lunes, 5 de octubre de 2015

SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y LOS ESPOSOS”

Por P. Agustín Spezza, IVEoctubre 4, 2015Reflexiones sobre Arte Sacro


Icona del Laboratorio “La Glikophilousa”

Autor: Del sitio: “Pregare con l’icona”. Fuente: http://www.piccoloeremodellequerce.it

Introducción: Querida familia: Pidamos la intercesión del Arcángel San Miguel por EL SÍNODO DE LA FAMILIA que comienza hoy. La familia es “la célula primera y vital de la sociedad”, tanto civil como eclesiástica, ya que “el Creador de todas las cosas estableció la sociedad conyugal como punto de partida y fundamento de la sociedad humana” (Concilio Vaticano II, Decreto sobre el apostolado de los laicos n. 11) por eso es el blanco de tantos ataques. El Card. Cafarra cuenta que cuando por decisión del santo Papa se creó el Instituto “Juan Pablo II” para estudios sobre matrimonio y familia, recibió una carta de Sor Lucía de Fátima, en la cual ella lo animaba a trabajar firmemente en defensa de la familia, afirmando que “el enfrentamiento final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre la familia y sobre el matrimonio”.



Traducido del italiano: “San Michele Arcangelo e gli Sposi”

SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y LOS ESPOSOS
“El Ángel es manifestación viviente de Dios,
el nombre de Dios es en él
y con su nombre su presencia”
Pavel Evdokimov
Este icono representa al Arcángel Miguel que bendice y protege a los esposos. En la iconografía del Antiguo Testamento los Angeles son siempre representados como Espíritus de luz que anuncian y llevan a la práctica fielmente la voluntad de Dios reflejando así la compasión por los hombres.
Se lee en el Libro del Éxodo (23, 20-25)
“He aquí que Yo envío un Ángel delante de ti, para guardarte en el camino, y para conducirte al lugar que te tengo dispuesto. Muéstrale reverencia y escucha su voz; no le irrites; porque no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Si escuchas atentamente su voz haciendo todo lo que Yo diga, seré enemigo de tus enemigos y oprimiré a tus opresores. Porque mi Ángel caminará delante de ti y te introducirá en el país del amorreo, del heteo, del fereceo, del cananeo, del heveo y del jebuseo; y Yo los destruiré. No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitarás sus obras; al contrario, los destruirás por completo y quebrarás sus piedras de culto. Vosotros serviréis a Yahvé, Vuestro Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua. También las enfermedades las desterraré de ti”.
¿Cuál es la misión de los Ángeles?: custodiar y allanar el camino de la salvación, ofreciéndose como compañeros de camino para dirigir y manifestar la voluntad de Dios.
Entre las creaturas angélicas, Miguel, en particular, es el ángel de la luz que custodia el mundo, se opone al Mal y es propuesto al pueblo elegido. Su nombre significa: “¿Quién como Dios?” (Mikael en griego) y nos da testimonio de la fidelidad en el acto de proteger y custodiar.
El culto al Arcángel Miguel se desarrolla tanto en Oriente como en Occidente desde los siglos IV y V y su misión es la de conductor de las milicias celestes. En la iconografía del Nuevo Testamente, es representado in lucha contra el dragón, Satanás, que intenta devorar al Hijo de una parturienta, símbolo de la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal:
“Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas, la cual, hallándose encinta, gritaba con dolores de parto y en las angustias del alumbramiento. Y vióse otra señal en el cielo y he aquí un gran dragón de color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se colocó frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo luego que ella hubiese alumbrado. Y ella dio a luz a un hijo varón, el que apacentará todas las naciones con cetro de hierro; y el hijo fue arrebatado para Dios y para el trono suyo. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para que allí la sustenten durante mil doscientos sesenta días.
Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón; y peleaba el dragón y sus ángeles, mas no prevalecieron, y no se halló más su lugar en el cielo”.
LECTURA DEL ICONO
En el icono que contemplamos, el Arcángel Miguel, con sus amplias alas, protege y bendice una pareja de esposos. La ligereza de sus alas “simboliza la ausencia de toda atracción terrenal, el impulso total y puro, ausente de toda pesantez, hacia las cimas” (Dionisio Areopagita). Y es precisamente hacia las cimas del Amor divino que quiere conducir a los esposos , para que de su nupcialidad fecunda fluya, limpio y puro, el sí a la Alianza con Dios.
Su majestad calma impregnada de fuerza divina rocía de paz serena el tiempo y el espacio e invita a los esposos a custodiar un corazón pacificado en la confianza para que escuchen incesantemente las promesas de Dios: “¿Hay acaso para Yahvé cosa imposible? (Gn 18,14).
Los trazos de su rostros dejan transparentar la peremne juventud de Dios que se refleja sobre el rostros mismos de los esposos, sellados por la franqueza de su unión celebrada en novedad de vida.
Él está lujosamente vestido der perlas preciosas, símbolo de su realeza, y lleva entre las manos un globo celeste porque ya está redimido por Cristo. En la mano derecha sostienen con seguridad la lanza para combatir al Enemigo: un detalle particular es éste que hace visible a nuestros ojos la protección y la presencia del amor divino en el misterio de la Alianza nupcial.
El hombre y la mujer están unidos entre ellos por un hilo blanco y rojo: blanco, porque es el símbolo de la santidad que se realiza en el pacto conyugal a través de un amor fiel, indisoluble y eterno. Un amor que manifiesta en nuestra historia la eternidad, la fidelidad y la irrevocabilidad del amor de Dios por sus hijos. Rojo, porque expresa el vínculo y la pasión de los esposos en escoger a manos llenas el don recibido y al mismo tiempo su gran vínculo al “entrelazarse” con el amor de Dios.
El esposo está vestido de amarillo y marrón:
El amarillo, símbolo de la fe, junto al marrón significa una adhesión encarnada, mixtura de luz y de sombra, nupcialidad entre la tierra y el cielo. La Esposa en cambio está vestida de rojo brillante, el color de la fecundidad y del azul: la mujer es aquella que con levedad indica el Cielo… Ambos, esposo y esposa, son el signo del infinito amor de Dios que, en el regazo nupcial, fecunda de vida la tierra y al mismo tiempo dice: “Era algo muy bueno-bello!” (Cfr. Gen 1,31).
El esposo lleva un bastón, símbolo de protección, recíproco apoyo, pero también del peremne camino en las rutas de la vida y de la devota peregrinación que deben realizar “hacia las cimas”. La esposa tiene las palmas abiertas hacia nosotros: reza, intercede, se ofrece, confiada, a sí misma y a su nueva familia a Dios, fuente de la protección del Ángel.
Abajo, a la derecha, se alcanza a ver un cardo que florece sobre la roca. Esta flor es signo de la vida que se desenvuelve incluso en las situaciones más difíciles, cuando, con la ayuda de Dios y de su Arcángel, se desafía el mal.
Esto es: entre los cardos madura y se purifica el amor. Sí, entre las pruebas, aceptadas con dócil y confiada esperanza, a la sombra del Omnipotente, como dice el Salmo 90 ahora rezamos juntos:
“Tú que te habitas al amparo del Altísimo,
Que vives a la sombre del Omnipotente,
di al Señor: “Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.”
Él te libreará de la red del cazador,
De la peste funesta.
Te cubrirá cvon sus plumas,
Bajo sus alas te refugiarás:
Su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno,
Ni la flecha que vuela de día,
Ni la peste que se desliza en las tinieblas,
Ni la epidemia que devbasta a mediodía.
Caerán a tu izaquierda mil,
Diez mil a tu derecha;
A ti no te alcanzará.
Tan sólo abre tus ojos
Y verás la paga de los malvados,
Porque hiciste del Señor tu refugio,
Tomaste al Altísimo por defensa.
No se te acercará la desgracia,
Ni la plaga llegará hasta tu tienda,
Porque a sus ángeles ha dado órdenes
Para que te guarden en tus caminos;
Te llevarán en sus palmas,
Para que tu pie no tropiece en la piedra;
Caminarás sobre áspides y víboras,
Pisotearás leones y dragones.
“Se puso junto a mí: lo libraré;
Lo protegeré porque conoce mi nombre,
Me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
Lo defenderé, lo glorificaré;
Lo saciaré de largos días,
Y le haré ver mi salvación.”

