martes, 18 de agosto de 2015

Los Ejercicios y la batalla del alma

Posted on agosto 10, 2015


Hay que mantener el espíritu bien alto, para poder conservarse en la misióncomo buen misionero. Nada mas útil para esto que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que nos renuevan en ese deseo de seguir a Cristo en todo, y en todos lados, y siempre. Cada misionero lo experimenta, y siempre que se entra en Ejercicios, se prepara uno para una batalla, por eso siempre hay alegría, pero también algo de temor y aventura. Lo que deseo describirles de este gran medio legado por San Ignacio a toda la Iglesia, no puedo escribirlo mejor que lo que lo hace un sacerdote amigo, el P. Javier Ibarra, IVE, maestro de novicios en USA. Por eso, sin extenderme más, los dejo en sus manos…

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En los Ejercicios Espirituales de san Ignacio se produce una batalla que el ejercitante encara para toda la vida. Es una batalla teológica, y por eso más tremenda que cualquier otra. Allí Dios y el demonio están presentes. Allí se deja obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor (1), lo cual tiene indefectiblemente un eco de eternidad.



El momento culmen de esta guerra es el grito del alma que, consciente de su flaqueza, quiere, pide y suplica (2), una y otra vez, entre coloquios y llantos, una vida con Cristo pobre y humillado, y con el Cristo de todas las virtudes. El alma llora y se estremece porque al eterno Señor de todas las cosas hace oblación del tesoro de su libertad, de su memoria, de su entendimiento y de toda su voluntad, todo su haber y su poseer (3).

Llora por saberse frágil y por la incertidumbre de su futura fidelidad. Gime porque en esos treinta días ignacianos quisiera conocer pero no puede, de qué se tratará esa pobreza que le atrae y le enamora. Llora con esa angustia de quien queriendo controlar el futuro se lanza a una aventura cuyas consecuencias últimas apenas si puede vislumbrar. Quiere pero no puede saber si la desnudez de Cristo en la cruz llegará en efecto a plasmarse en su vida o si todo quedará en los generosos suspiros de esas semanas de silencio. Se retuerce al pensar en la posibilidad de no ser digno de las humillaciones que le avendrán bajo permisión divina. “¿Estaré a la altura de escarnio de la cruz?”,se pregunta.

Gime porque sabe que Dios escucha más que a nadie la voz de alma cuando pide oprobios y menosprecios (4), y cuando protesta solemnemente que quiere y desea, y que su determinación deliberada es imitar a su Señor en sus injurias, vituperios y pobrezas, siempre que esto sea para mayor servicio y alabanza de su Divina Majestad (5). Sabe que Dios escucha y no repara en permitir que sus amados hijos sean visitados con las humillaciones más inusitadas e inesperadas. Conoce que la limosna que da Dios al mendigo de su cruz es la afrenta y la desolación y le lleva así como buen Padre al camino de la humildad y la paciencia. Le duele en lo profundo el hecho de que deja sepultados para siempre el derecho a la queja y al reclamo, el apego al juicio propio y a los bienes más preciados.

Llora sí, pero no vacila. No vacila aunque vacile en el futuro. No vacila y está bien que así lo haga. Y está mal que en el futuro se olvide y se avergüence de ese llanto generoso y de esa entrega indiferente,entusiasta y amorosa. ¿No es acaso humillación lo que he pedido y añorado?, será esa su pregunta y su respuesta aquellas palabras de Emaús: “¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que han hablado los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriese así para entrar en su gloria?” (6) Y reflexiona: ¿Por qué entonces he de reclamar en años venideros, aquello que hoy entrego y que hoy ofrezco de buen grado?

