miércoles, 15 de abril de 2015

Lo que necesitan nuestros jóvenes

No es seguir la corriente, sino remontarla.
Buscar la sabiduría entre los Sabios, la belleza entre los Poetas, la Fe entre los Santos, la fortaleza entre los Héroes y la disposición al Buen Combate entre los Mártires.
Conocer el error en todas sus formulaciones y enfrentarlo con decisión y entusiasmo.
Necesitan la pasión de los apologistas ate la herejía, el coraje de los Cruzados, la militancia férrea de los Cristeros, la resistencia de los catecúmenos y la contemplación de los monjes. Eso es lo que necesitan.

Despreciar la vulgaridad, la medianía y el plebeyismo, y cuanta estulticia se les propone en nombre de renovaciones y cambios.
Resultado de imagen para jovenes en la cumbre de la montaña frassatiDesenmascarar a los oportunistas, a los falsos profetas de pasados culposos, presentes acomodados y futuros negociables. Reaccionar contra todo aquello que viola el Orden Natural y agravia y ofende sacrílegamente al Orden Sobrenatural.
Hacer del amor un acto de servicio y del servicio una donación amorosa, callada y efectiva; y ejercitar una voluntad indoblegable de resistir tanto mal sembrado impunemente sobre el rostro de la Fe y de la Argentina.
Lo que necesitan los jóvenes son pastores que hablen "si si; no no",  conductores abnegados que los insten a reconsquitar la juventud para el Hogar,  el Hogar para la Patria y la Patria para Dios" 
Antonio Caponetto

domingo, 12 de abril de 2015

“Blanco está el almendro en flor…”

misionesIVE abril 9, 2015 España


Imposición de hábito monástico en el Monasterio Nuestra Señora del Pueyo



Siguiendo el instinto de su naturaleza, la torpe oruga empieza a construirse una especie de “sepulcro” que comúnmente llamamos capullo; donde, a la manera de un difunto se encierra, ocultándose a los ojos de las demás criaturas…

En la oscuridad de aquella pequeña “tumba” que el insecto se ha hecho, empujado por una fuerza innata, está ocurriendo algo extraordinario… el gran Artista, con la maestría que le corresponde, transforma, moldea, plasma, podríamos decir, su criatura donándole un poco de su belleza.

De hecho, cuando la Sabiduria creadora dicta su tiempo, he aquí que del pequeño capullo empieza a salir casi una nueva criatura. Si bien es la misma, su librea se ha transformado; de pequeña y torpe, la oruga ha sida revestida de cándidas vestiduras y liviana ahora puede encima ¡volar!



Como nuestro bichito, también el monje se aparta del mundo y se encierra entre los muros del monasterio, en el capullo de su celda, donde el buen Padre sabiamente trabaja el alma de su hijo que solo a Él tiende, “habiendo abrazado la vida contemplativa para tratar a solas con Dios en el silencio, manifestando así que en presencia de Dios no hay nada más que decir”[1].Entre los paternales brazos y en la presencia de la Virgen Madre, el contemplativo vive una vida de austera pureza, áspera y dulce a la vez; con el único objetivo de conquistar la pacífica unión del alma con Dios, anticipo del gozo perfecto de la eternidad.

Recibir el hábito monástico, es, en cierto modo, como el cambio que la oruga cumple siguiendo la naturaleza que le ha dado su Creador hacia un estado más perfecto, por medio del ocultamiento y de la “muerte” que se realiza dentro el capullo. Nuestra blanca vestidura es signo de la donación total a Dios en el estado de vida contemplativa[2], la cual apunta directamente hacia el Fin, implicando así un desapego de las creaturas más grande y total… “Cualquiera que entre vosotros no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33).



Así, mientras el nuevo insecto ahora puede volar liviano de una flor a otra, el monje sigue su vida oculta, obteniendo fuerza y vida de la única “Flor” que puede sustentar totalmente su alma: Jesús Eucarístico (devoción característica de nuestros monjes)[3].