El mensaje que éste icono custodia y nos confía es por lo tanto el de una serena confianza frente al misterioso devanarse de nuestra vida: siempre y de cualquier modo, el Omnipotente manda su ángel en nuestro socorro, y entre los terrones oscuros de nuestra tierra, la semilla de su Vida crece y lleva fruto…!!!

Fuente: http://www.piccoloeremodellequerce.it/gliko/Preghiere%20con%20l’icona/Arcangelo_%20e_%20Sposi.htm

domingo, 4 de octubre de 2015

El misionero es un hombre estrujado

Posted on octubre 2, 2015


Ushetu, Tanzania, 22 de septiembre de 2015.

Si no lo dijera un santo, uno no se animaría a decirlo, pero los otros días leí una frase que me envió una religiosa, que me causó un poco de gracia y a la vez me pareció muy exacta, a la luz de lo que he vivido en estos últimos meses. Así reza la frase, que se refiere a los sacerdotes: “Entra en los planes de Dios ser estrujados, la caridad nos urge de tal manera que no podemos rechazar el trabajo: consolar un triste, ayudar un pobre, un enfermo que visitar, un favor que agradecer, una conferencia que dar, escribir un artículo, organizar una obra y todo eso añadido a las ocupaciones del día”. Palabras de nuestro querido San Alberto Hurtado, el santo chileno.


El sacerdote es un “ser estrujado”… nos puede causar un poco de gracia, es verdad. Yo había leído que El sacerdote es un hombre despojado, crucificado, y comido… Pero nunca había leído que era un hombre estrujado. Y me parece muy buena definición.





Lo pensaba los otros días, de manera especial cuando fui a una aldea que se llama Itobola, a 27 km del centro parroquial. Como estamos en plena época de sequía, se multiplica mucho el trabajo, y lo noto particularmente porque estoy solo en la parroquia. En este tiempo piden las misas de bautismos de niños en todas las aldeas, más los casamientos, y la bendición de los frutos, el matomolo. Al llegar a la aldea, habían preparado para tener la misa afuera, porque la capilla es muy chica, y con sólo los niños para bautizar y sus padres y padrinos, se llenaba. Pero lo malo fue que cerraron todo con toldos plásticos, del lado del altar, de tal manera que no corría nada de aire, efecto invernadero. Así al momento del sol radiante del mediodía, en esta época seca, el calor fue tremendo. Hicimos un casamiento de una pareja muy jovencita.









