miércoles, 2 de diciembre de 2015

“¡Que siempre estemos todos juntos!”

misionesIVE diciembre 1, 2015 Argentina

Con este sencillo escrito, el cual dedico a mis padres, fallecidos con ocho meses de diferencia: mi padre el 13 de octubre del 2014, y mi madre, el 10 de agosto del 2015, a un año de la partida de mi padre, quiero realizar un doble acto de gratitud.

En primer lugar es mi deber agradecer a Dios, porque me hizo religiosa de esta familia del Verbo Encarnado, y por eso he sido el instrumento para que ellos pudieran dormirse en su paz, de la cual estarán gozando ahora para siempre, los dos juntos, como siempre quisieron estar.

Más allá de los defectos que como todo ser humano tuvieron, merece una mención especial, el hecho de que han sido un ejemplo de perseverancia y fidelidad matrimonial. ¡49 años de casados! Hecho que no solo es ejemplo para los matrimonios cristianos, tan en peligro hoy, sino también ejemplo para quienes debemos perseverar en la fidelidad a Cristo Esposo. Cuando se casaron lo hicieron pensando que era para siempre: “hasta que la muerte nos separe” solía recordar mi madre. Ella decía: “hoy se casan y mañana ante el menor problema, ya cada uno por su lado. Mirá si tu padre y yo, las veces que discutimos por problemas, nos hubiéramos separado. Hay que saber ceder y esperar el momento para decir las cosas” Y siempre le confiaba a la Virgen su matrimonio.

No conocieron la Regla de Oro de San Ignacio: “En tiempos de desolación, no hacer mudanzas”,pero tuvieron la regla del sentido común, que pide no claudicar en los momentos de dificultad, los compromisos que en momento de dicha se asumieron. ¿Cuántos momentos de desolación en su matrimonio habrán pasado? ¡Solo Dios lo sabe! ¡Pero llegaron juntos a la vida eterna!

De mi madre puedo destacar esas virtudes o cualidades dignas de admirar y de imitar en una mujer, ya sea soltera, casada o consagrada.

Ella era “mujer de la casa”, hacendosa, ordenada, limpia. Le gustaba vestirse bien. Nunca le gustó juntarse con otras mujeres para las “habladurías”. Siempre reservada y discreta, cuidó las espaldas de la familia.

Fue muy trabajadora; habilidosa con sus manos, bordaba muy hermoso, era costurera y además le gustaba pintar. Cocinaba muy bien y se esmeraba por hacernos la comida que nos gustaba.

Muchas veces la oí decirnos: “No hay que ahogarse en un vaso de agua”. En este último año de su vida, me decía muy seguido que ella había puesto todo en las manos de Dios, que fuera lo que Él quisiera. Que las cosas ya se darían, que Dios sabría por qué no se daban ahora, haciendo referencia a algunas dificultades de familia por las que estábamos pasando. Yo siempre admiré de ella esa fortaleza ante el dolor y ese empuje por seguir adelante a pesar de ese dolor.

Amaba a la Virgen en su advocación de Nuestra Señora del Valle. Su imagen siempre presidió nuestra casa. Es una imagen que compraron en el Santuario de la Virgen del Valle en Catamarca, donde fueron de viaje de bodas. A ella siempre acudía, de hecho me decía: “La Virgen no nos va abandonar”. A Ella también encomendaba a todos los que le pedían oraciones.

Mi padre, a pesar de que no siempre estuvo cercano a Dios, sin embargo quería a la Virgen. Le gustaba mucho traerle flores. Todas las semanas venía con un ramo para la “Señora”, como la llamaba. En la fiesta de Año Nuevo del 2012, estábamos rezando ante la Virgen, y él, poniendo la mano sobre la Imagen, le dijo: “¡Gracias por acompañarnos durante tanto tiempo!” Solía salir a caminar y visitaba una plaza cerca de la casa donde vivían, porque allí había un monumento con una Imagen de la Sagrada Familia. Varias veces me invitó a ir con él. Una vez me llamó la atención cómo miraba la Imagen y le pregunté: “¿Que les decís?”. Y respondió con toda sencillez: “Les pido por toda la familia, para que nos protejan, que nos sigan cuidando como siempre, que siempre estemos todos juntos” – Rezaba con la simplicidad de un niño.