En el día en que la Pureza Encarnada quiso esconderse en el seno de la Virgen Pura y sin igual[4], solemnidad de la Anunciación del Señor, cinco de nuestros monjes de la comunidad del Pueyo han recibido el hábito monástico, en un ambiente del todo especial, en donde cada piedra parece cantar los versos del himno a nuestros patronos, los beatos mártires benedictinos del Pueyo:

“Blanco está el almendro en flor,
que es blanca su Virgen Madre.
Blanco está el almendro en flor,
teñido de roja sangre ..”

Lo cual nos recuerda el testimonio martirial de la vida monástica, de la cual hoy hemos sido revestidos: “blancas son las vestiduras de los que fielmente han seguido al Cordero hasta recibir la corona que no se marchita”.





La Misa fue presidida por el cardenal Mc Carrick que en la homilía subrayó la analogía entre el “fiat” de la Virgen con el consentimiento a la voluntad de Dios que se da en la vida religiosa.

Estuvieron presentes además de los feligreses del monasterio, los padres de la comunidad de Manresa, los familiares de algunos de los monjes y algunas Servidoras de nuestra Provincia, quienes después de la ceremonia se quedaron en los festejos correspondientes: ¡¡almuerzo y fogón!!





Agradecemos además la visita que nos hicieron, en el día anterior, el obispo de la Seu d’Urgell, (quien había acompañado al cardenal hasta aquí) y Mons. Ángel Pérez Pueyo, nuestro obispo, que compartió con nosotros la cena.

Damos gracias a Dios por tantos beneficios; y nos confiamos a las oraciones de todos, por nuestra perseverancia y fidelidad en este estado de vida, y para que aumente el número de almas que quieran seguir la búsqueda del Único necesario, en el fecundo silencio del claustro.

Sem. Francesco Lucarelli, IVE

[1] Cfr. Directorio de vida contemplativa, 107.

[2] Cfr. Directorio de vida contemplativa, 134.

[3] Constituciones, 129

[4] Himno a la Virgen del Pueyo.

sábado, 11 de abril de 2015

¡Ingeniárselas para mantener viva la esperanza de los jóvenes!

misionesIVE abril 8, 2015 Siria


No es fácil hacer un día de picnic en medio de una guerra! Pero si existe la posibilidad de concretarlo, se convierte en una ocasión única que no se puede dejar pasar: aprovechando para descansar, para cambiar de actividad, para disfrutar un momento entre amigos, practicar algún deporte… Gracias a la acogida del P. Eduardo, sacerdote franciscano que nos facilitó el predio de Terra Santa, gozamos de un día totalmente atípico junto a nuestros jóvenes.

Terra Santa,el predio donde se encuentra el convento franciscano de Alepo fue en un tiempo el centro de reunión de las familias cristianas, especialmente en verano: había allí espacio y juegos para los niños, canchas para practicar diversos deportes, se proyectaban filmes para las familias y hasta tenía una pileta de natación. Cada tarde acudían allí familias enteras a compartir un momento de descanso y recreación.





Con la guerra, la zona donde se encuentra el predio quedó situada en un lugar peligroso y hasta hace un tiempo atrás no era posible llegar allí. Pero en estas semanas, aprovechando la calma en ese lugar concretamos una salida con nuestros jóvenes. A pesar de que la distancia que separa Terra Santa de nuestra casa es muy poca, había jóvenes que debido a la situación que vivimos aquí por más de tres años no habían vuelto.



Comenzamos y terminamos la salida con la oración. Dios nos regaló un hermoso día que disfrutamos en pleno: deportes, diversos juegos, aire libre, un rato de cantos tradicionales sirios… Los jóvenes contentos y agradecidos recobraron ánimos para iniciar la segunda parte del año universitario.

M. María de Nazaret

Alepo, Siria

jueves, 9 de abril de 2015

“María, modelo de misericordia”

4 DE ABRIL DE 2015 / MONASTERIODELPUEYO

Terminando la Cuaresma, y a las puertas de la Pascua, nos ponemos bajo el manto de María.

El Tiempo de Cuaresma nos invita a la conversión; esto, con el fin de ser santos: “perfectos como el Padre Celestial es perfecto”. Jesús une la perfección (la santidad) con el amor al prójimo: “Amad a todos, buenos y malos… a los enemigos, a los que nos persiguen; saludad a todos… como el Padre Celestial”, que nos saluda a todos con cada amanecer.

