poder hacerlo), se vió la mano de la Providencia, que fue la que nos guió hasta el final del viaje y llevó adelante todo.


Para prepararnos al viaje rezamos la treintena en honor a San José, a quien elegimos como patrono del viaje junto con la Virgen de Luján, y nos juntamos periódicamente con los jóvenes que viajarían para ir organizando todo.


El grupo estaba integrado por dos sacerdotes, una religiosa de las SSVM y 10 chicos/as.


Salimos de Dushanbé, Tayikistán, el domingo 3 de agosto bien temprano, en la camioneta de la parroquia, y volvimos el sábado 23 a la noche, haciendo un total de 6962 km de viaje.


1- Ciudades que conocimos y actividades:


Nombramos las ciudades más importantes y alguna cosita más sin entrar en mucho detalle para que no se haga eterno.


La primera ciudad que conocimos fue Shimkent, que queda al sur de Kasajstán y es considerada la tercera ciudad más importante del país. Allí trabajan los sacerdotes y religiosas de Nuestra Familia Religiosa, que nos atendieron muy bien y nos hicieron sentir como en casa. En este lugar, entre otras cosas, fue muy lindo conocer el Oratorio festivo que tienen nuestros religiosos, el tener con los chicos y chicas de allá la santa Misa los días que estuvimos, la adoración y el Rosario y varios momentos de diversión con ellos: guitarreada, fútbol, paseo por la ciudad, etc. Otra cosa simpática que hicimos en esta ciudad, fue andar en patines sobre hielo, 1ª vez para varios de los nuestros. Ver a jóvenes venidos de Tayikistán junto con un sacerdote y una religiosa mostrando destrezas de patinaje, les aseguramos que fue por una hora la atracción de varios de los kasajos que andaban por la zona.



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La 2ª ciudad que conocimos fue Karaganda, tierra de mártires y confesores de la Fe, entre los que se destacan el Beato Alexsei Zaritski, sacerdote ucraniano, y los siervos de Dios, P. Bukovinski y Mons. Xira. Aquí, además de visitar la ciudad, tuvimos como cosa sobresaliente la visita a la Nueva Catedral, que fue consagrada por el Cardenal Angelo Sodano el año pasado. Un templo imponente que se ve desde distintas partes de la ciudad y se le levanta como un signo viviente de la presencia de la Iglesia en el país. Allí pudimos celebrar la Santa Misa, hacer un recorrido guiado por el templo y la cripta, subir al campanario, desde donde se ve la ciudad, y estar en la celebración de un matrimonio, cosa que no se da muy seguido acá y que nuestros jóvenes querían saber de qué se trataba.


Visitamos la vieja Catedral que tiene como Patrono a San José y en donde están los restos de los dos siervos de Dios que nombramos más arriba; la Iglesia greco-católica; la Catedral Ortodoxa; el Carmelo, está visita estuvo muy buena, las monjas nos contaron acerca de su vida, de su propia vocación, etc., los jóvenes hicieron varias preguntas también y hasta algunas chicas no contuvieron las lágrimas ante el testimonio dado por las hermanas. Conocimos también la casa central de uno de los campos de concentración más grandes de la época Soviética, en Dolinka, donde hay hoy día un museo en honor a las víctimas de la Persecusión Soviética; conocimos el cementerio donde descansaron los restos del Beato Alexsei Zaritski, antes de ser trasladados a Ucrania, etc.


La 3ª ciudad para destacar fue Astaná, capital del País, ciudad moderna muy pintoresca, en la que estuvo San Juan Pablo II, durante su visita apostólica a Kasajstán en el año 2001.


Conocimos la Catedral Católica, en la que se conserva una reliquia de San Andrés apóstol, participamos de la Misa de Domingo, con Iglesia llena (más de 200 personas, número que supera la cantidad de católicos que hay en todo Tayikistán) y estuvimos en la Catedral Ortodoxa, que es realmente muy linda.



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En esta ciudad funciona la embajada Vaticana, donde vive el Nuncio Apostólico, quien nos invitó un día a comer una paella, cocinada por él, y nos mandó con su secretario a hacer un paseo por la ciudad pagándonos todos. Fuimos a un Acuario, después a un centro comercial muy grande, donde varios de los chicos se subieron a una especie de ascensor, en el que uno se sienta y después de subir varios metros, baja a toda velocidad, subiendo después y bajando unas cuantas veces del mismo modo y conocimos, por último, la torre Baiterek que mide unos 97 m y es considerada el símbolo de Kasajstán.


La 4ª ciudad que queríamos nombrar es la capital de Uzbequistán, Tashkent. Según nos decía una religiosa uzbeca, Tashkent es considerada, entre las ciudades soviéticas, la 4ª más grande, después de Moscú, San Petesburgo y Kiev. Allí estuvimos dos noches. Paramos en la misma catedral, donde se encuentra la Curia y vive el obispo, quien nos recibió y atendió muy bien, con mucha caridad. Conocimos la Iglesia, un templo gótico muy lindo, que antes de construirse la catedral de Karaganda, era el más grande de Asia Central. Tuvimos la gracia de celebrar la Santa Misa allí dos veces.


Recorrimos la ciudad también, estuvimos en un parque de diversiones y en el Zoológico.


2- Jornada de jóvenes en Oziornoe.


Las jornadas de jóvenes las tuvimos del 11 al 15 de agosto. Participaron unos 200 jóvenes llegados desde las distintas parroquias de Kasajstán, algunos de Rusia y un grupo grande de Polonia. Con estos últimos llegó el sacerdote que predicaría todos los días dos conferencias para los jóvenes sobre el lema de las jornadas, que fue: “Al hombre lo salva la oración, el servicio y la fidelidad” (Человека спасает молитва, служение и верность). Estuvieron muy buenas todas las charlas.