Me gustaba cuando se gozaba con el amanecer y el atardecer sanrafaelinos, con los colores del otoño y de la primavera. ¡Le gustaban tanto las flores y se gozaba con el canto de los pájaros! Disfrutaba con la naturaleza y con cada estación del año.

Admiré también en él su fortaleza. Durante el tiempo de su internación, sufrió muchísimo, pero nunca lo vimos manifestar su dolor. Horas antes de morir me apretó la mano fuertemente a pesar de estar tan débil por la enfermedad y me miró con una sonrisa, y con eso me dijo mucho más que con mil palabras. Yo comprendí que además de estar despidiéndose, me estaba diciendo “fuerza”. Horas después recibió los Sacramentos y se quedó como dormido, con mucha paz en su rostro.

Así era mi padre. Un alma simple.

En segundo lugar, debo agradecer a mis superioras por estar cercanas, por permitirme cuidar de ellos, por sus consejos, por su apoyo y ayuda. Es bueno saberse así acompañada, principalmente en los momentos en que por las exigencias de los cuidados que requería la asistencia a mis padres, debía dividirme entre no descuidar mi vida religiosa, los compromisos asumidos en el Instituto y al mismo tiempo, atender a las necesidades de ellos, además de disfrutarlos estos últimos años, sabiendo que en cualquier momento el Señor los llamaría a su presencia. No ha sido para nada fácil; había que luchar contra el propio cansancio, el desánimo a veces, otras dificultades, pero se pudo. Si ellos pudieron mantenerse unidos a pesar de las dificultades ¿por qué yo no podría seguir unida a mi Esposo, atender sus intereses y no descuidarlos a ellos?

Gracias también a todos los miembros de la Familia del Verbo Encarnado que me hicieron llegar sus oraciones, misas y condolencias. Especialmente agradezco al Padre Rodrigo Retes que los asistió espiritualmente en estos últimos años, y a los padres Héctor Caparrós y Rodrigo Retes por las Misas gregorianas que celebraron por el descanso eterno de sus almas.

¡Gracias Congregación querida, por admitir en tu ceno a los padres de tus hijos e hijas! ¡Cuántos ya se encuentran junto a Dios! ¡Ahora tienes dos hijos más que intercederán por vos en el Cielo!

M. María de la Providencia

martes, 1 de diciembre de 2015

ORDENACIONES SACERDOTALES

Invitamos a todos a presenciar el gran misterio por el cual estos hombres serán ungidos como verdadero diácono y sacerdotes de Cristo para siempre, la ceremonia se realizará el la Catedral "San Rafael Arcángel", el sábado 5 de diciembre a las 10:00 hs.


Recibirá el orden del diaconado el:
Sem. Rodrigo Alonso Fernández (Lima, Perú)

Recibirán el orden del presbiterado los siguientes:
Diác. Agustín Ambrosini (Tucumán, Argentina)
Diác. Fernando Lamas (Jujuy, Argentina)
Diác. Hernán Rivarola (Bs. As., Argentina)
Diác. Joaquín Ibarra (Bs. As., Argentina)
Diác. Joaquín Vicente (Salta, Argentina)
Diác. José Rossi (Bs. As., Argentina)
Diác. Martín Feliciosi (Bs. As., Argentina)
Diác. Pablo Pérez (San Rafael, Argentina)
Diác. Roque Buezas (Bs. As., Argentina)
Diác. Sergio Martiarena (Jujuy, Argentina)

Que la Virgen de los Dolores alcance de su Hijo para estos jóvenes, la gracia de la perseverancia y santificación.

¡Viva Cristo, sumo y eterno sacerdote!

viernes, 27 de noviembre de 2015

LA VOCACIÓN MISIONERA

¿Qué es la vocación apostólica o misionera?