Por eso le pide a su Señor y entre sollozos a su Madre, que le dé perseverancia. Que en la lucha del futuro no se rinda, ni se asuste, ni sorprenda. Que no negocie ni mezquine con el costo de su alma ya entregada. Que no mengüe su tesón, ni su modo de pensar y de encarar esa batalla. Que no cambie la dirección de su mirada (7). Pues son almas las que esperan testimonio. Le pide que la cruz no escandalice ni ensombrezca la mirada de la historia de su alma. Que el dolor del sufrimiento venidero no endurezca el corazón ni le apague la esperanza de sus santos ideales (8). Que eso mata, siembra odio y dejadez y abandona aquella lámpara encendida que es la guía de su alma. Si sucesos y exitismos la acongojan, que se acuerde de la cruz y su victoria. Que se acuerde que Su gracia sólo basta (9). Sólo basta en la batalla esa dulce compañía del que ama.

Decía el P. Segundo Llorente a su hermano sacerdote: “A ti y a mí nos escogió Jesucristo para que seamos cada uno alter Christus. Si, pues, fuimos llamados a ser alter Christus, seámoslo. Nunca nos veremos tan pobres que hasta nos quiten la ropa que vestimos y la sorteen los verdugos. Nunca nos faltará la almohada donde reclinar la cabeza. Nunca seremos pospuestos a Barrabás, ni creo que moriremos crucificados entre dos ladrones. Y sin embargo, somos llamados a ser alter Christus… Cuando arrecie la tormenta y ruja el vendaval, cuando se nos haga la carga pesada y estemos a punto de sucumbir, cuando nos invada el hastío y nos oprima el desaliento, y la ira y la venganza hagan presa en nuestras carnes… recordemos que su yugo es suave y su carga ligera. Venid a mí los que estéis afligidos y agobiados que yo os aliviaré. Todo lo tenemos en Jesús. Por mucho que hagamos y por mucho que nos mortifiquemos, nunca nos igualaremos a Él. Por muy oprimidos que nos veamos, nunca permitirá que la carga nos abrume…” (10).

Que la Santísima Virgen María nos ayude a nunca declinar en esta batalla, y si Dios permite que caigamos que esto sea para que mejor se manifieste su gloria y que caigamos a sus pies con ánimos renovados.

P. Javier María del corazón de Jesús Ibarra, IVE

31 de Julio de 2015 – Fiesta de san Ignacio de Loyola.

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[1] Cfr. Ejercicios Espirituales.n. 15

[2] Cfr. n.157

[3] Cfr. n.234.

[4] Cfr. n.147.

[5] Cfr. n. 98.

[6]Lc 24,26. Cfr.n. 303.2.

[7]Cfr. n.318

[8] “… el corazón se endurece por experiencias dolorosas, por experiencias duras. El corazón de los discípulos era duro porque habían sufrido, ‘nosotros esperábamos que este fuese el Mesías’, pero no lo era, yo no quiero ilusionarme otra vez, no quiero hacerme ilusiones (…) Que Él nos salve de la esclavitud del corazón endurecido y nos lleve hacia adelante en esa hermosa libertad del amor perfecto, la libertad de los hijos de Dios, la que sólo puede dar el Espíritu Santo”. Corazones endurecidos, Papa Francisco, Misa en Santa Marta, 9 de enero de 2015.

[9] Cfr. 234.

[10]Alaska, a través de las cartas del Padre Llorente, carta a su hermano Amando, 11 de Febrero de 1938. p 206.

lunes, 10 de agosto de 2015

¿Qué cosa es Dios?


"-Decid, ¿qué cosa es Dios, oh luces bellas?...
¡Orden!- me respondieron las estrellas.

-Decid, ¿qué cosa es Dios, flores hermosas?
¡Belleza! -respondiéronme las rosas.

-Decid, ¿qué cosa es Dios,  oh Madre mía?
Y Ella, mirando  al Crucifijo:
-Amor es Dios- me dijo...
Amor mas puro que la luz del día.