Esto es así, porque la misericordia (el tener compasión y remediar por amor la miseria ajena) es la mayor de todas las virtudes que pueden practicarse en relación al prójimo. Así lo enseña el aquinate[1].

Por eso, el tiempo de Cuaresma es un tiempo especial de “misericordia”: deexperimentarla (por la confesión de los pecados y la generosa penitencia); y depracticarla, teniendo un corazón más cercano a nuestros hermanos.




Virgen Pueyo

La Virgen María es, como siempre después de Cristo, el mejor modelo para nosotros de esta preciosa virtud, pues vivió como nadie la 5º bienaventuranza: “felices los misericordiosos, pues ellos obtendrán misericordia”.



-Tuvo María Santísima, plenamente, el mérito de esta bienaventuranza, o sea, fue misericordiosa en grado sumo. El Marial (c. 8, 2) aduce varias razones (que trae el P. Royo Marín en su libro[2]): “María se llama Madre de misericordia porque el reinado de la misericordia ha tomado de Ella su origen, pues el poder que rige este reino de gracia ha tenido en Ella su principio. (…) Existe un reino de la gloria, que es doble: de justicia (en el que recibimos lo merecido por nuestras obras, premio o castigo); y otro de misericordia (en el que no se recibe según las obras, sino que reina la misericordia perdonando pecados, remitiendo penas, dando gracias a raudales). El poder del primero es del Rey de la justicia, de la Santísima Trinidad. El origen del segundo es labienaventurada Virgen, pues ella dio a luz al Rey de la misericordia, Jesucristo, nuestro Redentor”.

-Y en segundo lugar recibió el premio. Aunque algunos objetan que no pudo recibir misericordia, pues no había pasado jamás por su alma la menor sombra de pecado, sin embargo, iría contra la justicia de Dios que alguien tenga el mérito de la virtud y no su premio.

Hay muchos modos de recibir la misericordia, como nos enseña Santo Tomás. Uno de ellos es “perdonar los pecados”, y en este sentido es claro que María no recibió la misericordia de Dios. Pero otro modo, y mucho más perfecto que el primero, es “preventivamente”, o sea, impidiendo al alma caer en los pecados que cometería sin esa acción preventiva de Dios. En este segundo sentido nadie ha recibido tanta misericordia de Dios como la Virgen María, preservada hasta del pecado original, don singularísimo, concedido solo a Ella entre toda la humanidad.

Así, termina diciendo el Doctor Angélico, que por razón de la gracia recibida de Dios, está más obligado a mostrar su gratitud a Dios el inocente que el culpable perdonado, pues el primero ha recibido de Dios un don mayor y más continuo[3].



Así también entendemos la inmensa gratitud de los grandes santos, y también, cómo podían, sin mentir, considerarse como los mayores pecadores: pues lo eran por la naturaleza caída, y porque sin esa gracia especialísima y preventiva de Dios, lo hubieran podido ser.





Santa Teresa es también un testigo privilegiado de lamisericordia de Dios. Ella prologa el libro de su vida diciendo que le mandaron contar el modo de oración y las mercedes recibidas de Dios. Y eso hará; y aunque se queja de que hubiera querido contar sus pecados, lo cual intentará, no logrará sino mostrar que no los tenía; análogamente a la Virgen María (salvando la distancia cuasi-infinita), tuvo el mérito y el premio de la 5ª bienaventuranza: fue misericordiosísima (teniendo un amor y celo ardientes por la salvación de las almas) y además obtuvo también el premio, la misericordia en sumo grado para sí… recibiéndola también, a su modo, preventivamente.

El P. Efrén de la M. de Dios, en su estudio de “Santa Teresa por dentro”, nos dice repetidas veces, explicando con buen sentido las duras acusaciones de la santa sobre sí misma, que ella no tiene que haber cometido nunca un pecado mortal, ni venial siquiera; y cita a un testigo privilegiado, el P. Domingo Bañez, quien dice de su afición a una prima de tratos bastante livianos: “se trataba de niñas que no alcanzaban a tanto, sino esta vanidad tan usada entre los mayores y menores”[4]. Santa Teresa escribe su vida ya muy madura y muy santa, por lo que juzga con dureza sus más pequeñas imperfecciones.