Es el acto de providencia sobrenatural por el que Dios elige a algunos y les confiere las dotes convenientes para llevar la fe a los países no cristianos. Nuestro Señor Jesucristo aplicó, comenzando por los Apóstoles, y continúa aplicando en el tiempo los decretos eternos de Dios. Él transmite en todo tiempo a algunos hombres su misma misión: Como el Padre me ha enviado, así os envío yo (Jn 20, 21). La Iglesia recoge estas palabras y, a su vez, confirma esta divina misión. Todos los misioneros obran en nombre de la Iglesia.


Es ésta una vocación de cuantos, sacerdotes o religiosos, aman mucho al Señor y ansían que se le conozca, dispuestos a cualquier sacrificio con tal de conseguir este noble fin. No se requiere nada más. Todos los santos desearon siempre ir a las misiones: san Francisco de Asís, san Romualdo, santa Teresa, santa M. Magdalena de Pazzi y, últimamente, santa Teresa del Niño Jesús, proclamada por la Iglesia patrona de todas las misiones. En nuestros días, hasta los trapenses y las monjas trapenses están en las misiones.
Y en verdad, ¿qué diferencia hay entre predicar el Evangelio en nuestros países o anunciarlo a los no cristianos? ¿No es la misma vocación? ¿No es éste un estricto deber de todos los sacerdotes? Todo sacerdote es misionero por su propia naturaleza; la vocación eclesiástica y la misionera no se distinguen esencialmente; no se requiere, repito, más que un grande amor a Dios y celo por las almas. No todos podrán realizar el deseo de ir a las misiones, pero tal deseo debería serlo de todos los sacerdotes. El apostolado entre los no cristianos es, a este respecto, el grado superlativo del sacerdocio.
Si se trata de un religioso no sacerdote, cuando es de vida activa, especialmente si ésta se desarrolla en países no cristianos, también él es un verdadero misionero. Tal es el caso de nuestros hermanos.
Inquieta tal vez en alguna ocasión a los alumnos la duda de no ser llamados al apostolado. Pena angustiosa que hizo perecer la vocación de muchos o al menos enfrió el fervor para prepararse bien al apostolado. ¿Tenéis vosotros esta vocación? Respondo que no es necesario haber tenido signos extraordinarios, ni hay que pretenderlos. Aunque viniese un ángel del cielo podríamos dudar que se trata de una ilusión. Basta haber tenido algún signo especial, que tal vez pareció casual y Dios lo ordenaba, en cambio, a la santa vocación: la lectura de un periódico o libro misionero, un sermón sobre las misiones, el ejemplo de un compañero, la palabra del párroco o del confesor, acaso determinadas circunstancias de la familia, etc. Bastan estos signos. Son el camino ordinario de que se sirve Dios para despertar la vocación misionera en quien es elegido.

(Tomado del libro “La vida espiritual según las conversaciones ascéticas del siervo de Dios José Allamano” del Padre Lorenzo Sales)


Foto de Servidoras.

domingo, 22 de noviembre de 2015

“A EVANGELIZAR CON ALEGRIA”

misionesIVE noviembre 20, 2015 Ecuador

Virgen del Quinche


Del 5 al 8 de julio, tuvimos la visita del Santo a Padre a nuestro país donde visitó dos ciudades: Quito y Guayaquil, de las cuales Quito se encuentra a 13 horas de distancia del noviciado y Guayaquil a 7 horas. Viajamos a Quito con la Maestra de novicias, las 11 novicias, dos postulantes y dos aspirantes. Esta visita fue para nosotras toda una aventura a la cual dimos inicio el 4 de julio, para esto, semanas antes nos pusimos a vender “Quimbolitos” (una especie de torta de maíz envuelto en hoja, tradicional del país). Primero viajamos a Alausí donde fuimos alojadas en un internado a cargo de Hermanas Dominicas, salimos temprano hacia Riobamba para ir a Misa en el monasterio de las Conceptas donde se encuentra la imagen del Señor del Buen Suceso. Finalmente emprendimos el viaje a Quito, donde nos recibieron las Hermanas Franciscanas de “Sor Francisca de las Llagas Cornejo” en su casa de retiro ubicada en Tumbaco; al día siguiente mientras esperábamos la llegada del Papa a Quito, tuvimos la oportunidad de conocer “la mitad del mundo”, debido a que muchas de nosotras somos de otros países e incluso no todas las ecuatorianas lo conocían.