El novio traspiraba que causaba admiración, y yo dudaba si era del calor o los nervios. En el caso mío, era del calor. Y en este momento me acordé de que “el sacerdote es un hombre estrujado”, según la frase de San Alberto Hurtado, pero cambiándole un poco el sentido, porque me acordaba al estar traspirando copiosamente. En el momento del ofertorio de la Misa, cuando tomo la botella del vino, estaba caliente… pero caliente, no tibio. Tanto que le dije al monaguillo que parecía un té, y se tentó de risa un poco. Ni bien terminamos la misa con el casamiento, procedimos a los 44 bautismos, pero les sugerí trasladarnos a la sombra del gran árbol que está en la puerta de la capilla. Dichosa elección.





Se bautizaron 43 niños, y un anciano de 83 años. Finalmente, luego de las fotos, fuimos a comer con los novios, en la casa de los padrinos, antes de llevar la novia a su casa, para que se despida de su familia, y luego ser recibida en la casa del novio, donde se hace la fiesta.



Al terminar de comer, visitamos a una anciana, que me dio muchísima pena ver el estado en que se encontraba, en una habitación sin ventanas, toda oscura, o si habían ventanas, no se notaba su presencia. El piso de tierra y todo muy sucio. Pude ver dos pedazos de colchones, la anciana comiendo en el piso, y un olor que producía repulsión. Luego de saludarla, llamé a uno de los hijos para enseñarle, pero también para recriminarle, porque sobre todo los católicos son consientes de que eso está mal, porque se les enseña en el catecismo el deber de los hijos para con los padres ancianos. Luego de darle la unción de los enfermos, seguimos con las reuniones con los líderes, y terminamos llegando de noche a la misión. Y me volvía a acordar de la frase, ahora sí en el sentido que le quería dar San Alberto, porque luego de levantarnos a las 5:00 am para la oración, en el día de visitas a las aldeas, no paramos en ningún momento, hasta llegar a la noche. El misionero es un hombre estrujado.





Los otros días pude estar en la aldea de Ngokolo, y allí también llegué luego de rezar la misa aquí en la parroquia. Después de llegar a la aldea se siguen las confesiones, luego hubieron 51 bautismos en la angosta capilla abarrotada de gente, terminando a las dos de la tarde, y allí comenzar la misa de matrimonio. Luego de la misa fuimos a ver una enferma, que no parecía tan grave, pero que pedía el bautismo y por lo tanto había que verla. Enferma de SIDA, muy joven de 35 años aproximadamente, y con dos hijos muy pequeños, uno de ellos, al menos lo que pudimos ver, también con la misma dolencia. Le administré el bautismo y la confirmación, al ver el estado en que estaba. La comunión no pudimos, porque no me avisaron antes de la misa para que reservara alguna forma. Eso fue una pena. Pero por otro lado, fue muy hermoso el momento, porque rezamos todos, y ella muy lúcida todo el tiempo. Muchos chicos cerca rezando también. Hoy me avisaron, que ayer falleció, después de cinco días de bautizada. Parecía que estaba esperando esto, y yo me alegro de haber tomado la decisión correcta, aunque muchas veces cuesta valorar objetivamente. Y lo digo porque luego de un día largo, caluroso, con viento y polvo, un viaje caluroso también, las confesiones, los 51 bautismos en una capilla pequeña en una ceremonia de casi dos horas, a la hora del mediodía, la misa a las tres de la tarde, terminando a las cuatro y media… cuando uno se dispone a sentarse en algún lugar donde corra un poco de aire, le dicen que hay que ir a ver a un enfermo. Al menos en mi caso se me presentan ante mi imaginación las imágenes de esos caminos “radiantes”… con un sol que encandila, el calor y la sotana. Por eso digo que doy gracias a Dios de haber tomado la decisión correcta. Estará en estos momentos intercediendo por nosotros.





Finalmente, en el día de hoy, fui a una aldea que queda en el extremo occidental de la parroquia, una de las aldeas mas lejanas, a 40 km de distancia y se llama Nonwe. El año pasado estuve allí, y me había traído una imagen no muy feliz de esa aldea, ya que la iglesia estaba en muy mal estado, además en el centro del pueblo, con todas las contras que se derivan de eso. Hay ruido, música, suciedad, borrachos, etc. Los fieles no eran muchos, y ese día ni el catequista había estado presente en la Misa. Antes de la Misa, y durante las confesiones, se armó una pelea entre dos borrachos afuera, y todos los feligreses salieron a ver el espectáculo. Durante aquella Misa pasaban grupos de niños musulmanes y cantaban en las ventanas de la capilla, no intencionalmente, sino que justo los vecinos, pegados a un metro de distancia, eran musulmanes.





