jueves, 9 de octubre de 2014

Despedida de Groenlandia

misionesIVE octubre 6, 2014 Groenlandia



El cardenal Van Thuan[1] tiene una magnífica y conocida reflexión enfatizando que nuestras obras apostólicas no nos pertenecen y que además son un mero instrumento, pues todas “las obras son de Dios” y son “para llegar a Dios”. Relata que estando prisionero, una noche, desde el fondo de su corazón, oyó una voz que le sugería: “¿Por qué te atormen­tas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo lo que has hecho y deseas seguir haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, de hogares para estu­diantes, misiones para evangelización de los no cristianos… todo son obras excelentes, son obras de Dios, pero ¡no son Dios! Si Dios quie­re que abandones todas estas obras, poniéndolas en sus manos, hazlo pronto y ten confianza en Él. Dios hará las cosas infinitamente mejor que tú; confiará sus obras a otros que son mucho más capaces que tú. ¡Tú tienes que elegir sólo a Dios, no sus obras!”.
Padres Fabio, Gerardus y Hugo, misioneros del IVE en Groenlandia.

Los grandes paradigmas sacerdotales nos sirven para admirarlos, intentar imitarlos en su fidelidad a Cristo y consolarnos, viendo que generalmente nuestros desafíos son insignificantes en comparación con lo que ellos han vivido. Por lo mismo, creo que este pasaje de Van Thuan es del todo oportuno para este momento en que los sacerdotes del Instituto partimos de la misión de Groenlandia. Iremos a misionar a otras tierras y dejaremos a nuestros pocos feligreses en esta remota parroquia católica. Haciendo un rápido balance de este año y medio aquí, de más está decir que no hubo obstáculo o dificultad que logre ensombrecer en absoluto los bienes que hemos palpado. Unos cuantos han sido enumerados en las anteriores crónicas y pienso que es suficiente. Ahora sólo es momento de despedirnos de esta tierra de misión donde Nuestra Señora de la Buena Esperanza de Groenlandia ha protegido y lo seguirá haciendo a todos los habitantes y a sus futuros sacerdotes.

Monseñor Rafael de la Barra Tagle, obispo emérito de Illapel, Chile, me ordenó sacerdote junto con mis compañeros en la Catedral de La Plata, Argentina. Un tiempo antes, en una reunión en el seminario diocesano de San Bernardo[2], me comentó una idea que siempre he recordado: “nosotros en el Verbo Divino, decimos que cuando a uno lo destinan a una misión, lo crucifican allí para que de muchos frutos… y eso es doloroso. Pero cuando lo cambian de destino, es algo así como que lo ‘desclavan de la cruz’… ¡y eso es más doloroso!” En fin, cada misionero tendrá distintas experiencias, pero en general podemos conceder cierta vigencia a estas palabras. Haber estado en cualquier lugar del mundo donde uno ha intentado, quizá en medio de varios errores y caídas, dar a conocer a Jesús de Nazaret y su Iglesia, normalmente genera un amor a la grey que Él mismo le ha confiado. Por lo tanto saber que probablemente no volverá a ver a sus feligreses, que no les celebrará más una misa, que no seguirán compartiendo momentos de oración y entretenimiento, ordinariamente no pasa desapercibido en el misionero.