Llegando a la casa nos llegó la noticia que el Santo Padre pasaría a 2 cuadras de donde estábamos alojadas, inmediatamente nos preparamos para verlo. Al llegar a la avenida ya había muchas personas esperando, varios se acercaron a nosotras con la esperanza de que tal vez al ver religiosas podría parar, no ocurrió así aunque algunas pudimos ver su saludo y bendición. Aquí pudimos aprovechar para hacer apostolado.


Al día siguiente madrugamos para la misa en el parque Bicentenario, donde sería el encuentro más grande con el Santo Padre. Durante las horas previas a la misa se rezó el rosario, laudes, después realizaron cantos, y nosotras nos dedicamos a hacer apostolado. Cargábamos la bandera de Argentina con el nombre de las Servidoras. El ambiente era de alegría y expectativa pues queríamos ver al Santo Padre aunque sea de lejos. Primero entró la imagen de la Dolorosa de Quito (cuadro en el que la Virgen parpadeó varias veces ante los niños del colegio “La Dolorosa” de los Jesuitas) y después el Santo Padre en el papamóvil, recorriendo todas las zonas del parque.


Durante su homilía nos exhortó constantemente a la unidad diciendo “sean uno para que el mundo crea”, “es imposible que brille la unidad si la mundanidad preside entre nosotros”, “evangelizar es atraer con nuestro testimonio a los alejados”, “dándose el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo como hijo con el padre”, etc. Después de la Santa Misa, al salir del parque, muchas personas se acercaron a nosotras atraídas por la cantidad de hermanas y la bandera que cargábamos, y pudimos hablar con ellas. Regresamos a la casa a descansar, y seguidamente emprendimos viaje de nuevo, ahora hacia el Quinche, allí el se reuniría con los religiosos al día siguiente. Por gracia de Dios pudimos colocarnos justo frente al escenario; mientras se esperaba su llegada al santuario, se presentaron números de todo tipo por parte de varias Comunidades religiosas ahí presentes.


Allí, el Santo Padre pronunció un discurso en el que nos dio 2 principios que como religiosos debemos tomar en cuenta para nuestra vida: la conciencia de gratuidad, que debe manifestarse en nuestras vidas, recordando que Dios nos ha dado todo gratis y de la misma manera debemos darlo todo gratis; “cuídense de no caer en la enfermedad peligrosa del alzhéimer espiritual” dijo; junto con esto nos invitaba a renovar nuevamente y con profundidad las exigencias de la vida religiosa, recordando ese llamado especialísimo a la perfección que hemos recibido de parte de Jesucristo. Cuando llegamos, dos novicias pudieron pasar a la parte de adelante y terminaron exactamente en frente del Santo Padre y al final cuando se fue, una de ellas se le pudo acercar por una abertura que había entre el escenario y la salida, le contó que era de las Servidoras, le regaló un rosario y el Santo Padre le bendijo la cruz. Todas estábamos emocionadísimas mientras lo veíamos todo a distancia.

Saliendo del parque, 4 hermanas se fueron a la iglesia San Francisco, allí había que entrar con boletos, los cuales nos los regalaron. Nos dieron los asientos que estaban exactamente debajo de donde iba a hablar el Santo Padre.

Luego de la visita del Papa, tuvimos la oportunidad de quedarnos dos días más en peregrinación para conocer las Iglesias, catedrales y museos que hay en Quito, pudimos conocer a dos de nuestros santos: Santa Mariana de Jesús, llamada la Azucena de Quito (donde también se encuentra una réplica de La Dolorosa de Quito), muy conocida por sus fuertes penitencias y al Hermano Miguel Febres Cordero. Visitamos la tumba del Siervo García Moreno (Ex Presidente del Ecuador) y el convento del P. Almeida. Aquí también tuvimos la gracia de hacer apostolado con los niños betuneros del centro.