Pero hoy fue totalmente diferente. Primero les cuento del viaje. Antes de llegar a Nonwe se pasa por la aldea de Ihata. Me dio una gran pena, porque la capilla católica estaba totalmente en ruinas, destruida, sin techo y las paredes tumbadas por partes. El año pasado tomé unas fotografías que ahora se las muestro para que vean. La iglesia tenía el techo un poco dañado, lo que pudimos ver en aquella ocasión. Pero lo de hoy fue triste. Luego me dijeron que hay un nuevo catequista, que rezan debajo de un árbol, que ya han hecho los ladrillos y en poco tiempo esperan poder volver a edificar. Pero yo quiero que se muden a otro terreno, porque están al lado de los protestantes, y encima si bien su capilla no es gran cosa, luce entera. Pero sobre todo el problema suele ser que la celebración de la palabra no se puede hacer en total paz. Ojalá que pueda ayudarlos a comprar un terrenito, aunque mas no sea de media hectárea, que no sale mas de 75 euros, así se mudan y comienzan a edificar.





Al llegar a Nonwe, nos espera siempre el panorama desolador del centro de la aldea, con los negocios, la música, la suciedad en la calle… pero la grata noticia era que ya se habían mudado de lugar los católicos. Compraron dos hectáreas de terreno a 300 metros, y ya el cambio es notorio. Al ir llegando la capilla lucía unas chapas brillantes a más no poder bajo el solazo de las 11:00 am. Llena de gente, y gente afuera, el coro que salió cantando a recibirnos… todo un ambiente diferente.



Confesé casi por dos horas debajo de un arbolito que nos daba sombra sólo con sus ramas, sin hojas. Yo veía que los minutos pasaban, la iglesia estaba llena de gente que me había estado esperando antes de que yo llegara, y las confesiones continuaban por largo tiempo. Mucho calor, y las mamás con los niños para bautizar dentro de la capilla, el único lugar con sombra. La gente no puede confesarse en otro momento, y así me acordaba de las palabras de Josué cuando le mandó al sol: “Detente sol sobre Gabaón”… “Y el sol se detuvo”… (Jos 10, 12-13). Dice la Sagrada Escritura que “No hubo día semejante ni antes ni después, en que obedeciera Yahveh a la voz de un hombre”. Se desearía que en esos momentos el tiempo no corriera, para poder confesar tranquilos, y que no se atrase todo. No me animé a pedirlo así. Pero sí recuerdo esas palabras cuando pienso en el momento de la consagración de la Misa, donde “Dios se hace obediente a la voz de un hombre”.





Luego de la Santa Misa, hicimos los 26 bautismos de niños, en la capilla muy llena de ruido, de gente, de barullo. Luego las fotos de costumbre, los saludos. Reparto de medallas a todo el mundo, caramelos a los chicos. Bendición del agua, y del matomolo. Y me pide el catequista que vayamos a visitar a una anciana que tiene cerca de cien años. Antes de eso, la comida, como que ya son las cuatro de la tarde, y al terminar la comida comienzan a venir algunas personas que querían plantearme sus casos, problemas, consultas. Finalmente, los líderes, y les pido que resumamos, porque todavía no habíamos ido a ver a la anciana, y no quería llegar tan de noche a la misión.





Camino de la casa de la enferma, pasamos por un predio donde estaban haciendo bailes típicos de esta tribu sukuma. Habían grandes tambores y los tocaban muy fuerte. Se sentían de muy lejos. Había mucha gente, y cuando pasamos no pude dejar de llamar la atención, ¿un “mzungu” por estos lados? Le pedí a uno de los monaguillos que tomara una foto para poder mostrarles a ustedes. Había mucha gente, y la verdad que no son bailes buenos, son bien paganos, y la manera en que bailan no es para nada decente. Incluso el aspecto del que dirige todo se parece mucho al de un brujo, y no inspira mucha confianza que digamos. De paso que estas fiestas siguen hasta muy entrada la noche, y con la ayuda del alcohol, no falta mucho para que se conviertan en orgías.





Finalmente, en un atardecer de ensueño, nos tomamos unas fotos con los monaguillos, ya camino de regreso. Y volvía a pensar en esto, y con ganas de escribirlo, como ahora lo hago… esos momentos que se hacen difíciles, con el cansancio y el sueño, con el calor y el hambre, y toda la gente que quiere confesarse y hablar… y tienen todo el derecho, porque no saben cuándo volverá el sacerdote a su aldea; digo que en esos momentos es bueno que no nos olvidemos que el misionero es un hombre estrujado.

Pienso ahora también agradecerles las oraciones. Porque no estoy seguro, pero creo que cuando les conté el año pasado de la aldea de Nonwe, les pedí oraciones, como siempre lo hago. Y vean qué hermosos frutos se van dando. Y para fin de año me esperan 37 bautismos, pero de catecúmenos, es decir de gente grande o jóvenes que se vienen preparando hace tiempo. Hasta una señora vino a hablarme de que ella venía de otra parroquia, se había mudado, y era miembro del grupo del Sagrado Corazón, y preguntaba si podían comenzar el grupo allí… y veo que todo esto es providencial, gracias a tantos que rezan.

Yo ahora les pido: ¿Podrán rezar por la aldea de Ihata? Lo necesitan mucho. ¿Podrán rezar para que los misioneros seamos estrujados hasta la última gota? Como lo fue Cristo, que en la cruz entregó hasta la última gota de su sangre, hasta que no quedaba más, hasta derramar sangre y agua, fue “estrujado”, por amor a las almas.

¡Muchas gracias! ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

sábado, 3 de octubre de 2015

Poesía martirial



Compartimos dos poemas sobre nuestros mártires del Pueyo.