El objetivo de estas pocas líneas es agradecer públicamente a Dios haber sido parte, aunque fugazmente, de la misión de la Iglesia Católica en Groenlandia. Y así como comencé las crónicas desde estas tierras citando al gran apóstol de los hielos, el padre Segundo Llorente, quiero terminarlas también con una de sus místicas enseñanzas. Al describir una difícil travesía que afrontó navegando con unos esquimales en una balsa llena de maderos que sacaba de unos edificios antiguos en Akulurak, porque la inundación le había llevado la casa y la Iglesia y debió volver a edificar todo, cuenta que tuvo 9 horas de navegación en un río con un fuerte oleaje y por lo tanto la gasolina del tanque se revolvía y entraba en el carburador y se paraba el motor constantemente. “Y ya estábamos llegando a un río muy estrecho, con las riveras muy altas y el objetivo era llegar ahí, llegar ahí… Íbamos con hambre, frío y mojados. Faltaban solo unos 100 mts. Y le dije a Dios, ‘¡por favor! ¡que no se pare el motor, que no se pare…!’ Y termino de pedirlo y el motor se paró… Y yo se lo pedía con tono meloso como para moverlo al Señor. Entonces le dije a Dios, no a Jesús, a Dios: ‘estaba vez no, no te apures, aunque pase esto, tú sigues siendo Dios, ya lo pondremos en marcha nuevamente’. En ese momento cayó sobre mí una consolación espiritual, una luz, una inundación de gozo que me desbordaba… ya ni tenía frío ni nada, sólo deseo de morirme. Y le dije ‘¿cómo te voy a pagar todo esto?’ El instinto natural era rezongar, pero qué importan todos los problemas. ¡Tú sigues siendo Dios, tú no cambies! Lo que importa es que Tú sigues siendo infinito, y aunque me pase esto a mí, ¿qué es todo esto comparado Contigo?”

Aunque haya que dejar una obra, una misión, un apostolado… ¡Tú sigues siendo Dios! Y eso es lo que tarde o temprano debe grabarse a fuego en los que aún no logramos ver toda la vida con ojos sobrenaturales como los santos misioneros lo han hecho. ¡Tú sigues siendo Dios… tú no cambies!

P. Fabio Schilereff, IVE

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[1] Dice el siervo de Dios: “Me llamo Francisco Nguyen van Thuan y soy vietnamita… Hasta el 29 de abril de 1975 fui, por ocho años, obispo de Nhatrang, en el centro de Vietnam, la primera diócesis que me fue confiada, donde me sentía feliz, y por la cual sigo sintiendo predilección. El 23 de abril de 1975 Pablo VI me nombró arzobispo coadjutor de Saigón. Cuando los comunistas llegaron a Saigón, me dijeron que mi nombramiento era fruto de un complot entre el Vaticano y los imperialistas para organizar la lucha contra el régimen comunista. Tres meses después fui llamado al palacio presidencial para ser arrestado: era el día de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto de 1975”.

[2] En la diócesis de San Bernardo nuestro Instituto tiene uno de sus noviciados, atiende dos parroquias y está a cargo de un Hogar de jóvenes discapacitados.

La experiencia de Dikmar


Posted on octubre 9, 2014


Ha sido un sueño hecho realidad. Desde pequeño tuve la pasión de visitar a África, para dar mi aporte a las personas que viven allá. El 5 de agosto comencé mi viaje rumbo a Tanzania. Fue un viaje bastante largo y con un poco de retraso. El 7 de agosto llegué al aeropuerto de Mwanza, en Tanzania. Allí ya estaba esperándome el Padre Diego, junto al padre Damiano y el seminarista Marco.







El Padre Diego es originario de Argentina, el Padre Damiano y el seminarista Marco son italianos, y también habían ido para acompañar al P. Diego que estaba solo en la misión por este tiempo. Lo bueno fue que todos podíamos hablar y comprendernos español, así la comunicación entre nosotros fue muy fácil.



Cuando mis valijas estaban listas en la camioneta, comenzó nuestra aventura en Tanzania. Teníamos que recorrer como seis horas y media de viaje para llegar a Ushetu, donde está la misión. En el camino a Ushetu pasamos primero por Kahama para saludar al Obispo que nos estaba esperando. Hemos charlado un poco con él y comimos juntos. El Obispo fue muy generoso con nosotros y se mostraba contento de compartir ese momento. Después de la visita seguimos con nuestro viaje a la misión. En Ushetu los caminos son completamente de tierra y algunos no muy buenos. Yo pensaba dentro mío: ¡esto sí que es aventura!