Virgen del Panecillo (Virgen de Legarda), se la puede ver en cualquier parte de la ciudad.
Basílica Nacional del Voto donde se encuentra el acta de consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús; desde el altar mayor se puede ver, a través de un ventanal con la imagen del Sagrado Corazón, la imagen de la Virgen del Panecillo, lo cual fue tomado en cuenta al momento de la elaboración de la escultura.


Visita a nuestra Señora de Agua Santa – Baños – Ecuador. En esta cascada fue donde se apareció.


Damos gracias a Dios por haber tenido al Santo Padre en nuestro país y por habernos permitido conocer más de nuestro país, en especial de nuestros santos e historia.

Hermanas del Noviciado Madre María Reina del Cisne

sábado, 21 de noviembre de 2015

Noticias breves de Alemania

misionesIVE noviembre 20, 2015 Alemania

Queridos todos,

con estas noticias los queremos poner brevemente al corriente sobre la misión encomendada al IVE en Alemania. En octubre del 2015 el IVE cumplió cinco años de permanencia en la parroquia Sagrada Familia (Heilige Familie) en la ciudad de Rüdersdorf bei Berlin. Nuestra parroquia como ya precisado en otras crónicas anteriores comprende tres iglesias: una en la sede de Rüdersdorf y otra en Herzfelde a unos 6 km de distancia y la tercera en Schöneiche a unos 4 km. Las tres localidades suman aprox. unos 30 mil habitantes, de los cuales mil son católicos.



Este mes hemos celebrado también la fiesta parroquial, día en el cual luego de una santa Misa conjunta para las tres comunidades y se hizo acción de gracias a Dios por la cosecha. Como gesto se ofrecen las primicias de los frutos junto con las especies de pan y vino durante la Misa. El resto del día se pasa hasta la tarde juntos en el patio parroquial comiendo juntos y desarrollando algunas actividades recreativas para los niños. Este año tuvimos también un momento de adoración acompañado con algo de música durante la misma como espacio de oración personal por la tarde.



Luego de haber iniciado el año escolar se organizó un sábado para los niños, a lo cual asistieron los niños de primera comunión y varios más de edades entre 6 y 12 años. Gracias a un grupo de madres que atentamente colaboraron con el sacerdote se pudo tener este día para los más pequeños. Dado que la iniciativa gustó tanto a los niños y también a las madres, se propuso repetirla algunas veces más durante el año. Esto sería un comienzo de oratorio para niños.



EE para hombres: el primer fin de semana de octubre, que es fin de semana largo en Alemania por la fiesta de la reunificación de las dos Alemanias (República Federal y República Democrática) el 3 de octubre, el padre Harol Bumann predicó EE espirituales a cuatro varones. Ya en el semestre pasado se había predicado a 6 mujeres.

Junto con el año escolar, se han comenzado los respectivos cursos para el sacramento de la santa primera comunión y la confirmación. En primera comunión hay 7 niños y para confirmación 8 adolescentes. Como se percatarán, los grupos en esta zona son pequeños. No hay que olvidar que esta parte de Alemania estuvo bajo el comunismo ruso por medio siglo y que además es Diáspora, i.e. zona minoritaria católica. Sólo el 10% de la población es católica en el noreste de Alemania. Con todo, los católicos en general tienen aún bastante conciencia de su Fe y tratan de practicarla.



Una actividad relativamente propia del sistema parroquial alemán, son las elecciones para el consejo parroquial. En estos meses se organiza una mini campaña electoral dentro de la parroquia donde los mismos parroquianos interesados en colaborar con los sacerdotes se proponen en una lista y luego todos los parroquianos registrados en la jurisdicción parroquial pueden votar un día determinado; esto será Dios mediante a fines de noviembre próximo. Si bien es algo sencillo, tiene su importancia dado que la gente que se ofrece para participar se compromete a ayudar. Las elecciones se realizan cada cuatro años; la vez anterior se pudo hacer poco respecto a invitar a diversos parroquianos a ayudarnos dado que los sacerdotes tenían apenas un año en la parroquia y no conocían aún en profundidad la gente ni la situación. Esta vez es distinto y esperamos poder recabar gente que hemos podido conocer en estos años de modo que se pueda trabajar juntos para la gloria de Dios y la salvación de las almas.