Para completar esto hay muchos otros testimonios, pero ninguno tan claro como la reflexión que hace la misma santa luego de la visión del infierno: “Cuando yo considero que, aunque era tan malísima, traía algún cuidado de servir a Dios y no hacía algunas cosas que veo que, como quien no hace nada, se las tragan en el mundo y, en fin, pasaba grandes enfermedades y con mucha paciencia, que me la daba el Señor; no era inclinada a murmurar, ni a decir mal de nadie, ni me parece podía querer mal a nadie, ni era codiciosa, ni envidia jamás me acuerdo tener de manera que fuese ofensa grave del Señor, y otras algunas cosas, que, aunque era tan ruin, traía temor de Dios lo más continuo; y (14) veo adonde me tenían ya los demonios aposentada, y es verdad que, según mis culpas, aun me parece merecía más castigo. Mas, con todo, digo que era terrible tormento, y que es peligrosa cosa contentarnos, ni traer sosiego ni contento el alma que anda cayendo a cada paso en pecado mortal; sino que por amor de Dios nos quitemos de las ocasiones, que el Señor nos ayudará como ha hecho a mí. Plega a Su Majestad que no me deje de su mano para que yo torne a caer, que ya tengo visto adónde he de ir a parar. No lo permita el Señor, por quien Su Majestad es, amén”[5].

Nos conceda, la Madre y Reina de Misericordia, tener un corazón máximamente misericordioso y así obtener para nosotros la Misericordia infinita de Dios. Ave María Purísima…

[1] S Th, II-II, 30, 4.

[2] Cfr. Royo Marín, La Virgen María, p. 345-346

[3] S Th, II, 106, 2.

[4] P. Efrén, Santa Teresa por dentro, p. 75

[5] SANTA TERESA, Vida, c. 32, 7

miércoles, 8 de abril de 2015

Celda III: La soledad

31 DE MARZO DE 2015 / MONASTERIODELPUEYO

El arte de estar solas

La soledad a la que me voy a referir es principalmente a la soledad interior, que la podemos calificar como soledad del corazón: traducido a lenguaje del Evangelio es precisamente el que es digno de Jesús: no ama nada más que a Jesús, vive en un total despojo, que es según los santos el atajo para llegar a la santidad.

San Gregorio dice ¿de qué sirve la soledad del cuerpo si falta la soledad del corazón? Es decir, ¿de qué sirve que nos sepultemos en la vida religiosa, que dejemos nuestra casa, nuestros padres, nuestras cosas, si nuestro corazón queda en el mundo apegado a los bienes materiales o a los afectos terrenos?


Solo Dios

Es imprescindible entender bien qué significa “soledad”. Es desprender el corazón de todo afecto que no sea para Dios, buscando en todas nuestras acciones el modo de hacerlas agradables a los ojos divinos. Es hacer propias esas palabras de David en el salmo 73, 25: “Fuera de ti, Dios mío, ¿qué me importa ni lo del cielo ni lo de la tierra? Dios es el dueño de mi corazón; Dios es mi única y eterna herencia”.

Es un arte, un gran arte. Porque se trata de ir puliendo nuestro corazón de todo sentimiento terreno y de ir esculpiendo a Jesús en él.

El alma solitaria y desprendida en la que no suena la voz de los afectos terrenos, se unirá con Dios en la oración por medio de santos deseos, de ofrecimientos de sí misma y de actos de resignación y de amor, y así se encontrará levantada por encima de las cosas creadas y se reirá de los mundanos, que tanto aprecian los bienes de la tierra y por los que tanto se fatigan, cuando en verdad son despreciables e indignos de un corazón creado para amar al Bien infinito, que es Dios.



rezando el Oficio junto a monjes benedictinos


No es ociosidad

Soledad no quiere decir que tenemos que llevar una vida sin hacer nada, es decir ociosa. Jesús no quiere un monje que no tenga nada en que ocuparse ni nada en que pensar.