Cuando estábamos por llegar a la parroquia y la casa donde nos íbamos a quedar, estaban los monaguillos esperándonos ya en el camino, y comenzaron a correr al lado del vehículo para saludarnos. Estaban felices de vernos. Eso me daba una alegría inmensa, el ver la forma que reciben a la gente que está de visita. Es como que te reciben y eres parte de su familia.



Durante mi misión en Tanzania tuve la oportunidad de participar en la Adoración al Santísimo y del Santo Sacrificio de la Misa todos los días. Estos fueron para mí momentos muy hermosos para reflexionar, estar más en contacto con Dios en silencio y escuchar su voz. También hemos visitado bastantes aldeas de la parroquia, para tener una mejor experiencia de la cultura y la forma en que la gente vive.

Lo que me fascinó fue que los Cristianos tienen su propia manera de saludarse. Ellos dicen: “Tumsifu Yesu Kristo” y se responde “Milele Amina”. Que significa: “Alabado sea Jesucristo”, “por siempre, Amén”. Estas fueron unas de las primeras palabras que he podido decir en Swahili.



He sacado muchísimas fotos y he hecho muchos videos de la forma como la gente vive. Me impresionó ver la manera en que transportan las mercancías de un lugar a otro. La gran mayoría de las personas usan bicicleta o motocicleta, que es un poco caro para la gente de ése lugar en el campo. Muchos no tienen motocicleta o bicicleta, y tienen que transportar todo a pie y sobre su cabeza. Así deben caminar horas, muchas veces, para llegar a su destino. Esto era para mí un mundo totalmente diferente de lo que estaba acostumbrado de ver en Europa o en Curacao, de donde vengo originalmente.



Me impresionaba ver tantas casas construidas de barro y con techo de pajas. Casas que no tienen electricidad ni agua. No me podía imaginar que hasta el día hoy, año 2014, aún hay personas que tienen que caminar todos los días, horas para ir buscar agua. Hay niños que caminan horas para ir al escuela, y muchas veces caminando distancias largas a pié descalzo, porque no tienen zapatos. También hay niños que no van a la escuela, porque son pastores y ese va a ser su trabajo para toda la vida. El ver todo esto me producía a veces un poco de tristeza en mi corazón. Porque yo creo la enseñanza es un instrumento para llevar adelante un país, y una sociedad. Y si ves que no todos tienen la oportunidad de ir a la escuela, o hay familias que no tienen la posibilidad económica para mandar a sus hijos a la escuela, esto te hace entristecer un poco.



Lo que pude ver también es que la gente en Tanzania no tiene muchas cosas materiales, pero siendo poco lo que tienen aún así son muy generosos y se ponen felices de tener visitantes de lugares lejanos.

En mis días de voluntariado, tuve la oportunidad de hacer diferentes actividades con los niños: jugar fútbol, tocar el tambor, cantar, y simplemente estar con ellos y compartir sus juegos. He podido dar mi aporte para diseñar una casa de voluntarios y de retiros, que va a ser un proyecto que quieren realizar los sacerdotes en el futuro. Estuve haciendo también imágenes de yeso para poder llevarlas como regalo a cada una de las aldeas que hemos visitado. También hemos construido junto con el seminarista Marco una garaje para la casa parroquial.





Algunas de las tradiciones y de las formas de vivir de la cultura Tanzana que mas me han impresionado han sido estas:

· Cuando tienen un visitante, todas las personas van a venir uno por uno a saludarlo. Como una muestra de aprecio, hasta le dan regalos. En una de las aldeas que visitamos, ¡recibimos un chivo como regalo! Todos te saludan con mucho respeto, las mujeres hasta se inclinan un poquito cuando te saludan. Me ha admirado el respeto que tienen a los demás.
· Los hijos son como un tesoro. Cada casa de familia tiene entre 6 ó 7 hijos. La familia de Tanzania es algo muy especial y hermoso de ver.
· Casi todas las familias tienen su propia plantación o cría de animales.
· La gente está contenta con lo que tiene y aprecian y cuidan mucho lo que tienen.
· La gente cocina afuera de la casa, con leña o carbón. Y comen con las manos, sin cubiertos, todos rodeando la fuente única en la que se pone la comida.
· Les gusta mucho cantar, tocar el tambor y bailar. Cuando comienzan a cantar es como si no fuera a terminarse nunca. Ellos disfrutan mucho de lo que hacen, aunque sea muy sencillo.
· En Ushetu, generalmente la gente no usa reloj, pues las actividades se comienzan cuando toda la gente ha llegado. Pero que hay que tener en cuenta que muchas personas vienen desde lejos y a veces de a pie, por eso todo tiene su tiempo.
· Y relacionado con lo anterior, es una cultura del “pole pole”, como dicen ellos, “despacio despacio”, pues no tenemos prisa.
· Me sorprendió saber que un día de trabajo vale como 500 shillings de Tanzania es decir 2,5 €.