Los 18 beatos mártires del Pueyo, junto a su monasterio y su Madre.

SONETO A LOS 18 MÁRTIRES DEL PUEYO BARBASTRENSE

Santos monjes, murieron cual vivieron:

padre Mauro y enrojecida grey;

por María del Pueyo y Cristo Rey,

entre cantos, su limpia sangre dieron.



Bárbaros hombres, sin Fe, Amor, ni Ley,

a Dios de España eliminar quisieron.

Estos justos perdonando murieron,

y así vencieron, cual su Cordero Rey.



La gracia del martirio conquistaron,

pues rezando, y por Dios, trabajando,

ni una gota de sudor mezquinaron.



Y en el Cielo estarán celebrando,

para siempre, lo que aquí comenzaron,

vivir muriendo, y por Cristo, amando.

A mis queridos hermanos mayores, y amigos en el Cielo, los beatos mártires Monjes de El Pueyo, 20 de agosto de 2015, memoria de San Bernardo, abad.



TRIBUTO A UNA MUERTE EN EL SILENCIO

Juan Manuel del Corazón de Jesús Rossi

(El Pueyo de Barbastro, España)


«Yo os digo que, si ellos callasen, las piedras gritarían».

(Lc 19, 40)



Se hizo en el cielo el silencio. Fue un instante.

Instante de lo eterno.

Llenábalo un soplido, un latir del corazón;

y en la tierra, el rechinar del infierno,

tras el chirrido sordo del camión,

el eco alcanza.

Y no encuentra voz que cante

a su desesperanza.



Hizo en el cielo el silencio la Santa Trinidad

y vio con ojos fijos a los suyos.

Pensó en su pacto.

Recordó la promesa de su gracia

y su anhelo de reinar.

Y en aquel silencio infinito oyó vivar

los fueros cuyos,

con tal hombría y tal fidelidad

que el todo de su Acto

la congracia

del riesgo de la humana libertad.



Hizo también silencio Santiago el adalid,

ese caudillo y patrón de las Españas.

Se fue en un ruego

su aliento contenido,

y con sus ojos de fuego

reflejó a Dios y después lo miró al Cid

y a una legión con aureolas de santos caballeros.

Y el valor invencible que en todas sus hazañas

terció españolamente su pecho embravecido

lo reclamó como don

para los temples postreros

y el último latido

de cada religioso e inmolado corazón.



Y al tiempo que Santiago,

su padre de la fe,

todos los mártires y santos españoles

callaron en su ¡Hosana!

Y ese silencio castellano de innúmeros bemoles

la dote patria fue

para alcanzar a aquellos monjes la fuerza y la prestancia.

Y no fue prenda vana.

Que al Rey valió por pago

de su perseverancia.



Y calló con los demás, y no hizo coro,

Balandrán, el pastor, el del portento,

Balandrán el sencillo, el magnánimo, el testigo,

el sabedor del Pueyo y su tesoro,

y más sabedor de la cruz y el sufrimiento.



Y el Patriarca san Benito,

que nunca antepuso su propia palabra a Aquel que es la Palabra,

viendo a sus hijos que están para ser muertos

y oyendo, en real saludo, su monástico grito,

con ese su silencio, con que reza y con que labra,

impetra a Dios les abra

en su cenobio infinito

un claustro más callado que todos los desiertos.



Y cuando la descarga de fusilería

rasgó la quietud del cielo y de la tierra,

no fue música extraña

para tantos oídos

que de ese recodo de camino de montaña

se sentían por tiempo y por sangre más cercanos:

para Lorenzo y Vicente, sus hermanos,

para el muy sacerdotal Mariano Sierra,

y para una miríada de escuadrones de caídos

por Dios y por España,

vencedores de la persecución y de la guerra.



Por respeto y por admiración

los ángeles también enmudecidos,

forman cortejo aguardando a recepción

y enfilan silenciosos quince palmas.

Los otros, que en la noche dejaron sus cuerpos abatidos,

no han podido ni podrán matar sus almas

y son el carro de su exaltación.



Y la Madre del Rey, Santa María la simpar,

en su interior lo guardó y lo repetía.

Porque eran suyos, eran deudos en su hogar,

los que subieron juntos, e invictos del ultraje,

y era suyo su guía,

el sostén de los demás,

el que aceptó irse solitario al postrer viaje,

andándolo con pecho de Quijote,

para poder mirar El Pueyo una vez más

y entregar con una Salve, en ínclito homenaje,

el timbre de tenor y el corazón de sacerdote.



A la vista de la Reina sonrojada

por lo español y gentil del miramiento,

Cristo el Rey, que callaba en el empeño

de acompañar a sus soldados en la pena,

quiebra ese silencio, que no es el de la muerte o el del sueño

y en un momento

se ríe otra vez,

y se alza y desbarata a sus contrarios.

Y es que acabada de los monjes la jornada,

y concluida fielmente la martirial faena

–martirios que son complementarios–,

se ha de sentar en su sitial de Dios y Juez

para darles el premio prometido de la gloria

y entrarlos a reinar.

Y de allí, otra vez a callar,

que la paciencia de Dios no está colmada,

aunque a oriente se alza el sol de su victoria.

viernes, 2 de octubre de 2015

Sentirse como en casa

Posted on septiembre 24, 2015

Ushetu, Tanzania, 4 de septiembre de 2015

Trataré de entrelazar algunos pensamientos de cosas menos importantes, como por ejemplo, hablar del clima, con otras cosas de mayor monta, como pueden ser algunas reflexiones del día de hoy.

