lunes, 22 de febrero de 2016

Inicio del año de la Misericordia y algo más (va en tres entregas)

Ushetu, Tanzania, 13 de febrero de 2016.

Otra vez no cumplí lo prometido. Muchas veces les digo que después les voy a contar y no les cuento. En una de las crónicas de principio de año, como ya era largo el relato, les dije que en la próxima les contaba... y no es la primera vez que me pasa. Sé que no es muy interesante leer noticias de cosas pasadas, pero dejar escritas estas cosas creo que puede servir al menos como testimonio para el futuro, cuando recordemos los inicios de esta misión.
Les voy a contar de dos cosas especialmente: el inicio del año de la misericordia y el campamento de monaguillos.

Sobre el año de la misericordia, en nuestra misión, les cuento que hemos sido muy agraciados. Primero, porque el mismo día que se comenzaba solemnemente en toda la Iglesia Católica, el 8 de diciembre del año pasado, nosotros tuvimos la primer celebración de Primeras Comuniones de la historia de nuestra misión. De este suceso ya les he contado detalladamente. Fue una gracia muy grande, un día lleno de felicidad y emoción. Luego de la Misa y de la fiesta, salimos a ver a una enferma, en Nyamilangano. La hermana de uno de los catequistas, que estaba muy grave, y se había preparado para recibir el bautismo y todos los sacramentos. Rezamos todos juntos en la pequeña habitación que tenía puerta hacia la calle. El colchón estaba en el piso, pero todo muy limpio, dentro de lo que en estas pobres casas se puede tener. Toda la familia rezó con nosotros, y Felicitas recibió el bautismo, confirmación, comunión, y unción de los enfermos en el día que comenzaba el Jubileo de la Misericordia. Empezamos con todo, pensé, con las primeras “Primeras Comuniones” (valga la redundancia), y con Felicitas. Ella estaba completamente consciente, y quiso estar sentada en toda la celebración. Nos enteramos que a los tres días había fallecido, y lejos de entristecernos, nos dio una alegría enorme al ver cómo Dios la había bendecido, teniéndole mucha paciencia, y llevándola pronto, luego de estar preparada.
Agregado a esto, el día 14 de diciembre el obispo vino a abrir la puerta de nuestra iglesia de Ushetu, para que sea una de las puertas jubilares de la diócesis, y lugar de peregrinación, sobre todo para las parroquias vecinas de la decanía. El obispo en el sermón recordó que siempre que viene a Ushetu le pasa algo, como una vez que estaba con malaria, otra vez se le empantanó el auto y tuvimos que ir a ayudarlo, otra vez cuando regresaba se le rompió el alternador y se quedó sin luz a mitad de camino en medio de la oscuridad de estos parajes… pero que siempre algo lo atraía a elegir Ushetu y venir. Luego de la misa y almorzar con nosotros, cuando volvía a la ciudad, en una parte que el camino estaba muy malo, unos camiones se habían enterrado en el barro y no había como pasar. Tuvo que regresar a Kahama dando un gran rodeo que le llevó tres horas y media de viaje… Dicho y hecho. Espero que siga eligiendo Ushetu, a pesar de todo. (Continúa...)

lunes, 15 de febrero de 2016

Con la espada en mano contra el infierno

Posted on febrero 15, 2016


Ushetu, Tanzania, 10 de febrero de 2016.
Miércoles de Cenizas.