Como última noticia compartimos la alegría que desde septiembre han llegado a Alemania dos nuevos misioneros, a saber, los padres Martin Villagrán y William Duraney. Los padres están empezando su estudio de la lengua para en el futuro poder desempeñarse ayudando pastoralmente. Queremos agradecer a todos aquellos que rezan por los misioneros y ofrecen sus sacrificios a nuestro Señor por nosotros y les encomendamos a los nuevos padres recién llegados.



En Cristo y María,

Harold Bumann y Federico Ceriani

viernes, 13 de noviembre de 2015

La Familia “Rica”



Para leer con atención y meditar


Nunca olvidaré la Pascua de Resurrección de 1946. Vivíamos con nuestra madre. Ocy, mi hermana menor, tenía 12 años, Darlene, mi hermana mayor, dieciséis, y yo tenía trece años. Las cuatro sabíamos lo que era vivir sin muchas cosas. Mi padre había muerto hacía cinco años, dejando a mi madre con siete hijos y sin dinero. Para 1946, mis hermanas mayores ya estaban casadas y mis hermanos ya se habían ido de casa. Un mes antes de la Pascua, el párroco anunció que se haría una ofrenda especial en el domingo de Pascua para ayudar a una familia pobre. Nos pidió a todos que ahorráramos y diéramos haciendo sacrificios.

Cuando llegamos a casa, hablamos de lo que podíamos hacer. Decidimos comprar 50 libras de papas y vivir de ellas por un mes. Esto nos permitiría ahorrar $20 en nuestras compras de comida para poder ofrecerlo en la ofrenda. Si manteníamos las luces apagadas lo más frecuentemente posible y no escuchábamos la radio, ahorraríamos dinero en la electricidad. Darlene buscó trabajo limpiando casas y jardines y también cuidábamos niños para todas las personas que pudiéramos. Por 15 centavos podíamos comprar suficiente rollos de algodón para hacer tres agarraderas de ollas y venderlos por $1.

Hicimos $20 en agarraderas de ollas. Ese mes fue uno de los mejores tiempos de nuestras vidas. Todos los días contábamos el dinero para ver cuanto teníamos. Por la noche compartíamos a la luz de una vela como esta familia pobre iba a gozar el dinero que le daríamos todos en la Iglesia. Habían unas 80 personas en la Iglesia, y pensamos que la ofrenda sería bien buena. Después de todo, cada domingo, el párroco nos había recordado que ahorráramos para el “donativo sacrificial”.

El día antes de Pascua, Ocy y yo caminamos al mercado para que nos cambiaran todas nuestras monedas por tres billetes de $20 y un billete de $10. Corrimos a casa para mostrarle a mamá y a Darlene. ¡Nunca habíamos visto tanto dinero! Esa noche estábamos tan contentos, que casi no pudimos dormir. No nos importaba que carecíamos de ropa nueva para el domingo de Pascua, teníamos $70 dólares para el “donativo sacrificial”. Estábamos impacientes por llegar a la Iglesia.

El domingo por la mañana, llovía mucho. No teníamos paraguas y la Iglesia estaba a más de una milla de nuestra casa. No nos molestó mojarnos. Darlene tenía unos pedazos de cartón en sus zapatos para cubrir sus agujeros, pero estos se despedazaron por el agua y se mojó los pies. Con mucho orgullo nos sentamos en la Iglesia. Escuchamos unos muchachos murmurando que nosotras vestíamos ropa vieja. Yo les vi con su ropa nueva pero me sentí rica. Teníamos $70 para la familia pobre.

Cuando la “donación sacrificial” fue colectada, nosotras estábamos sentadas en la segunda fila del frente. Mamá puso el billete de $10 y cada una de nosotras pusimos un billete de $20. Todo el camino de regreso de la Iglesia íbamos cantando. Para el almuerzo, mamá tenía una sorpresa. Había comprado una docena de huevos para hervir y comerlos con nuestras papas fritas.