Tomado del "Catecismo para adultos" del P. Leonardo Castellani.

domingo, 9 de agosto de 2015

En desagravio de las blasfemias



Existe una sociedad en la que cada miembro se compromete  a decir, cada día, cincuenta blasfemias contra la Santísima Virgen, en contraposición de la cual se ha publicado el siguiente:

Rosario de Alabanzas a la Santísima Virgen
en desagravio de las blasfemias:

OFRECIMIENTO
¡Oh María, Madre mía Inmaculada! Deseando desagraviarte de las ofensas que recibe tu purísimo Corazón, especialmente de las blasfemias que se dirigen contra Tí, te ofrezco estas alabanzas con el fin de consolarte por tantos hijos ingratos que no te aman, y consolar el Corazón de tu Divino Hijo a quien tanto ofenden las injurias dirigidas contra Tí.
Dígnate, dulcísima Madre mía, recibir este mi pobre obsequio; haz que te ame cada vez más, y mira con ojos de misericordia a esos desgraciados para que no tarden en arrojarse en tus maternales brazos. Amén.

Dígnate que te alabe, Virgen Sagrada.
Dame virtud contra tus enemigos.

(*)
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción a los cielos. 

Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.

Bendito sea su Corazón Inmaculado.

Bendita sea su Pureza Virginal.

Bendita sea su Divina Maternidad.

Bendita sea su Mediación Universal.

Benditos sean sus Dolores y Lágrimas.

Benditas sean las gracias con que el Señor la coronó como Reina de Cielos y Tierra.

Gloria a María Hija del Padre,
 gloria a María Madre del Hijo, 
gloria a María Esposa del Espíritu Santo.

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[Desde el (*) se repite cinco veces, y al final se añade]:
Madre mía, te amo por los que no te aman, te alabo por los que te blasfeman, me entrego a Tí por los que no quieren reconocerte por Madre.

(Con licencia eclesiástica)

sábado, 8 de agosto de 2015

En la fábrica de misioneros

Posted on agosto 4, 2015


Ushetu, Tazania, 28 de julio de 2015.

Creo que todas las veces que les he dicho que mas adelante les voy a contar algo, nunca he cumplido. Así que aquí me siento a escribir sobre algo que prometí, para revertir la situación. Lamento que sea de algún tiempo pasado, pero creo que las impresiones no pierden valor. Hace un par de meses pude ir de vacaciones a Argentina. Las vacaciones son parte de la vida del misionero, y no una parte de poca importancia, pienso. En particular para mi fueron muy especiales estas vacaciones, por la razón de ser las primeras desde que vine a Tanzania. O tal vez pienso que son importantes porque luego de tantos años en el seminario menor, y de predicarles esto a los chicos, me he convencido de que es así.



Una gran emoción de volver a la patria. Tal vez a los misioneros que están en lejanos lugares esto que digo no les llame la atención. Pienso especialmente en los que viven en Argentina, en los que están en nuestras casas de formación, y creo que a ellos les puede servir de provecho conocer qué pasa por la mente y el corazón del misionero que regresa a la casa donde se formó como sacerdote y misionero. Por eso mismo, dejo de lado lo que fueron los encuentros con los familiares y el tiempo grato pasado en la casa.

Llegar a “la Finca”… son muchas cosas que se me vienen al recuerdo de esos días. Para los que no saben, “la Finca” es el nombre cariñoso con que llamamos a nuestra casa madre en San Rafael, donde empezó el Instituto, donde empezó todo. Allí surgió nuestro primer seminario mayor, fue nuestra primera casa. Allí estudié todo mi seminario, así que eran muchas cosas las que pasaban por mi mente. No sé porqué tendía en el primer momento a estar callado, y caminar recorriendo cada lugar medio solo. Y ahora que lo pienso, cuando yo era seminarista, varias veces vi a algunos misioneros que nos venían a visitar, en esa actitud. Uno los conocía de otra manera, y de repente los veía mas reflexivos. Creo que la razón es que cada lugar nos habla… recordamos cosas. Las aulas donde estudiamos, nos recuerdan a los compañeros, las clases… Las casas donde vivimos, nos traen miles de anécdotas y nuevos recuerdos de compañeros, la mayoría de los cuales ya son misioneros en tantos lados, y nos los hemos vuelto a ver. Recordamos a nuestros formadores, los superiores, y siempre con un gran sentimiento de gratitud.