Me han escuchado repetir varias veces en este último tiempo que estamos en tiempo de sequía. Aquí el año se divide en estas dos épocas: tiempo de sequía y tiempo de lluvia (kiangazi, mazika, respectivamente, en swahili). Podrán entender también que es recurrente hablar de estos temas aquí, estando entre gente de campo, que vive de esto. Tiempo de sequía que puede durar casi siete meses… y de lluvia los meses restantes, tiempo en que llueve mucho realmente. Tiempo de sequía que puede significar, mucho calor, mucho polvo, ayudado por el viento que sopla… y se llena todo de tierra. Tiempo en que todo el pasto se pone amarillo, las hojas de los árboles caen, y los árboles que conservan en follaje son muy apreciados, sobre todos los árboles de mangos. Tiempo en que la tierra se pone dura como piedra, y al caminar al mediodía parece que quema.

Pero esto que les digo, si bien es una realidad que golpea, por otro lado cubre una realidad muy positiva, sobre todo en el ámbito misionero. El hecho es que en este tiempo no hay mucho trabajo en el campo, y la gente viene mucho mas a la iglesia. Es el tiempo de organizar los campamentos de niños, los retiros de jóvenes, los cursos de formación para los catequistas, y todo lo que se pueda ocurrir y esté al alcance de las posibilidades. No hay problema de días, ni de horarios. En este tiempo piden muchos sacramentos, especialmente matrimonios, porque se puede organizar la fiesta sin peligro de que llueva, y por lo tanto no hacen falta ni salones ni nada de eso, sino simplemente armar toldos, y basta. De paso que se suele disponer del dinero de la cosecha que se ha vendido, y les gusta organizar fiestas donde se invite a todos, y a todos les gusta ir a fiestas en este tiempo. Digamos lo mismo con respecto a los bautismos, y su respectivos festejos. Finalmente, digamos que es un tiempo muy valioso en el sentido apostólico.

Todo esto no deja de golpear a nuestra sensibilidad, es decir, que al momento de pasar varios meses de sequía, al menos en lo que a mí respecta, se hace un poco duro… ese calor que pega, esa tierra caliente, ese aire caliente y lleno de polvo… y esos meses que uno ve por delante. Pero a la larga, uno se hace la idea, y se acostumbra.

Hoy amaneció una brisa bien fresca, y al rato llegó el aroma de la tierra mojada… el “olor a lluvia”, y luego como una bendición, las gotas que se sentían en el techo de chapa de la iglesia. Todo esto justo en el momento de la adoración al Santísimo, el primer momento del día. Fue un sentimiento de alegría y acción de gracias, todo en uno. Esto suele suceder para esta época, es decir, luego de pasar los calores más fuertes, el viento se calma, y vienen un par de lluvias, que refrescan el aire, y yo digo que también el alma. Nos hace esperar un poco mas animados lo que falta de este tiempo de sequía, hasta noviembre, o si Dios quiere, fines de octubre si se adelanta el agua.

Hoy fue una bendición en todo aspecto, porque tenía que ir a dos aldeas, y en motocicleta, porque no hay camino de auto, al menos para una de las dos aldeas, y para la otra, para ir en auto hay que dar un rodeo muy largo. Así que en un día de trabajo pesado, poder disponer de un día así, realmente fue un regalo de Dios. Fui a las aldeas de Mliza y Kalembela. Para llegar a Mliza hicimos 16 km de recorrido, por caminos muy variados, hasta el color de la tierra va cambiando, por momentos es bien colorada, luego es color café, y por momentos gris, casi blanca. El camino es para disfrutar, sobre todo porque el que manejaba era Filipo, y yo iba atrás, y podía ir pensando en estas cosas. Pensamientos interrumpidos por algún salto, alguna rama que esquivar, y esas cosas… pero con la brisa fresca, andando por senderos en medio de bosques, colinas con vegetación y rocas, plantaciones y lejos de toda civilización, todo se prestaba a la reflexión.

Por momentos me parecía estar entrando en una película, son lugares que ni los he soñado así. Ver las casas, el paisaje, y sobre todo la gente. A medida que viajábamos en la moto íbamos viendo como en un film la vida de esta gente, los niños yendo a buscar agua con sus baldes en la cabeza, otros chicos pastoreando animales, la gente grande trabajando en la casa, arreglando sus casas y hornos de tabaco. Veía una postal de la vida hogareña, los patios, los niños jugando con lo que tienen, muchos niños… Algunos chicos al ver pasar la moto saludaban, y otros no atinaban a nada, sobre todo cuando me veían a mí. Saludos a todos los que nos cruzábamos, como es en el campo, aunque no se conozcan, hay que saludarse, no es como en la ciudad. Pasamos por Chang’ombe, por detrás de la casa de don José Mataba; luego pasamos por Kalmebela, donde regresaríamos por la tarde; y al fin llegamos a Mliza.