Un buen director de almas decía: “hay religiosas que se desesperan por conseguir soledad (soledad externa) y quizás gozan por vivir solitarias y escondidas pero hacen mal uso de esa soledad, porque lo único que hacen es caer en la ociosidad. Porque no se ocupan de cosas importantes o peor se ocupan de cosas vanas e inútiles. Quizá vivan en silencio pero es un silencio estéril y por eso no sirve para nada”.

San Alfonso enseña que “la soledad ociosa es soledad de animales, la soledad empleada en estudios o asuntos de pura curiosidad es soledad mundana, la soledad religiosa no es ociosa ni estéril, sino provechosa y santa”.

Porque la soledad consiste principalmente en ocuparse de pensar en Dios y sólo cuando hago lo que debo hacer, puedo ocuparme de pensar en Dios. Si yo estoy haciendo lo que quiero y no lo que debo, lejos de estar pensando en Dios, pienso en mí y perdí la soledad.

San Francisco a los frailes que no hacían otra cosa que andar de una parte a la otra por la casa molestando a los demás los llamaba “fray mosca”. Y esto no hace falta que se ande físicamente de un lugar a otro sino también se puede hacer con el pensamiento o lo que es peor con el sentimiento.

Eso es lo que va contra la soledad, no el tener muchas ocupaciones, el tener que trabajar. Sino el no hacer esas cosas por Dios.

Santa María Magdalena de Pazzi no tenía problema en realizar cualquiera de los trabajos del monasterio a pesar de que siempre estaba débil y enferma. Incluso de aquellos que eran propios de las novicias, cualquier trabajo cocinar, barrer y sobre todo en el lavado de la ropa, y al punto tal que una vez se dislocó un hueso de la mano. Puccini cuando relata la vida de S. Magdalena de Pazzi, dice que “ella sola trabajaba por cuatro legas juntas”.

La beata Teresa de Calcuta hacía lo mismo, sirvió la mesa y fregó la vajilla hasta que pudo, poco antes de su muerte.

Santa Teresa afirmaba que “a Dios también se lo podía encontrar entre los pucheros”.



Llamados a vivir solo para Dios

Por eso es un error gravísimo cuando, en defensa de la propia soledad, el monje quiere o exige tiempo para sí. O alguno lo revestirá mejor y va a decir que quiere tiempo para Dios.

La soledad no es otra cosa que ocuparme en Dios pero en las cosas que se me mandano se me piden (porque muchas veces los superiores por delicadeza piden, pero tenemos que ver detrás de eso un mandato de la santa obediencia).

“¿Por qué buscas descanso, habiendo nacido para el trabajo? Dispónte más a la paciencia que a la consolación y a llevar la cruz más que a la alegría. Pues ¿Qué hombre mundano no tomaría con gusto la consolación y alegría espiritual, si siempre la pudiese obtener? Pues las consolaciones espirituales exceden a todas las delicias del mundo y a los deleites de la carne” (Kempis).

El trabajo, cualquiera sea, y hecho por obediencia, es un recurso admirable para mejor sobrellevar la soledad y para vencer las tentaciones que ordinariamente tenemos. San Antonio Abad, acosado de pensamientos deshonestos, y cansado de su soledad, no sabía cómo hacer para vencer todo eso. Entonces se le apareció un ángel y lo llevó al huerto y tomando una azada se puso a cavar, al poco rato la dejó y se puso a orar, y después volvió al trabajo y después otra vez a la oración y entonces San Antonio comprendió que debía vivir en la soledad pasando del trabajo a la oración y viceversa.

No se puede estar siempre rezando ni tampoco siempre trabajando o estudiando. Pero si se puede, y eso debo hacer, tener todo el tiempo el corazón ocupado en Dios. Es el único medio para que todas las cosas que hago sean provechosas para el espíritu. Por eso está tan mal el querer dedicarse exclusivamente a la soledad rechazando toda ocupación de trabajo material como también el ocuparse en tantos trabajos materiales que no se tiene tiempo para el recogimiento.

Un auxilio eficaz: el corazón en Dios.