Ni qué hablar al entrar en la iglesia. Con alegría fui a sentarme al lugar que solía utilizar. Volver a ver todo desde ese asiento en la iglesia, me recordaba de los compañeros que solían usar otros lugares de la iglesia. Recordaba las misas, tantas misas, misas diarias… cada una de esas misas nos fue preparando, cada día. Los sermones, especialmente esos que de alguna manera nos “marcaron”… yo recuerdo varios, especialmente del P. Buela. Los recuerdos de las fiestas en esa iglesia, las grandes ceremonias, las maitines, las buenas noches. Pasar a besar la imagen de la Virgen de los Dolores al terminar el canto, un gesto muy simple, que mostraba piedad filial, y amor materno.



Una siesta fui rezando el rosario hasta el cementerio del seminario. Siempre fue un lugar muy grato. Nunca fue un lugar triste. A todos los que despedimos en ese lugar, los hemos envidiado por una santa muerte. Mirar el seminario menor desde ese lugar, las alamedas, la cordillera marcando el horizonte. Pedir por los difuntos, pedir la gracia de una buena muerte, perseverancia en la gracia, y preguntarse si Dios querrá que nuestros restos descansen allí… o en África, o en… donde sea.



Una sensación extraña era entrar en los mismos lugares, la misma escenografía, pero caras nuevas… los seminaristas. No saben el gozo interior que produce en el alma del misionero que regresa a “la Finca” escuchar los cantos en la iglesia, y pensar en esa legión de misioneros que se prepara. Estar en la fábrica de misioneros, es increíble. Tuve la gracia de poder presidir una misa allí, y de que estuvieran presentes los sacerdotes que están en San Rafael, los seminaristas mayores, y los seminaristas menores. No se me ocurrió otra cosa que predicar sobre el amor que debemos a ese seminario… que es un honor haber estudiado allí, y haber compartido tantos años con el fundador en esos años. Que debemos amar nuestro seminario, como amamos a nuestros padres.



En los días de mi estadía, gocé de dos grandes fiestas, especialmente la del Verbo Encarnado. Disfruté de la compañía, conversación, bromas y risas con los sacerdotes. Y pude experimentar que todo esto no es sólo palabra escrita, cuando en el día de armar mi bolso para irme a continuar las vacaciones en casa con mi madre, se me hizo un nudo en la garganta. Parecía que me iba por primera vez. Apenas pude decirles algunas palabras a unos seminaristas que estaban trabajando, y que me imagino se sorprendieron de que haya “tanta emoción”. El rector del seminario, con quien compartimos muchos años de seminario y una gran amistad, me acompañó hasta el auto que me llevaría a la terminal. Yo no podía decir nada, y me alegré de que no hubiera nadie mas que nosotros, para que no sea un papelón, de ver a un misionero que parte para el África, llorando como cuando a los catorce años dejaba la casa para irse al seminario menor.



Me traje un recuerdo hermoso de esos días en casa, en “la Finca”. Fuerzas renovadas, y sueños e ideales de aquellos años de seminarista. Alegres momentos vividos con los amigos, en amistad sacerdotal. Esperanza de refuerzos misioneros. Pero por sobre todo, una gran alegría, que creo que es siempre el clima de ese lugar… “La vida aquí es un anticipo del cielo. Nunca estuve tan feliz”.

Desde Tanzania, un abrazo a la querida “Finca”.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.





viernes, 7 de agosto de 2015

MONJES, por Dios y sus hermanos

4 DE AGOSTO DE 2015 / MONASTERIODELPUEYO


Tener siempre presente el doble fin de nuestra vida:


Solo Dios

1) Gloria de Dios, alegrar el corazón de Jesús.