En Mliza me esperaban para todo lo posible… es decir, hicimos un rato de confesiones, luego la Santa Misa, y finalmente los bautismos. Aquí se bautizaron 19 personas: dos abuelas, tres adultos, y el resto niños. En esta aldea hicimos la procesión de Corpus Christi el año pasado, tal vez recuerden la crónica y las fotos. La gente se acordaba de eso, y esa era la última vez que yo había visitado la aldea. Todo estuvo muy lindo, sobre todo, fresco… aunque al mediodía las nubes dejaron pasar el sol, y el calor se sintió un poco, como para que no nos mal acostumbremos.

Luego de comer en la casa del líder de la aldea, montamos nuevamente la motocicleta, y en dirección a Kalemebela. De esta aldea ya les he contado también, en una crónica de este mismo año. Es una aldea pequeña, muy pequeña. Estuvieron un tiempo sin catequista, y la fe quedó abandonada. Muchos cristianos viven como paganos. Pocos son los que van a rezar. La iglesia es realmente pobre. Pero da un no sé qué de alegría llegar allí, será por lo sencillo del lugar, será porque es un grupo de gente que está comenzando de nuevo, y todo pequeño logro es una gran victoria. El catequista desde el año pasado se está esforzando en levantar esta aldea. Muchas veces viene medio desanimado a contarme de que es poca gente, y yo trato de animarlo a que siga adelante, de que Dios bendecirá sus esfuerzos, pero hay que tener perseverancia y paciencia. Para los campamentos de niños y de niñas, sólo pudo traer una niña. Pero hoy esa niña, de unos 10 años, se bautizó, y era llamativo cómo participaba de la Misa, y la alegría que mostraba. Junto a ella había otras niñas que rondaban su edad, que me dijeron que el año que vienen no se van a perder el campamento de catecismo. Hoy la pequeña capilla estaba repleta de gente… cerca de quince adultos, y otros tantos niños. Cuando sintieron la motocicleta, salieron a la puerta a recibirnos con cantos. Luego llamaron a la gente de la aldea golpeando un gran tambor, como se hacía antes en estos lugares, pero ahora en casi todas las aldeas han optado por golpear algún objeto metálico.



Aquí todo fue en menor proporción que en Mliza, es decir, las confesiones se terminaron rápido, porque muchos de los que van a la iglesia todavía no han terminado su catecumenado. Se bautizaron dos adultos, y cinco niños. En la Misa cantaban ayudados por Filipo, y estaban muy contentos. La verdad que las voces se escuchaban muy bien, les gusta mucho cantar y tienen talento. A principio de año, cuando estuve aquí, nadie cantaba… eso es un adelanto, ya comienzan a animarse a participar mas de la liturgia. Al final de la Misa pude ver a tres mujeres que estaban paradas afuera de la iglesia y miraban por una de las ventanas, pero sin acercarse mucho. Al terminar todo se hicieron los bailes de festejo en la puerta de la capilla, y allí se las invitó a venir a la iglesia los domingos. Le preguntamos al catequista Moses sobre ellas, y nos decía que no las conocía en absoluto. Vinieron atraídas por la gente, los cantos… y sobre todo, me imagino, por ese deseo de Dios, y de rezar, que está en todo hombre.

Comenzó otra vez a llover, no muy fuerte, pero si persistente, y era agradable. El aire fresco, y la gente que decía que habíamos llevado la bendición de la lluvia. Luego de la Misa, los festejos, nuevamente a comer, y emprender el regreso.

Entre las cosas que me preguntaba en el viaje, era: ¿cuánto tiempo nos puede llevar “sentirnos como en casa” en un lugar? Depende del tiempo para hacer amigos, lo cual puede llevar mucho tiempo. Depende de poder conocer las costumbres y cultura de la gente, y mucho va en eso el poder hablar su idioma, para poder comunicarse, hablar, escuchar sus problemas, aconsejarlos, y hasta reírse juntos. Depende de muchas cosas… y de a poco pude sentir que me estoy sintiendo “como en casa”… conociendo la gente, aprendiendo sus nombres y sus historias, estableciendo relaciones. Por otro lado, siempre quedará en nosotros los misioneros esa cuota de “extranjerismo”, de no hablar bien, de ser de otra cultura… y de ser diferentes, por mas que no lo queramos, ya que la piel no va cambiar de color, aunque pueda tomar un poco de color con el paso del tiempo. Esto me lo recuerdan las caras de susto que provoco en tantos niños, y que trato de mitigar con algún regalo o gesto de la cara, pero que no siempre dan resultado. Y esto es algo propio también de nuestra condición de misioneros.

Pero más allá de todo esto, hoy pude también reflexionar… ¿qué más da todo esto? Ya sea que uno aprenda mejor o peor un idioma, ya sea que se sienta en casa o no tanto, que haga mucho calor o un día fresco y agradable… mas allá de todo eso, pienso en las tres Misas que celebré, la gente que confesé, los veintiséis bautismos que pude hacer, entre ancianos, grandes y niños, las comuniones que di, las dos aldeas que visité, la gente que se alegró con todos estos dones sobrenaturales… Lo que más importa, es que somos misioneros. Representamos a Cristo, y llevamos a Cristo a las almas. ¿Qué más necesito? Pero como Dios es bueno, también nos quiere regalar esas cosas, que no son necesarias… y se dan por añadidura, como un día fresco, una hermosa lluvia, un paisaje bello, feligreses alegres, y regreso en paz.

Por todo esto, el deber de seguir ¡Firmes en la brecha! Y ¡Viva la misión!