Una clave y auxilio eficaz para conseguir nuestro fin es la pasión. Un comerciante, un trabajador que depende exclusivamente de sus frutos trabaja mucho más y mejor que uno que es asalariado y que no depende directamente del fruto de su trabajo. Y esto es porque el primero pone más pasión que el segundo.

Nosotros también debemos trabajar apasionados, pero no apasionados por la “obra concreta” que estamos haciendo, sino por Dios. Deben trabajar como monjes, es decir, ocupándose de los trabajos con el recto fin de obedecer y de ayudar a la comunidad. Y movidos por el amor a Dios y nada más, ese es el fervor que tiene que tener un monje.

Esto también requiere una ascesis… pues quizá lo que estoy haciendo me gusta mucho, entonces debo elevar el corazón a Dios, y poner en El todo el corazón y la fuerza por la que trabajo.

Y para esto, ciertamente, ayuda mucho el trabajar en silencio, para hablar con Dios.

martes, 7 de abril de 2015

“Solo por hoy seré feliz”

misionesIVE marzo 31, 2015 Argentina

“Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino en este también”. Así escribe San Juan XXIII en su decálogo de la serenidad. Y así vivieron el campamento nuestras niñas del hogar Divina Providencia, porque aprovecharon todo lo que Dios les quiso regalar para hacerlas felices.





Como más de una vez suele pasar, se acercaba la fecha del campamento de verano de las chicas y abuelas del hogar, que se realiza todos los años en febrero al terminar nuestras vacaciones, y faltaban un par de detalles que arreglar, cosas que conseguir, etc. Queríamos hacerlo diferente, llevarlas a un lugar nuevo que no conociesen y sobre todo queríamos que disfrutaran. Así que pusimos a todas a rezar y como era de esperar la Divina Providencia fue encaminando las cosas sobrepasando todas nuestras expectativas, haciendo felices a nuestras pequeñitas con cosas tan sencillas.



Primero conseguimos el lugar en un regimiento de Córdoba, entonces se presentó el problema del transporte, decidimos alquilar un colectivo y las chicas no dejaban de rezar por esta intención en las misas, los rosarios y en las visitas al Santísimo. Y no se contentaban con poca cosa, pedían uno de dos pisos, y Dios se encargó de todo. Era realmente inexplicable la emoción en el momento en que vieron llegar el enorme colectivo que tanto habían esperado, si pudieran ver como brillaban los ojos de las chicas, las abuelas y los niños mientras lo contemplaban, las sonrisas de felicidad que se dibujaban en sus caritas, como si no pudieran creer lo que veían. Más tarde uno de los choferes nos confesó que, de hecho lo que más le impresionó cuando llegó a buscarnos, fue la alegría que se notaba en ellas.



Ya estábamos en marcha, todo parecía en orden y sin embargo mientras viajábamos la hermana encargada del campamento, que había viajado antes a Córdoba para que todo estuviera listo cuando llegáramos, recibe una llamada del Teniente del regimiento avisando que debido a las inundaciones que habían sufrido por las lluvias, había que tener disponible el regimiento para la gente evacuada y por tanto no nos podían recibir. Sin perder la confianza, pero pensando qué hacer con las 40 chicas que ya estaban viajando, la hermana comenzó una cadena de rosarios con los jóvenes y la gente de la parroquia y cuando apenas había pasado media hora llama nuevamente el Teniente para decir que nos recibirían igual. ¡Qué grande es la Providencia Divina!!! Y gracias a Dios que no nos enteramos de esto hasta que ya estábamos instaladas…



Volviendo al colectivo, el entusiasmo no fue menor en el viaje al llegar al regimiento donde nos hospedábamos y donde ya nos esperaban algunos soldados. Verdaderamente armamos un divertido alboroto, bajando y subiendo sillas de ruedas por las escaleras de las cuadras, bolsos y mates por todos lados y las chicas que todas querían elegir una cama y saber cuál era su lugar, a la vez que querían investigar todo lo que estuviera a su alcance.

El primer día descansamos para recuperarnos del viaje y por la tarde salimos a dar una vuelta por el regimiento y rezamos el rosario en la plaza central, lo que fue un gran testimonio pues el grupo, como se imaginan, se hacía notar y sus oraciones se escuchaban simpáticamente por todo el lugar. Una piedad tan sencilla a la vez que profunda, como la de ellas, nunca queda estéril.