“me parece estarlas viendo a todas una por una en el locutorio detrás de los pinchos. Pido a Dios que las conserve en la humildad y simplicidad de alma en que están, sin problemas ni complicaciones, sin temores tontos, sin pensar en el pasado que ya no existe ni temer el porvenir que está en manos de Dios; sin creer jamás que Dios pueda abandonar a ninguna de ustedes; sin apuraciones por nada, porque Dios las tiene en su seno y las guarda y defiende como a las niñas de los ojos. El oficio de ustedes tiene que ser alegrar el Corazón de Cristo y estar alegres y contentas sin preocuparse de nada. Cada día se acercan más al gran encuentro. Cada día se hacen un poco más grandes y van envejeciendo con elegancia y gallardía con una alma blanquísima y purísima dentro de un cuerpo arrugado y encorvado. Mientras los ojos del cuerpo se vuelven cegatones, los del alma se afinan y agudizan y ven más claramente las cosas de Dios. Y mientras los oídos corporales se vuelvan más sordos, los del alma escuchan silbos y cuchicheos e inspiraciones divinas que sólo las almas santas entienden. Cada día están ustedes más cerca de Dios.



Vea cada una en la otra a un alma queridísima de Dios y venérela interiormente como a tal, sin ponerse corajuda nunca ni pensar menos altamente de nadie. Eso le gusta mucho a Dios que nos quiere tanto a todos y quiere que nos amemos unos a otros”[1]. .



2) Servicio a los hombres, nuestros hermanos.



“Hay que conservar fielmente la vida monástica y conventual
Consérvese fielmente y resplandezca cada día más en su espíritu genuino, tanto en Oriente como en Occidente, la veneranda institución de la vida monástica, que tan excelsos méritos se granjeó en la Iglesia y en la sociedad civil a lo largo de los siglos. Primordial oficio de monjes es tributar a la Divina Majestad un humilde y noble servicio dentro de los claustros del monasterio, ya se dediquen legítimamente a su cargo alguna obra de apostolado o de caridad cristiana. Conservando, pues, la índole característica de la institución, hagan reverdecer las antiguas tradiciones benéficas y acomódenlas a las actuales necesidades de las almas, de suerte que los monasterios sean como focos de edificación para el pueblo cristiano”[2].

[1] Segundo Llorente, S. J., a las carmelitas de California, 6 de octubre de 1966

[2] CVII, Perfectae Caritatis, n 9

jueves, 6 de agosto de 2015

Misión Popular con los jóvenes del CIDEPROF en los Juríes (Santiago del Estero – Argentina)




misionesIVE agosto 4, 2015 Argentina





Queridos Todos,

Entre los días 14 y 18 de julio, hemos realizado la primera misión popular con el CIDEPROF, y la llevamos a cabo en Los Juríes, Santiago del Estero. El CIDEPROF (Centro de Investigaciones de la Problemática Familiar) es un organismo perteneciente a la Tercera Orden del IVE, constituido principalmente por jóvenes universitarios. Fue una misión como las que solemos hacer siempre, con todos los elementos ya conocidos: cartucho doctrinal, controversia, misión infantil, visita de casas, propagandas en el pueblo con altoparlantes, programas de radio, etc.



Realmente fue una experiencia hermosa y esperanzadora. Eran cerca de 80 universitarios congregados de Jujuy, Tucumán, Suncho Corral y Mendoza. La mayoría pertenecía a los distintos centros CIDEPROF de dichos lugares.

Hubo un gran espíritu fraterno; muchos se conocían ya de los Cursos para Universitarios que anualmente se organizan en San Rafael en el mes de enero, de modo que les sirvió para reafirmar los lazos de amistad. Otros eran nuevos, pero inmediatamente se incorporaron al grupo y ya no se distinguían procedencias.



Todos participaron de la alegría de entregar dones espirituales. Se pudo visitar todas las manzanas del pueblo y se consiguieron muchos frutos (recepción de sacramentos).

Todas las responsabilidades la llevaron adelante los mismos chicos. Fue una pena no poder contar con más religiosos pero, por otro lado, esto permitió el crecimiento de los mismos jóvenes.