Por la ventana se asomaba un niño, como pispeando con un solo ojo… y esa pequeña cosa me hizo pensar. Estaba rezando mi segunda misa del día de hoy, miércoles de cenizas en la aldea de Ibambala. Como es un día de semana, los niños estaban en la escuela, y a medida que iban saliendo de las clases, pasaban en frente de la capilla, y se quedaban mirando un rato, luego seguían. Pero parecía un espectáculo lo que se estaba dando adentro, y de esa manera se asomaban para ver qué pasaba. Por un lado, el mzungu (blanco) que estaba al frente y vestido con ropas extrañas (es decir, quien les escribe), y por otro lado el coro y el órgano que con su música también los atraía. Y cuando luego del sermón comenzó el movimiento de los ritos, de la ceniza, del ofertorio, y lo que sigue en la liturgia… las cabezas se asomaban por todas las ventanas laterales. Pero en un momento miré a la ventana que estaba más cerca, y veía a un niño que asomaba apenas un ojo, como no queriendo ser descubierto. Y cuando yo miraba a la ventana, se escondía… pero no se iba. Entonces no miré más, para que no se fuera… y se sintiera más cómodo. Sin embargo yo sentía esa mirada atenta en cada uno de los movimientos que hacía en la liturgia.
Luego de la misa, el catequista me llevó a la casa de un abuelo que pedía el bautismo. Nunca me hubiera imaginado estar haciendo un bautismo y confirmación el miércoles de cenizas, pero son cosas de la misión. No podemos regresar muy seguido a las aldeas, vamos luego de varios meses, por eso no nos arriesgamos a volver en pascua para bautizarlo… ¿quién sabe si él o nosotros ya ha partido para entonces? Debido a que hace un par de semanas que yo no salía a las aldeas, por mi viaje a Egipto y luego por las actividades en el centro de la misión, me volvió a llamar la atención el paisaje, cosa que agradecí a Dios. A veces estoy muy acostumbrado. Hoy percibí de nuevo la vegetación, el paisaje de una aldea, las casas de barro colorado, y los techos de paja. Fuimos en la camioneta hasta que el camino se estrechó y ya no pudimos avanzar más en vehículo. Seguimos a pie un trecho, que también disfruté mucho…otra vez escuchar el silencio del campo, las voces de la gente a lo lejos, algunos niños que se escuchaban jugando detrás de las plantaciones de maíz.
Llegamos. Y les pinto de nuevo el paisaje tan común de una casa de campo de estas latitudes. Tres casas de barro, pequeñas, de dos o tres cuartos cada una, todas con las puertas hacia el patio, una cocina, que sería un quincho o techadito de paja con paredes bajas de adobe. Un corral de chivos “elevado”, que lo construyen alto para que no duerman estresados, es decir, pensando en las hienas que rondan por la noche. En el patio… como siempre, niños, varios de ellos. Pequeñitos, porque los otros mas grandes estarían trabajando en el campo, o cuidando los animales. Y el paisaje de animales domésticos, que aquí son más domésticos que en cualquier otro lado: gatos, gallinas, etc.
Debajo de la sombra de un árbol grande, sentado en una silla baja, estaba don Masanja, a quien nosotros buscábamos. Las presentaciones fueron en sukuma, que en esta zona de la parroquia se habla mucho. Yo no puedo hablar sino dos o tres palabras en esta lengua, pero cada vez voy comprendiendo más. Luego de dos o tres preguntas de catecismo, a modo de examen, procedimos al bautismo, confirmación y unción. La comunión quedará para mi próxima visita, porque no sabíamos si encontraríamos a Masanja y además si necesitaría al menos alguna instruccioncita, aunque sea mínima. El catequista le dijo: “usted pidió el bautismo, acá vino el padre para bautizarlo”. “¿Hoy?”, responde sorprendido. Y agrega inmediatamente, “¡bueno!”. Quedé shockeado por la sencillez, y la obra de la gracia de Dios en esa alma.
Le preguntamos qué nombre cristiano elegía… y luego de pensar dijo: Antonio. El catequista fue el padrino, la hija, que es una de nuestras feligresas de esa aldea, ayudaba en todo menester litúrgico, y uno de los nietos que estaba por allí fue llamado para que oficie de pueblo fiel… aunque a duras penas podía seguir la señal de la cruz, aunque lo intentaba.