De mi experiencia del voluntariado en Tanzania, lo que me he aprendido es que todas las cosas materiales en el mundo no te pueden hacer feliz. Y por el contrario, teniendo poco puedes ser feliz. Lo importante es si estás agradecido con lo que tienes y lo valoras.

He aprendido también que es importante buscar más tiempo para estar en la presencia de Dios, para contemplar su grandeza, escuchar como Dios nos habla en nuestro corazón.

Hay que hacerse el tiempo para estar con la familia, con tu familia, con los amigos, y disfrutar de estar con ellos, dando tu tiempo a los demás.

El ayudar a otras personas, y ver a otros felices, me ha dado una felicidad enorme. Estoy tan entusiasmado con la misión en Tanzania que ruego que no sea la última vez que esté allí, si es la voluntad de Dios.



Quiero pedirle a cada uno que lea este relato de mi experiencia, que recen mucho por todos los misioneros que viven allá en África, especialmente por todos los sacerdotes y religiosas que han entregado su vida completamente a servicio de Dios y su prójimo.

Amani ya Kristo! (La paz de Cristo!, en swahili)

Met vriendelijke groet,
D. (Dikmar) Oleana

miércoles, 8 de octubre de 2014

¡Que no te la cuenten!

Causa de beatificación de Isabel la Católica

isabelHace ya algún tiempo y en vistas de una próxima publicación, hemos venido estudiando la vida y obra de aquella santa mujer que fuera Isabel de Castilla, de quien algo publicamos aquíaquí y aquí.
Por gracia de Dios e intermedio de algunos amigos, hemos dado con un material único que ahora compartimos con quienes deseen estudiar seriamente su vida: se trata de la Positio canónica o expediente de la Congregación para la causa de los santos donde se lleva adelante su proceso de beatificación. Luego de un arduo trabajo de digitalización, lo damos a conocer. El material resulta indispensable para cualquiera que desee, no sólo adentrarse en su alma y sus gestas, sino también, dar una opinión seria acerca de la verdadera historia de esta heroína española.
Para descargar el documento (más de 1200 páginas en pdf), haga clik AQUÍ
Un resumen de la misma puede leerse en el libro de J.M Zavala, “Isabel ínt ima”, que se encuentra AQUÍ
Estudiar seriamente es un requisito indispensable para
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, IVE

martes, 7 de octubre de 2014

Cuando la realidad supera lo soñado: mi mes en Tanzania



Posted on octubre 1, 2014


Estimados:

Como les había contado, estuve acompañado durante un mes por el P. Damiano, un seminarista de Italia y un voluntario de Holanda. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes lo que escribió el P. Damiano acerca de su experiencia en nuestra misión de Tanzania. También les envío algunas fotos que ilustran la variedad de actividades y trabajos que realizó el padre en esos días que estuvo con nosotros.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego.


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CUANDO LA REALIDAD SUPERA LO SOÑADO: MI MES EN TANZANIA

Creo que todos los misioneros sueñan con estar en medio de África entre leones, rutas transitables solamente con elefantes o canoas en el medio de un bosque tan denso que no pueden pasar ni los rayos del sol, y todo eso para llegar a una aldea hecha de palos y pajas y allí anunciar a Cristo a quien nunca escuchó de Él.