El régimen de vida que se llevó era exigente:

7,00 Levantarse
7,30 Adoración, punto doctrinal espiritual, bendición con el santísimo sacramento.
8,30 Desayuno
9,15 Organización del trabajo
Trabajo misionero
12,30 Evaluación del trabajo
13,00 Almuerzo
14,00 Descanso
15,30 Punto doctrinal de cuestiones actuales
16,15 Merienda
16,45 distribución del trabajo
18,45 Rosario
19.00 acto misionero
19,30 Santa Misa
Fogón
21,30 Cena
Eutrapelia
23,00 Descanso

Realmente ha sido todo muy bueno.

Quiero agradecer a los padres Esteban Cantisani y Juan Martín Sierra, misioneros en Los Juríes, la generosidad que mostraron en recibirnos como lo hicieron. También agradezco a los padres José Sylvester y Juan Cruz Fariña, que junto conmigo estuvieron a cargo de la misión.




Los jóvenes pidieron que se repitiera todos los años porque lo veían como muy fructuoso para ellos. Dios quiera que podamos cumplir con esta expectativa.

Les pido que recen por los frutos de la misión que, en los misioneros, puede empezar a madurar ahora.

Dios los bendiga.

P. Raúl Harriague





miércoles, 5 de agosto de 2015

Cansarse de bautizar



Posted on julio 28, 2015


Ushetu, domingo 26 de julio, de 2015.

Hoy domingo, temprano, escuché aullando una hiena. Eso me ayuda a recordar que estoy en África. Muchas veces a uno le pasa, que se mete tanto en el apostolado, en la vida cotidiana, compartiendo tantas cosas con la gente de aquí, estableciendo amistades, y pudiendo conversar un poco mas… que de a poco Dios va dejando caer como un manto que cubre muchas de las asperezas de la misión, y uno se siente en casa.

Hoy pude tener también noventa bautismos, lo que me ayuda a recordar que estoy en una misión en África.Es realmente una misión, y eso en verdad se goza… aunque a primera vista asoma el trabajo, como lo primero que impacta. Y si uno no se toma el tiempo para rezar, puede perder de vista que es trabajo misionero. Puede pasar, que al hablar de noventa bautismos, se piense ante todo en el trabajo. Pero acto seguido se puede ver lo grandioso de lo que hemos hecho hoy. Y pienso también en cuántas veces desde la vida del seminario pedíamos poder ir a la misión y cansarnos de bautizar… y hoy Dios me lo concedió. No que me canse de bautizar, sino que sentí cansancio luego de una buena jornada de bautismos… y que no sólo es en nuestra aldea, sino que en la visita a cinco aldeas ya he realizado nada menos que 347 bautismos. Y han sido días de buen trabajo apostólico, que a pesar de los grandes defectos, sobre todo del misionero, por medio de su brazo y de su voz, ha hecho tantos hijos de Dios.

Hay una impresión que se ha ido repitiendo a lo largo de estos bautismos en las aldeas, hay algunos niños que se destacan por su “ferocidad” en rechazar al misionero… pero sobre todo porque es blanco. Se espantan de una manera asombrosa. Muchos de ellos gritan, lloran y patalean. Y no tengo forma de demostrarle que no los voy a comer… no puedo hacer mas que una sonrisa que muchas veces responden con un grito de terror, lo que me hace reír más todavía, y ni qué decir a la gente. Ellos parecen que disfrutan… y a mí me da un poco de vergüenza. De todos modos, con la colaboración de padres y padrinos, los convertimos en hijos de Dios… ¡qué tanto!

Lo que también sucede, es que los llantos son contagiosos, y se imaginan lo que ha sido hoy con noventa niños en la iglesia, cuando algunos niños escuchaban que los de la fila comenzaban a llorar… se pensarían que se venía una vacuna o algo parecido. Algunos de ellos al final de la ceremonia ya se habían rendido… y convencido que no había nada de qué temer. Me acuerdo de las impresiones del P. Llorente en Alaska… y puedo ver alguna similitud, sobre todo porque aquí muchos de estos chicos es la primera vez que ven un hombre blanco, y les parece que debe ser un monstruo salido de alguna cueva.