Fue gracioso el momento de la renuncia a satanás y la confesión de fe, porque yo lo leía en swahili, y le pedí al catequista que le hiciera esas preguntas en sukuma a Masanja, que por ser bautismo de un adulto, debía responder él mismo. Pero respondía en sukuma, no un simple, “sí renuncio”, sino con glosa… “Sí, si, no tengo nada que ver… eso del diablo, no, no, nada… con el demonio nada…”. Nos hizo tentar un poco, pero todo siguió con solemnidad. Allí mismo, donde estaba sentadito cuando llegamos, recibió el bautismo… y el agua que se derramó sobre su cabeza regó el piso de tierra. Luego del bautismo aproveché a preguntarle algunas cosas, pero sobre todo para contarles a ustedes. Al preguntarle por la edad, luego de pensar un poco me dice “cerca de noventa”. Hijos, nueve, cuatro que ya se adelantaron (han fallecido, expresión común en swahili… se adelantaron). Nietos, y bisnietos… algunos eran esos que andaban gateando por ahí. Y me dijo su hija, que alguna de las bisnietas estaba por tener familia. La mayoría de los hijos y nietos eran católicos, pero ahora se bautizaba el jefe de la familia, el abuelo… y por eso les dije que podemos decir que Cristo gobierna esa familia. Es muy importante, sobre todo para ellos. Se trata de una familia católica, y roguemos que crezcan todos en esa fe.
No nos quedamos mucho tiempo, regresamos caminando, y traté de hacerles admirar algunos detalles de lo que íbamos mirando. Los detalles de la creación que Dios ha hecho para nosotros. Se admiraron de los rasgos de una pequeña flor silvestre… que mirada con atención resulta asombrosa. Yo mismo me admiré al ver ese día otro detalle más… de esos que llenan cada uno de nuestros días, y que se nos pasan inadvertidos.
Creo que en la presentación de este blog han leído que en este diario se cuenta el día a día de una misión. Ésta es una de ellas. Tal vez no nos llame la atención. Hay miles de cosas que suceden en nuestro día que no nos llaman la atención, pero deberían.Muchas veces estamos distraídos, o egoncetrados, y no nos damos cuenta, no vemos. Ese niño que hoy me “espiaba” por una ventana de la capilla de esa aldea, me hizo ver lo importante de cada acto del misionero, cada movimiento, cada gesto. Tal vez no es mucho lo que podamos hacer, estamos en un lugar muy humilde y lejano, pero estas almas están sedientas.
Somos misioneros, en eso pensaba al recordar esa mirada. Y no importa que nuestros días puedan ser sencillos… o mejor dicho, se gastarán nuestros días en la sencillez de la misión. Sencillez por fuera, porque por dentro entraña una lucha y combate cotidianos. Combate terrible, entre la gracia y el pecado. Y como un simple soldado raso que va a la guerra puede decir “estoy en guerra”, de la misma manera el misionero. Le estamos dando guerra al demonio, a satanás con todos sus ángeles. Le estamos robando almas, hoy le arrebatamos una que hacía “cerca de noventa” años tenía anotada… y se quedó con las manos vacías. A veces los misioneros podemos escuchar los rugidos de odio del infierno. No con los oídos del cuerpo. En varias oportunidades, puedo decirles con el corazón en la mano, nos sentimos peleando cuerpo a cuerpo. A veces nos podrá ganar un combate, pero nunca vencerá la guerra. Sin que piensen que estoy demasiado enardecido, cada vez me convenzo más de que desde el día que venimos a la misión, le declaramos la guerra al demonio. Y el que no piense así es un ingenuo, que tarde o temprano, caerá en las garras del peor enemigo del género humano.
Recuerdo lo que le escribí a mi hermano el día que me enteré que venía a la misión en África, hace más de tres años, y lo renuevo hoy día: Te pido que reces para que sea fuerte. No sólo físicamente, que en realidad no es tan importante, pero influye. Sino que sea siempre fuerte espiritualmente, que no afloje, que sepa afrontar esa misión con madurez, para bien de tantas almas, para bien de la Congregación, para el bien de la Iglesia Católica. Que sea firme en lo que he aprendido en todos estos años. Que no le afloje a la oración, al trabajo en la virtud, a la vida comunitaria, a vivir los votos como corresponde. Que persevere hasta el fin, que es la gracia de las gracias, y que todos los días pida esta inmerecidísima gracia, la de morir bajo la bandera de Cristo. Que pueda cumplir el deseo que era el de San Leonardo: “quiero morir en misión, con la espada en mano contra el infierno”.
Recen por nosotros, por todos los misioneros. ¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE.