A veces los sueños no tienen correspondencia con la realidad…


Estaban los leones (en el parque nacional), las ruta eran recorribles en auto (una 4×4), y la gente, ¡ya escuchó de Cristo!





Los católicos se saludan Tumsifu Yesu Christu – Milele. Amina (“Alabado sea Jesucristo – Por siempre. Amén, como pasaba muchos años atrás también en nuestros países…), hombres y mujeres, jóvenes y niños llevan un rosario al cuello (con la misma naturalidad con que nosotros llevamos el celular); muchas veces las mujeres y los hombres usan ropa hecha con tela decorada con imágenes católicas (hay estampados del Sagrado Corazón, del rostro de María o de un santo, del Papa). No solamente ya escucharon hablar de Jesús, sino que ¡están orgullosos del nombre de cristianos!






Sin embargo el sueño del misionero no se quiebra sino que se fortalece: la gente, conocido Cristo, quiere recibir los sacramentos y escuchar el Evangelio aún más.


En nuestras visitas a los kigangos (pequeñas aldeas; tenemos 47 en nuestra parroquia) nos acogieron los niños cantando, que salían a nuestro encuentro en la ruta y nos acompañaban hasta la iglesia, donde los más grandes se unían a la alegría de los niños… ¡llega el sacerdote, llega la Misa, llega Jesucristo! La visita del sacerdote es también causa de especial alegría porque en la Misa que se celebrará (y a veces las condiciones del clima y de las calles no permiten que el misionero llegue más que una o dos veces en el año) se harán bautismos, primeras comuniones, casamientos.





En el mes que estuve en Tanzania fueron celebrados 60 bautismos, más de 100 primeras comuniones, 10 casamientos… ¡y eso en un solo mes! Puedes ver y tocar la felicidad de la gente cuando recibe los sacramentos: y no hablo de la felicidad visible y escuchable (y estén seguros que se escucha: ¡pueden cantar y bailar hasta dos o tres horas seguidas!) sino de las sonrisas llenas de felicidad por recibir un sacramento, porque “hoy nació con el bautismo un nuevo hijo de Dios”, como dijo el leader de un kigango en las palabras de agradecimiento después de la Misa; la verdadera fiesta es en la Iglesia, es allí el centro de la felicidad del día.





Puede ser que ustedes ya sepan todo esto, por las crónicas, las fotos… pero les aseguro que estar ahí y verlo con tus propios ojos… es otra cosa.


Además suena extraño para nosotros ver gente que no se preocupa de su reloj sino que se toma todo su tiempo para hacer las cosas: una hora o más caminando para llegar a la Iglesia para la Misa, empezando tal vez a caminar antes que salga el sol; esperar, rezando un rosario, que el sacerdote termine de confesar; y luego participar en una Misa que dura dos horas, o dos horas y media, en medio de cantos y bailes, arrodillándose al Confiteor, a la consagración, al Agnus Dei… y si tienen una visita (como en nuestro caso) vienen personalmente para saludar, y desean todo el bien con una sonrisa enorme, de verdad felices porque reciben alguien, y siempre donando algo (¡recibimos hasta un chivo y una gallina!) porque se tiene que agradecer el cariño de ir a su kigango, a su familia (y les aseguro que da un poco de vergüenza recibir regalos de personas que no tienen mucho más de lo que se necesita para comer); y luego, al terminar la Misa, cantar y bailar con los otros feligreses, porque es un día de fiesta.





Y finalmente (y puede ser que llegaron las tres de la tarde) cada uno se va a su casa para comer (arroz y pollo, comida de fiesta) con sencillez, porque la fiesta verdadera fue en la Iglesia. El almuerzo es rápido, y después cada uno vuelve a su trabajo: nosotros a la parroquia, ellos para obtener lo necesario para el día; cargados de baldes se van a un pozo (media hora o más caminando o en bicicleta) para sacar agua, cocinan, y hay tiempo todavía para sentarse y hablar, jugar, estar con la familia. Tal vez pobres en bienes pero ricos en tiempo.