P. Diego Cano, IVE.

jueves, 1 de octubre de 2015

Santa Teresita del Niño Jesús



¡Oh Santa Teresita del Niño Jesús, modelo de humildad, de confianza y de amor! Desde lo alto de los cielos deshoja sobre nosotros esas rosas que llevas en tus brazos: la rosa de humildad, para que rindamos nuestro orgullo y aceptemos el yugo del Evangelio; la rosa de la confianza, para que nos abandonemos a la Voluntad de Dios y descansemos en su Misericordia; la rosa del amor para que abriendo nuestras almas sin medida a la gracia, realicemos el único fin para el que Dios nos ha creado a su Imagen: Amarle y hacerle amar Tú que pasas tu Cielo haciendo bien en la tierra, ayúdame en esta necesidad y concédeme del Señor lo que Te pido si ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea.

Rezar un Padre Nuestro.


SANTOS ARCÁNGELES GABRIEL, MIGUEL Y RAFAEL.

Por P. Agustín Spezza, IVEseptiembre 30, 2015Reflexiones sobre Arte Sacro


Autor: ACI PRENSA: REDACCIÓN CENTRAL, 28 Sep. 15 / 06:01 pm.


SANTOS ARCÁNGELES GABRIEL, MIGUEL Y RAFAEL

Cada 29 de septiembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de tres Santos Arcángeles: San Miguel, San Gabriel y San Rafael. Aquí 7 cosas que tal vez no sabías de ellos.



1. Son los más cercanos a los humanos


Desde Pseudo-Dionisio, Padre de la Iglesia del siglo VI, se suele enumerar tres jerarquías de ángeles. En la primera están los Serafines, Querubines y Tronos. Les siguen las Dominaciones, Virtudes y Potestades. Mientras que en la tercera jerarquía se encuentran los Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los que están más cercanos a las necesidades de los seres humanos.

2. Son mensajeros de anuncios importantes

La palabra Arcángel proviene de las palabras griegas “Arc” que significa “principal” y “ángel” que es “mensajero de Dios”. Al respecto, señala San Gregorio Magno:

“Hay que saber que el nombre de ‘ángel’ designa la función, no el ser del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles”.

3. Hay 7 Arcángeles según la Biblia


En el libro de Tobías (12,15) San Rafael se presenta como “uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia”. Mientras que en el Apocalipsis (8,2) San Juan describe: “vi a los siete Ángeles que estaban delante de Dios, y ellos recibieron siete trompetas”. Por estas dos citas bíblicas se afirma que son 7 Arcángeles.

4. Sólo conocemos tres nombres

La Biblia solo da el nombre de tres Arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel. Los otros nombres (Uriel, Barachiel o Baraquiel, Jehudiel, Saeltiel) aparecen en libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras y en literatura rabínica. Sin embargo, la Iglesia solamente reconoce los tres nombres que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Los demás pueden servir como referencia, pero no son doctrina.

5. Gabriel significa “la fuerza de Dios”


En el Antiguo Testamento, San Gabriel Arcángel aparece en el libro sagrado de Daniel explicándole al profeta una visión del carnero y el chivo (Dn. 8), así como instruyéndolo en las cosas futuras (Dn. 9,21-27). En los Evangelios, San Lucas (1,11-20) lo menciona anunciando a Zacarías el nacimiento de San Juan Bautista y a María (Lc. 1,26-38) que concebiría y daría a luz a Jesús.

San Gabriel Arcángel es conocido como el “ángel mensajero”, se le representa con una vara de perfumada azucena y es patrono de las comunicaciones y de los comunicadores porque trajo al mundo la más bella noticia con la Anunciación.

6. Rafael en hebreo es “Dios te sana”


El único libro sagrado que menciona a San Rafael Arcángel es el de Tobías y figura en varios capítulos. Allí se lee que Dios envía a este Arcángel para que acompañe a Tobías en un viaje, en el que se casó con Sara.

De igual manera San Rafael le indicó a Tobías cómo devolverle la vista a su padre. Por esta razón es invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.

7. Miguel significa “¿Quién como Dios?”


El nombre del Arcángel Miguel viene del hebreo “Mija-El” que significa “¿Quién como Dios?” y que, según la tradición, fue el grito de guerra en defensa de los derechos de Dios cuando Lucifer se opuso a los planes salvíficos y de amor del Creador.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Se le suele representar con el traje de guerrero o soldado centurión poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo.

jueves, 24 de septiembre de 2015

24 de septiembre, día de Nuestra Señora de la Merced



Ejercicios Espirituales San Ignacio en línea


24 de septiembre: NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES.
Salve Virgen Pura
de Mercedes Madre.
Salve redentora
de cautivos, salve.

Vuestro amparo buscan
benigno y suave
vuestros cortesanos
en este valle.

Pecadores somos
cargados de males
ea pues, Señora
no nos desampares.

Vuestro Jesús dulce
que es fruto admirable
de vuestras entrañas
se nos muestra afable.

Vuestros bellos ojos
llenos de piedades
a nosotros vuelve
cariñosa Madre.

¡Oh! clemente, ¡Oh! piadosa
vuestro amor alcance
quien de las Mercedes
Virgen Madre os llame.

Salve aquí os decimos
míseros mortales
salve entonaremos
por eternidades.