lunes, 8 de febrero de 2016

Marcelo Javier Morsella


"Volveré a Tí, Señor, porque mi alma te busca y está vacía. No puedo vivir sin Tí y al querer hacerlo caigo en el peor de los abismos y queda sin rumbo mi vida...Tonto de mí al no querer confiarte mis caminos; sé que al fin, encontrarte es mi destino. La noche quedó atrás pero me envuelve, negra, como un abismo entre dos polos. Doy gracias a los dioses, cualesquiera que sean, por mi espíritu indómito. No me importa cuán estrecha sea la puerta, ni que me halle abrumado de castigos. Soy Capitán Triunfante de mi Estrella y el Dueño de mi Espíritu."
Marcelo Javier Morsella

jueves, 28 de enero de 2016

María Madre de la Sonrisa

Descripción: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh2Zx_8r3TE-NFQm2GlohbPfHS_kq7WFsIfuVoYJyvn1hqNhygHXfh83EUKT66zzN2HB18cxYNiC75HVZTnCxbaqFoZKHJ7Yf3EMsSfwT5e3l4ueOxt8yJqo_mh8mxEzntdeUU3fk8XYgog/s1600/Estampita_de_la_Virgen_de_la_Sonrisa.jpg

Madre

mía, Virgencita, apiádate de mí que estoydeprimido, afligido, triste y

me siento solo.Virgen

de la Sonrisa, devuélveme el ánimo, las ganas de vivir y

la esperanza.Ayúdame

en este momento de depresión en el cual no siento ganas de

vivir y de seguir luchando.Así como ayudaste a Santa

Teresita a liberarse de ladepresión y la tristeza,

alcánzame el consuelo de TuHijo Jesús, y sáname de

esta enfermedad.

(hacer la

petición deseada)Rezar un Padrenuestro,

Avemaría y Gloria

Oremos: Virgen

de la Sonrisa, Madre de Jesús yMadre mía, tú que fuiste la

intercesora ante Tu Hijodurante la depresión de

Teresita y le concediste la gracia de la

sanación, intercede por mí y por todos los que

sufrimos enfermedad del alma y de la psiquis, para que el Señor nos

conceda la salud que tanto esperamos. Por Jesucristo,

Nuestro Señor. Amén.

sábado, 2 de enero de 2016

Aniversario de los 20 años de fundación de las SSVM en Medio Oriente

Publicado en enero 1, 2016 En Tierra Santa


El 1 de octubre, día de Santa Teresita del Niño Jesús, llegamos a Medio Oriente las tres primeras Servidoras, para abrir la Comunidad “María Jerosolimitana”. El día 2 de octubre, día de los Ángeles Custodios comenzamos con nuestro estudio del árabe. En la actualidad contamos con más de 15 comunidades en la zona, han sido años de muchas bendiciones. Compartimos con Ustedes el Sermón que con motivo de este Aniversario predicó el Padre Gallardo, Superior Provincial del IVE en la Santa Misa de Acción de Gracias.

M. Pía


Llegada a Jerusalén


Desierto de Judea



Acción de gracias 20 años SSVM Medio oriente

Hace un poco más de 20 años, el primero octubre de 1995, llegaban las tres primeras servidoras a Medio Oriente. No sabían mucho qué era lo que les esperaba y por eso trajeron también papas y cebollas en las valijas que asombrados controlaron los miembros de seguridad del aeropuerto. Era el día de Santa Teresita, patrona de las misiones y las jóvenes hermanas (Contemplación, Pía y Cielo) aceptaron el reto de no ser esquivas a la aventura misionera. ¡Vaya aventura que las esperaba! El Patriarca había aceptado que vinieran a aprender la lengua y después Dios mostraría el camino. Un camino que desde Belén las llevó a Egipto, Jordania, Gaza, Túnez, Siria… y aquí en Belén donde comenzaron se encuentra el Hogar Niño Dios, en cuya capilla celebramos esta misa.

Quiero referirme en primer lugar en esta homilía a las palabras del Señor Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda la creación (Mc. 15,16). Y en segundo lugar a algunos consejos que Santa Teresita dio a su pequeño hermano misionero, el padre Mauricio.


Santo Sepulcro



I. Si hemos venido a Medio Oriente es por haber escuchado querido poner en práctica esas palabras de Nuestro Señor: Id por todo el mundo y predicad el evangelio.

Id por todo el mundo significa por todos los continentes, todos los países, todas las ciudades, todos los pueblos, todos los caminos, para que a toda la tierra alcance su pregón, hasta los límites del orbe su mensaje (sal. 19,5). Este deseo de predicar el evangelio lo expresó hermosamente Santa Teresita cuando escribió: a pesar de mi pequeñez, yo quisiera iluminar las almas como los Profetas, como los Doctores… tengo vocación de Apóstol… Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre y plantar tu cruz gloriosa en suelo infiel. Pero Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas… Quisiera se misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos…

A toda la creación significa a los hombres de todas las razas, de todas las naciones, de todas las religiones. A todos y cada uno en particular porque por todos Cristo derramó su sangre.