Muchas, muchísimas cosas para agregar… ¡un mes es largo, pero al mismo tiempo demasiado corto! Y de verdad es difícil contar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que se vive.





He escrito al principio que la gente ya escuchó de Cristo; es verdad, pero solo en parte, porque hay también muchos paganos (hombre, mujeres y niños) que nunca conocieron a Cristo, y que esperan, aún no saben esto, alguien que anuncie también a ellos el Evangelio y que los harán libres de la esclavitud del mal y del diablo, bajo cuyo poder están forzados… hombres que debemos hacer verdaderos hijos de Dios. Y el misionero está allí para eso, con un trabajo sacrificado pero entusiasmante, por la gloria de Dios y el bien de las almas.





Mi experiencia en Tanzania fue de verdad muy breve, no he hecho más que empezar a entender lo que significa el trabajo misionero, pero una cosa he entendido: si queremos portar el mundo a Cristo sirve que pongamos nuestro sudor, nuestro empeño, pero sobretodo nuestra oración al servicio de Dios, y será Él quien hará lo necesario.



P. Damiano Grecu, IVE

lunes, 6 de octubre de 2014

Solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas (Primera Parte)



Muy intensas son las vivencias que se experimentan en un lugar de misión donde se vive en guerra, a veces es difícil consignarlas. Uno se adapta a las nuevas circunstancias de la vida y obra cotidianamente según una serie de pautas que pasan a ser parte de nuestra vida, pero que no son “normales”.


Muchas veces nuestros hermanos religiosos y superiores nos han dicho: ‘Uds. se acostumbran a eso, pero nosotros escuchamos solamente la palabra bomba y nos estremecemos’. O también: ‘ustedes están acostumbrados a decir por ejemplo la palabra “túnel”, pero nosotros no sabemos lo que significa para Uds., hay muchos que ni se imaginan cómo puede ser un túnel y para que lo usan allí. Podrían escribir una crónica contando solamente lo que es un túnel en un lugar como en el que Uds. viven’. Mirando las cosas desde afuera también nosotros tomamos conciencia de esa realidad que vivimos y “que no es normal”.


Les transmitimos pues que es lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos en un país en guerra, para que puedan entender mejor lo que vive la gente de aquí.





1. Lo que se ve en la calle


Prácticamente no ha quedado nada de lo que fue la pintoresca Alepo: una gran ciudad llena de movimiento, embellecida por sus monumentos, testigos de la rica historia de la ciudad; con una ciudad universitaria pobladísima, incluso con estudiantes venidos desde fuera de Siria. Con calles despejadas, cuidadosamente conservadas, pequeñas plazas y parques en medio de la ciudad. Todo el conjunto hacía de la legendaria ciudad un centro de atracción turística, una ciudad pujante, con la vitalidad de una juventud llena de ilusiones, que se prepara con ansias para concretar sus proyectos de vida en un futuro cercano.


Pero la oscura sombra de la guerra cubrió también el cielo nítido de Alepo. ¿Y qué ha quedado de todo aquello?


Al salir a la calle, lo primero que impacta es la cantidad de controles militares. Cada dos o tres cuadras hay un pequeño puesto con un puñado de soldados armados. Cada puesto esta señalizado: un pequeño refugio precedido de pilas de neumáticos a modo de trincheras, alambres de púa, grandes piedras cerrando las calles, para delimitar los territorios e indicando zonas tomadas por donde no se puede transitar, la bandera del país flameando esbelta en lo alto.

Nos hemos habituado a ver este espectáculo en las calles de Alepo, “pero no es normal”.


Las calles se han visto pobladas de niños pidiendo limosna, de largas filas de gente que acude a lugares públicos y esperan el turno para llenar sus bidones con agua, pues, en el mejor de los casos el agua llega una vez por semana, unas pocas horas.