Al día siguiente ya comenzamos nuestra aventura. La primera salida fue al zoológico de la ciudad de Córdoba, paseamos, vimos los animales y participamos en un show de lobos marinos que a todas les impresionó mucho y no se explicaban cómo esos animales podían hacer tantas cosas, algunas incluso querían llevarse un lobo marino al hogar. Para terminar el día fuimos a la heladería y se tomaron unos riquísimos helados que terminó por completar la felicidad de las chicas.



Luego de un día de lluvia, que pasamos tranquilas en el regimiento, llegó la fecha en que nos habían dado entradas gratuitas a una función de cine para todas y allí fuimos. Se levantaron temprano y muy emocionadas, algunas nunca habían estado en un cine. Llegamos al shopping, vimos la película y dimos unas vueltas por el lugar, de más está decir que llamaba un poco la atención un grupo tan particular mirando vidrieras en el shopping de Córdoba y como si fuera poco, compramos para todas unos súper panchos en un local y allí comimos para después ir a la plaza de juegos. Se veían en los autitos chocadores, en los caballitos, incluso las chicas de sillas de ruedas jugaban a lo que podían, y otra vez se dibujaban unas sonrisas enormes en sus caritas, estaban realmente felices, iban de un lado a otro y todas querían jugar a todo. Después del shopping fuimos a la casa de la hermana Kidane que nos había ayudado generosamente con todo lo del campamento y gracias a ella conseguimos la mayoría de las cosas. Allí merendamos, tocamos la guitarra, y jugamos un rato ya que a algunos todavía les quedaban energías para seguir.



Fuimos también a la fábrica de golosinas Georgalos donde vimos cómo hacían los caramelos y los huevos de pascua y al final del recorrido, nos regalaron algunos de sus productos (chocolates, caramelos, etc.) para llevarnos.

El sábado fuimos a pasar el día al parque Kempes, un parque nuevo que está frente al famoso estadio que lleva el mismo nombre. Es un parque grande y muy hermoso, con bajada al río que tiene un sector con hamacas y distintos juegos para discapacitados donde todas nuestras chicas pudieron aprovechar. Por la noche, a modo de agradecimiento, participamos de la Santa Misa en una parroquia donde los fieles habían colaborado mucho con nosotras, haciendo colectas y consiguiendo lo que nos podía hacer falta, y luego de la misa se hizo una cena a la canasta. Toda la gente se acercaba a saludar y preguntar por el hogar, realmente quedamos muy agradecidas con ellos porque fueron muy buenos y generosos con nosotros todo el tiempo que estuvimos de campamento.



El domingo ya era el último día, el Padre que nos acompañaba nos preparó un rico asado, hicimos la entrega de premios a aquellas que se habían destacado en esos días y comieron una vez más helado que tanto les gusta. Ninguna de las chicas quería volver.



A pesar de tantas cosas que pudimos haber hecho no deja de ser lo más importante y lo más valioso para nosotras, la alegría con la que vivieron nuestras chicas cada día del campamento, el poder haberlas hecho felices con tan poco de nuestra parte, palpar cómo Dios les concede tanto porque realmente las ama y nosotras sus siervas inútiles, no hacemos más que lo que tenemos que hacer. Así ellas son felices y en ellas el mismo Cristo se alegra, porque Él dijo “lo que hicisteis por uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicisteis”. Agradecemos a todos los que nos ayudaron y rezaron por los frutos, porque podemos asegurar que fueron abundantes y sobre todo agradecemos a Dios que nos permite, por así decirlo, robarnos el cielo, atendiendo a sus almas predilectas, con la oportunidad de practicar a cada instante la caridad, que será por lo que al fin seremos juzgados y que sin ella nada somos. Que la Virgen nos conceda la Gracia de ser sencillos como las chicas del hogar, siendo felices con lo que Dios nos da acá en la tierra, esperando serlo aún más en el cielo.

Hermanas del Hogar Nuestra Señora de la Divina Providencia