A toda la creación significa también ayudar a que la creación sea redimida por la vida cristiana, esa creación que gime dolores de parto cuando los hombres no la refieren a Dios. Por eso a toda la creación implica evangelizar la cultura, porque todo lo que es del hombre debe ser referido a Cristo: arte, política, educación, lenguas, ciencias, deportes… ya que todo fue creado por él y para él (Col. 1,16).

Dice el evangelio que los discípulos predicaron por todas partes y el Señor cooperaba confirmando sus palabras con las señales que lo acompañaban. Esto sigue sucediendo con los misioneros ¿cuáles son esas señales? La misma vida religiosa es una señal y por eso como señalan los documentos de la Iglesia la vida consagrada es, signo, profecía; por sí misma y bien vivida es un anuncio de Cristo porque el religioso quiere ser una continuación de la Encarnación, quiere revivir a Cristo. Enseña el Concilio Vaticano II que la vida religiosa muestra a todos los hombres… la magnitud del poder de Cristo y la potencia infinita del Espíritu Santo (LG 44).


Grupo de Estudio del árabe- Fiesta de Navidad 1995



II. Santa Teresa fue capellana en el Carmelo de un sacerdote que se preparaba para misionar en África. Ella, cuando pedía por él en la oración y en sus cartas, lo llamaba mi querido pequeño hermano (mon cher petit Frère). Algunos pensamientos de sus cartas nos pueden ayudar a reavivar nuestro espíritu misionero.

Cuando escribe su primera carta Santa Teresita tenía sólo 24 años y sabía que estaba enferma de tuberculosis y moriría prontamente – (de hecho, morirá en menos de un año). El P. Mauricio acababa de atravesar una gran crisis en la que piensa incluso en renunciar a su vocación religiosa[1]. Santa Teresa agradece a Dios que haya salido victorioso de la tempestad y le recuerda que las pruebas están en el programa de aquellos que están llamados a guiar a las almas.

Luego agregaba: Yo le pido a nuestro señor que seáis no sólo un buen misionero sino un santo, todo abrazado en el amor a Dios y a los hombres. Eso es lo que nosotros debemos también desear siempre. No contentarnos con estar en la misión, con ser buenos o cumplidores, tenemos que desear realmente ser santos misioneros y apóstoles.


Primer Congreso de Formación



A partir de ciertas pruebas que el padre tenía Santa Teresita le recordaba. El don más grande que Dios puede darle a un alma no es darle mucho, si no pedirle mucho.

Sabiendo que el padre sufría por dificultades en su familia le decía. El Señor conoce la amplitud de vuestro sacrificio. Él sabe que el sufrimiento de aquellos que os son queridos aumenta el vuestro, pero Él mismo sufrió ese martirio: para salvar nuestras almas abandonó a su madre y la vio al pie de la cruz, de pie traspasada por una espada de dolor.

Por eso nunca debemos quejarnos de Dios, de las pruebas, de las arideces, incomprensiones, de las dificultades que puede haber en nuestras familias. Debemos agradecer a Dios que nos ha enviado a una misión difícil, con una lengua difícil, una cultura muy distinta, donde los cristianos son minoría y en algunas de nuestras misiones perseguidos de modo sangriento. Dios nos pide mucho porque nos ha llamado a ser misioneros. Jesucristo es también en esto nuestro modelo

Santa Teresita también había sufrido mucho. Ella misma divide su vida en tres etapas. La primera hasta los cuatro años, fue llena de alegría y paz. La segunda una etapa de gran sufrimiento a partir de la muerte de su madre a los 4 años hasta los 14. En dicha etapa su hermana Paulina que le había hecho de madre la dejó para ir al Carmelo cuando tenía diez años. En la navidad de sus catorce años Dios la convirtió y le corrigió milagrosamente su extrema sensibilidad. A partir de allí Dios le pedirá más y más pero su alma está madura para darle todo.

Ella sabía de qué hablaba cuando le escribía al p: Mauricio: Nuestro Señor no nos pide nunca sacrificios más allá de nuestras fuerzas. Es cierto que a veces nos hace sentir toda la amargura del cáliz que presenta a nuestra alma. Y cuando nos pide el sacrificio de todo lo que nos es más querido a veces es imposible no gritar, a menos de recibir una gracia particular: Dios mío aparte de mí este cáliz… pero que no se haga mi voluntad si no la tuya.