Esa tarde, de sorpresa, el párroco pasó por casa y mamá habló con él en la puerta. Ella entró con un sobre en la mano. Le preguntamos qué era, pero no nos respondió. Su rostro estaba pálido y nos pareció que era una mala noticia. Al abrir el sobre vimos los tres billetes de $20, uno de $10 y diecisiete billetes de $1. Mi madre puso el dinero otra vez en el sobre. No hablamos, simplemente nos sentamos y quedamos mirando al piso. Habíamos pasado de sentirnos como millonarios a sentirnos miserables.

Como muchachos tuvimos una vida tan feliz que sentíamos tristeza por aquellos que no tenían una mamá y un papá como los nuestros y una casa llena de hermanos y hermanas y otros niños que nos visitaban. Nos parecía divertido compartir los cubiertos y ver si nos tocaba la cuchara o el tenedor en esa noche. Teníamos dos cuchillos para todos. Sabíamos que no teníamos muchas cosas que otras personas tenían, pero nunca pensé que éramos pobres hasta que llegó aquel domingo de Pascua.

Nuestro párroco nos había traído el dinero para la “familia pobre”. Así supimos que nosotros éramos “pobres”. No me gustaba ser pobre. Miraba mi vestido y mis zapatos gastados y sentía vergüenza. Ni siquiera quería regresar a la Iglesia. Ya todo el mundo sabía que éramos pobres. Pensé en la escuela. Estaba en noveno grado y era la mejor estudiante de mi clase de más de cien estudiantes. Me preguntaba si los muchachos en la escuela sabían que éramos pobres. Toda esa semana, fuimos al colegio, regresábamos a casa y casi no hablábamos. Finalmente el sábado, mamá nos preguntó que queríamos hacer con el dinero. ¿Qué hacía la gente pobre con el dinero? No sabíamos. Nunca supimos que éramos pobres. No queríamos ir a la Iglesia el domingo, pero mamá nos dijo que teníamos que ir. Aunque era un día soleado, nadie habló y mamá comenzó a cantar pero nosotras no.

En la Iglesia un misionero de visita habló sobre como su iglesia en África hacía edificios de ladrillos de barro pero necesitaba dinero para los techos. Explicó que con $100 dólares podían hacer un techo. El párroco dijo, “¿acaso no nos podemos sacrificar todos para ayudar a esta pobre gente?” Nos miramos y por primera vez en una semana nos sonreímos. Mamá sacó el sobre de su cartera, lo pasó a Darlene, que me lo pasó a mi y yo se lo dí a Ocy para que lo pusiera en la ofrenda.

Cuando contaron la ofrenda, el párroco anunció que había sido un poco más de $100 dólares. El misionero se puso contento, porque no esperaba una ofrenda tan grande de nuestra pequeña iglesia (En aquel tiempo eso era mucho dinero). Dijo el misionero, “seguramente tienen una familia rica en esta iglesia”. De pronto nos percatamos. Nuestra familia había contribuido $87 de ese dinero. Nosotros éramos la “familia rica” de la Iglesia. ¡Es verdad, éramos la familia rica!. Desde ese día, nunca mas nos sentimos pobres.

jueves, 12 de noviembre de 2015

CUANDO SE PIENSA....

Oración de HUGO WAST (1)

Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.
Cuando se piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.
Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.
Cuando se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.
Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.
Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.
Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos.
Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.
Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.
Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.
Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.
Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.
Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.
Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.
Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.
Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado.
Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.
Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

1. Novelista y político argentino cuyo verdadero nombre era Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963). Estudió leyes, y economía política. En 1943 fue ministro de Justicia y de Educación pública, cargo que aceptó con la condición de que se introdujera la enseñanza religiosa en todas las escuelas. Escribió numerosas obras de literatura, muchas de ellas de carácter religiosas

ESTE 14,15 Y 16 REZAMOS JUNTAS POR LAS VOCACIONES Y POR LA SANTIDAD DE LOS CONSAGRADOS.
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