Hoy pude finalizar el día con otro trabajo muy misionero y sacerdotal, llevando la comunión y dando la unción a tres enfermos de la aldea vecina. Como debía salir luego de terminar las actividades del oratorio, y cerrar la iglesia, estábamos comenzando el viaje cuando el sol ya se había puesto. Me vino a buscar un hombre de la aldea para llevarme a las casas de los enfermos, para poder llegar sin perdernos. A la primera casa llegamos casi de noche, sin embargo quedaba algo de claridad en el cielo del atardecer y se podían ver las siluetas de las personas y los árboles recortados sobre el horizonte. En la casa la enferma estaba sentada afuera, sobre un plástico en el suelo, muy encorvada. Era una mujer joven, pero con signo de grandes sufrimientos físicos. Pidió la confesión y todos nos dejaron solos. Nos alumbraba un débil fuego que había sido encendido para cocinar. Luego volvieron todos para rezar junto a la enferma. Qué les digo que me parecía que había gran atención a las palabras del rito, las oraciones, la lectura del evangelio. Habían personas grandes, y muchos niños que se sentaron en el piso de tierra, haciendo un círculo. Las palabras del evangelio, de la curación del siervo del centurión sonaban muy consoladoras: “Iré y lo curaré”… Y la respuesta del centurión: “No soy digno de que entres en mi casa…”. Luego de eso, hablar de la visita del Cristo en la Eucaristía a una casa tan pobre, en un lugar tan desconocido… “No soy digno de que entres en mi casa…”. Sin embargo, Cristo viene, para curar el alma sobre todo, y dar consuelo.
Luego visitamos a una abuela enferma, con la enfermedad de la vejez y los achaques, y entré en su habitación para darle la comunión. Todo estaba muy oscuro. Nos alumbramos con una linterna y yo leía con la luz del celular. Sentados ambos en la cama de la enferma, y con una silla que servía de mesa para la sagrada comunión. Finalmente llegamos a la casa de Gabriel, donde estaban todos sentados alrededor del fuego, mientras en una pequeña olla de barro cocinaban algo… Nos identificábamos bajo la luz de la luna. Ellos están más acostumbrados que yo a caminar de noche sin mas luz que la de la luna. También hubo confesión, unción y comunión. Y agradecimiento, por poder ir a verlos. Era tarde y debíamos regresar, ya de noche y en motocicleta, por eso los saludos fueron breves. Menos mal que guiaba la moto uno de ellos, sino hubiera sido imposible desandar esos senderos hasta retomar el camino principal.
El catequista me llevó a visitar su casa, y saludar a la familia. Me pidió que les diera la bendición a todos, y vinieron una gran cantidad de niños, hijos y sobrinos. Fue muy simple, pero a la vez hermoso, darles la bendición, rezar el “Bajo tu amparo nos acogemos”, y decirles “buena noches” en sukuma, a lo que respondieron entre risas. El aire estaba cálido, y en el camino alumbrado por el haz de luz de la moto, pasábamos por oleadas de humo que venían de las casas… momento de la comida, de sentarse en torno al fuego, y conversar.
El padre Carrascal nos aconseja a los misioneros tomar notas de las impresiones para luego escribir, y eso me parece un gran consejo. Muchas veces no serán grandes cosas, o actividades fenomenales, pero es parte de la vida misionera, y de eso se trata, ¿no? Es decir, del diario de un misionero, que ustedes pueden compartir… imaginarse, rezar, caminar a la luz de la luna y sentarse alrededor del fuego a rezar en swahili. Y muchas veces, ni siquiera hace falta que yo les sugiera una meditación o una reflexión. Llegados a este punto, ya verán ustedes qué les sugiere Dios en el alma.
Yo debo dejar aquí, porque el día fue largo. Y para poder compartir con ustedes, debo quitarle tiempo al sueño… precioso descanso del misionero que debe seguir cada día ¡Firme en la brecha! Pero yo sé que ese descanso disminuido se ve recompensado con tantas y tantas oraciones y sacrificios por nosotros. En la resta y suma, salgo ganando.
P. Diego.

P.D.: Les dejo algunas fotos mas de los bautismos, así se divierten un rato, mirando esas caras.