Hay otros elementos en las cartas que nos pueden ayudar.


Primer Viaje a Egipto para la Ordenación Diaconal del Padre Gabriel Romanelli



Rezar por los que entrarán en contacto con nosotros en la misión. El P. Mauricio le pide a Santa Teresita que sea la madrina del primer niño que bautice en la misión. Ella acepta poniéndolo desde ese momento bajo la protección de La Virgen y de San José y aunque no lo conoce desde ese momento rezaba por él. La oración y la unión con Dios son el alma de la misión. Por eso en cualquier lugar que estemos y en cualquier misión lo primero y lo más importante es rezar y rezar bien, amar cada día más a Dios, unirnos cada vez más a él. La oración es siempre el alma de todo apostolado.

Grandes obras. El padre le pide que rece para que alcance la palma del martirio. Ella le confiesa que también había pedido y deseado el martirio para ella misma pero que Dios sólo le concedía el martirio del amor oculto en el Carmelo. Cuenta que ella admiraba mucho a Santa Juana de Arco y quería ser como ella pero que Dios le había hecho comprender que no debía luchar por hacer coronar a un rey mortal sino que debía hacer amar al Rey Inmortal y hacer que los corazones se sometan a él. La gran obra que Dios nos pide siempre es lo que Santa Teresita llamaba lamonotonía del sacrificio y ella decía que la prefería al éxtasis (A l’extase je préfère la monotonie du sacrifice).


Misa de Acción de Gracias



Aceptar la voluntad de Dios. Ya cercana a la muerte le escribía a su pequeño hermano: soy feliz de morir, sí, soy feliz y no por ser liberada de los sufrimientos de aquí abajo (al contrario, el sufrimiento unido al amor es lo que estimo de más valor en este valle de lágrimas). Soy feliz de morir porque veo que esa es la voluntad de Dios y que así seré más útil para las almas que amo. Nosotros en la misión cada día debemos morir a pequeñas o grandes cosas, es la manera de dar fruto, morir como el grano de trigo y hacerlo con alegría. Tenemos que ser felices de morir por Cristo en la misión.

En este día damos gracias a Dios por los 20 años de presencia de las Servidoras en Medio Oriente. Damos gracias a Dios por nuestra vocación misionera, en la familia religiosa del Verbo Encarnado. A la Virgen especialmente le pedimos que nos conceda no perder nunca el santo entusiasmo por la misión y que, aunque con los años el hombre viejo se debilite, el alma no se canse y esté siempre alegre por creer y predicar a Jesucristo, el único Salvador.

P. Marcelo Gallardo, IVE
Para los textos Cf. Maurice et Thérèse : l’histoire d’un amour : correspondance entre Thérèse de Lisieux et un jeune prêtre passionné / introd. et prés. de Patrick Ahern ; préf. de Sylvie Germain. Desclée de Brouwer, 1999.

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viernes, 1 de enero de 2016

¡Madre de Dios y madre nuestra!

Virgen María ¡Madre de Dios y madre nuestra!




Nos suena familiar decir que María es “madre de Dios” y, aunque no deja de ser muy bueno, quizás justamente por esa familiaridad, no llegamos a reparar todo este título lleva consigo. Sabemos, sí, qué significa ser madre –más aun las que lo son–, pero nos sobrepasa, abundantemente, saber qué estamos significando cuando decimos “Dios”. Santo Tomás dirá: “en esta vida tanto más perfectamente conocemos a Dios, cuanto mejor entendemos que sobrepasa toda capacidad intelectual”[1].





El P. José María Cabodevilla, prolífico escritor y devoto de María, expresaba esta verdad con palabras que destilan su amor filial:

“Decimos madre de Dios y lo decimos tranquilamente, con la misma naturalidad con que decimos la madre de Carlos o de Carlota. Sin embargo, esa expresión está reclamando nuestro estupor, incluso cierta resistencia, cierto escándalo. Madre de Dios. En el límite del lenguaje y al borde mismo del absurdo, hemos tenido que hablar así: Dios, que es incapaz de hacer otro Dios, hizo lo más que podía hacer, una madre de Dios”.