Durante estos días tuvimos la Santa Misa, el Rosario y adoración todos juntos. Un día se fue en procesión con el Santísimo hacia el lugar del milagro de los peces por intercesión la Virgen, que les conté al inicio de la crónica, en donde hay una torre, con la imagen de María en la parte más alta. Una tarde fue dedicada a las confesiones, donde se pudo palpar la obra de Dios en los jóvenes, ya que se confesó la mayoría de ellos y se pudo ver el deseo que tienen, movidos por la gracia de Dios, de lo grande, de hacer cosas magnánimas por Él. Algo muy bueno que se organizó también fue la adoración permanente. Se fueron cubriendo los turnos con los distintos grupos de jóvenes y se adoró a Cristo presente en la Eucaristía durante todas las jornadas.




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Además de estas cosas, teníamos las comidas todos juntos, algunos momentos libres para jugar al fútbol, a las cartas, tocar la guitarra, charlar con los jóvenes, etc., y un par de veces se organizaron fogones con cantos y obritas de teatro. Nosotros aprovechamos un día a mostrar un video sobre nuestra misión.


Conclusión:


Conocer la vida de la Iglesia en estos dos países, conocer la Historia de estas Iglesias, sobre todo la kasaka, regada por la sangre de los mártires, conocer a jóvenes católicos, a varios sacerdotes, obispos y religiosas, fue una experiencia muy especial para nuestros jóvenes, cosa que les ayuda a fortalecer la propia fe en Nuestro Señor y en su Santa Iglesia. Este fue uno de los frutos visibles más valiosos de nuestro viaje y algo que les quedará grabado a ellos para siempre.


Aprovechamos a dar gracias a Dios por los innumerables beneficios recibidos durante nuestro viaje, agradecemos a los obispos, religiosos y religiosas, que nos recibieron con mucha caridad y generosidad en cada lugar que nos hospedábamos y, por último, a San José y a la Virgen de Luján, patronos de nuestro viaje, por su protección durante estos veinte días, de los cuales esperamos se sigan muchos frutos de santidad para nuestros jóvenes.


Nos encomendamos a sus oraciones.


En Cristo y María.


Sacerdotes y Religiosas del IVE, Tayikistán


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lunes, 23 de junio de 2014

Dos nuevos Misioneros

En Papúa Nueva Guinea

Escribo solo unas líneas para saludarlos y hacerlos participes de la alegría de haber llegado a la misión. Ya hace 3 semanas que, junto con mi primo el P. Maximiliano Navarro, llegamos a Vánimo, donde nos esperaba el P. Tomás Ravaioli para hacernos conocer e introducirnos en esta apasionante misión de Papúa Nueva Guinea.


Nuestra misión en Papúa es realmente hermosa, se puede hacer muchísimo, la gente es muy dócil, dispuesta, piadosa; su vida es muy sencilla y por eso alegre. Y, por lo que he podido ver, la fe realmente ocupa un lugar en sus vidas; la iglesia, el catequista, el sacerdote tienen un puesto destacado dentro de sus villas.


Cuando llegamos nos recibieron muy bien, con gran alegría. En Yako, una de las villas que atendemos, durante la “ceremonia de ingreso” el líder religioso dijo: “nosotros queremos mucho a “Mama Luján” por eso siempre recibimos con mucha alegría a los sacerdotes que vienen a misionar desde la Argentina”. En Wutum, otras de las villas, al recibirnos nos decían que ellos valoran mucho que vengan sacerdotes de tan lejos para misionarlos, y el catequista hacía ver a la gente, como ellos tienen ser agradecidos al recibir dos misioneros porque hay otros lugares, como dentro de la selva, donde a veces no hay nadie que pueda ir a celebrar la Misa.

El calor, los mosquitos, las privaciones materiales y la distancia no se sufren tanto como yo había entendido, y se sienten muchísimo menos cuando te ves trabajando por la evangelización de estas gentes.

Hay muchísimas cosas que me gustaría contarles, cosas interesantes y llamativas, y no me refiero tanto a lo “exótico” de la cultura, naturaleza y vida papuana, sino más bien a cosas que nos son propias a ambos, a nosotros y a ellos, pero que aquí se da de modo admirable, como por ejemplo la devoción de la gente, el amor a María, la alegría de los niños, el amor al sacerdocio, la participación de la Santa Misa y de la adoración al Santísimo, las confesiones frecuentes y sinceras… Muchas de estas cosas me gustaría compartir con ustedes pero ahora solo quería aprovechar a saludarlos y agradecer.


¿Y agradecer por qué? Porque yo ahora me encuentro misionando, gracias Dios en primer lugar, pero también gracias al esfuerzo y generosidad de tantos que colaboraron para que un día yo pueda ser sacerdote y misionero. Pienso en mis superiores; en mis padres y familia que generosamente me entregaron a Dios y que aún hoy continúan con ese acto generoso; pienso en mis amigos y “padrinos”, que con generosidad me ayudaron económicamente durante mi seminario para que un día yo, y otros tantos, podamos cumplir con el mandato de Cristo “Id y anuncia del evangelio a todas las gentes” (Mc 16,15 ). A todos ellos gracia y que ¡Dios les pague! Ustedes así se han hecho participes de ésta misión en PNG, por eso ahora aprovecho y los invito a que sigan colaborando con esta misión con sus oraciones.


Un fuerte abrazo a todos.

¡Viva la misión y el llamado de Cristo a misionar!

En Cristo y María,
P. Martín Prado, IVE