¿Qué ha quedado de todo aquello? Prácticamente no ha quedado sino algún que otro rasgo de la pintoresca ciudad, pero permanece la esperanza de su gente. Permanece en los corazones la esperanza de aquel día en que retorne a esta ciudad la paz y la armonía; día en que sea devuelta la sonrisa al rostro de sus niños, día en que su gente se vea libre del miedo y de la tristeza de haber perdido todo.


Día, en que por fin tengan cumplimento aquellas palabras pondré paz en tus fronteras. Día en que los hombres no pongan obstáculo a la voluntad de Dios, que es un Dios de Paz (Is 9,5 Rom 15,33 1Tes 5,23 Flp 4,7). Es verdad que las tinieblas de la guerra cubrieron el cielo de Alepo, pero también es verdad que solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas. Esperamos todos el día en que apagado el fuego de las armas y silenciado el estruendo de la violencia podamos contemplar las estrellas que preludian la paz.


Continuará….


Misioneros en Alepo

San Francisco de Asís


domingo, 5 de octubre de 2014

…Esos jóvenes de almas grandes!!

Publicado el 01/10/2014de Instituto del Verbo Encarnado

Además de descansar y disfrutar de la cercanía de nuestros seres queridos, en los meses que pasamos fuera de la misión tuvimos la preciosa ocasión de dar testimonio de lo que viven nuestros hermanos cristianos en Siria.

La iniciativa partió de la misma gente y la difusión fue extraordinaria…





Hablamos ante los medios: diario, radio y TV, y ante todo tipo de auditorios: parroquianos; estudiantes; políticos; empresarios. Adultos y jóvenes; creyentes y no creyentes. Y a pesar de la diversidad, el efecto era en todos semejante: una profunda compasión ante tan horroroso sufrimiento; un sincero deseo de ayudar; y un espontáneo “Gracias a Dios por lo que tenemos”, porque se dan cuenta de estar muy lejos de sufrir así.


Pero lo más impresionante ha sido ver la reacción de los jóvenes.


A menudo oímos decir: “la juventud está perdida”. Y fácilmente coincidimos cuando vemos a tantos jóvenes que, creyendo vivir en la más absoluta libertad, sucumben aplastados bajo la denigrante esclavitud del egoísmo, la pornografía, la droga, la falta de fe…


En una de las escuelas donde dimos testimonio se habían reunido los cursos más altos de la secundaria en el salón de actos. Sumaban unos 200 jóvenes. Las preceptoras a cargo recorrían frenéticamente los pasillos intentando mantener el orden. Una de ellas se acercó y me dijo avergonzada: “de antemano le pedimos disculpas, los chicos son difíciles, no prestan atención, se burlan y faltan el respeto”.

Comenzó la charla, las primeras fotos, y las primeras anécdotas… Pasados apenas unos instantes risas y gritos enmudecieron y, rendidos, cedieron el paso al más respetuoso silencio. Eran los mismos chicos. Los mismos indomables chicos. Las lágrimas descubrieron que bajo esos rostros ajetreados por el mundo, se escondían almas nobles capaces de los más puros sentimientos.


Y en todas partes donde hablamos la reacción fue así, hasta en los ambientes más difíciles. “Le prometo que no me quejo más…”; “¿Cómo podemos aliviarlos?”; “Solo sé rezar el Padre Nuestro, lo rezaré todos los días por los jóvenes de Siria”… No parecen comentarios de chicos “quema-autos”, drogadictos, y ladrones…


¡Es que los jóvenes necesitan escuchar otra cosa! Si andan desorientados y perdidos es justamente porque no tienen un punto de referencia, un ideal, algo por lo que valga la pena vivir y morir. Los modelos que pretende proponer la TV quedan cortos, y los placeres efímeros que puede ofrecerles el mundo son minutos vacíos. ¡Estos jóvenes tienen almas demasiado grandes para tan mezquinos retos! Y el Único que puede saciarlas, es el que puso en ellas esas ansias… Solo necesitan ayuda para descubrirlo…


Esa es nuestra tarea, hacerles levantar los ojos del lodo y empaparlos de Cielo.