Toda la grandeza que puede proclamarse de la Santísima Virgen no tiene otra fuente, motivo, causa o relación que el hecho de haber sido elegida, desde siempre, para ser nada más y nada menos que madre del Todopoderoso.

Permítanme citar in extenso unos párrafos del Tratado de la Verdadera Devoción, donde el Santo de Montfort, el locamente enamorado de María, parecería no encontrar palabras para expresar lo que contempla su alma; sucede que, como decía Santa Teresita “es imposible a la palabra humana expresar lo que el corazón humano apenas puede sentir”[2]; leamos, entonces, el texto, tratando de ponderar cada frase:

“María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo sin exceptuar los querubines y serafines (…).

Digo con los santos, que la excelsa María es el paraíso terrestre del nuevo Adán, quien se encarnó en él por obra del Espíritu Santo para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el sublime y divino mundo de Dios, lleno de bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, quien ocultó allí, como en su seno, a su Unigénito y con El todo lo más excelente y precioso.

¡Oh qué portentos y misterios ha ocultado Dios en esta admirable creatura, como Ella misma se ve obligada a confesarlo no obstante su profunda humildad ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí! (…)

Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad Santa de Dios. Y, según ellos mismo testifican, nunca han estado tan elocuentes ni se han sentido tan felices como al hablar de Ella. Todos a una proclaman que la altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el trono de la Divinidad, no se puede percibir; que la anchura de su caridad, que extendió más que la tierra, no puede medirse; que la grandeza de su poder, que se extiende hasta sobre el mismo Dios, es incomprensible; y, en fin, que la profundidad de su humildad y de todas sus virtudes y gracias son un abismo insondable. ¡Oh altura incomprensible! ¡Oh anchura inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable!

Todos los días, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto del cielo y en lo más profundo de los abismos, todo pregona y exalta a la admirable María. Los nueve coros angélicos, los hombres de todo sexo, edad y condición, religión, buenos y malos, y hasta los mismo demonios, de grado o por fuerza, se ven obligados por la evidencia de la verdad a proclamarla bienaventurada.

Todos los ángeles en el cielo dice San Buenaventura le repiten continuamente: ‘¡Santa, santa, santa María! ¡Virgen y Madre de Dios!’ y le ofrecen todos los días millones y millones de veces la salutación angélica: ‘Dios te salve, María…’, prosternándose ante Ella y suplicándole que, por favor, los honre con alguno de sus mandatos. Hasta San Miguel, dice San Agustín, aunque príncipe de toda la corte celestial, es el más celoso en rendirle y hacer que otros le rindan toda clase de honores, esperando siempre sus órdenes para volar en socorro de alguno de sus servidores.

Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos que la han escogido por tutela y patrona de varias naciones, provincias, diócesis y ciudades. ¡Cuántas catedrales no se hallan consagradas a Dios bajo su advocación! ¡No hay iglesia sin un altar en su honor, ni comarca ni religión donde no se dé culto a alguna de sus imágenes milagrosas, donde se cura toda suerte de enfermedades y se obtiene toda clase de bienes! ¡Cuántas cofradías y congregaciones en su honor! ¡Cuántos institutos religiosos colocados bajo su nombre y protección! ¡Cuántos congregantes en las asociaciones piadosas, cuántos religiosos en todas las Ordenes! ¡Todos publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias!

No hay siquiera un pequeñuelo que, al balbucir el Avemaría, no la alabe. Ni apenas un pecador que, aunque obstinado, no conserve alguna chispa de confianza en Ella. Ni siquiera un solo demonio en el infierno que, temiéndola, no la respete.

Es, por tanto, justo y necesario repetir con los santos: DE MARIA NUNQUAM SATIS… Todavía no se ha alabado, exaltado, honrado, amado y servido suficientemente a María. Ella merece todavía más alabanzas, respetos, amor y servicios (…)

Debemos también exclamar con el Apóstol: ‘El ojo no ha visto, el oído no ha oído, a nadie se le ocurrió pensar…’ las bellezas, grandezas y excelencias de María, milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y de la gloria. ‘Si quieres comprender a la Madre dice un santo trata de comprender al Hijo. Pues Ella es digna Madre de Dios’. ¡Enmudezca aquí toda lengua!”[3].

Y lo bueno, lo maravilloso, la esperanzadora y gran noticia para empezar cada año, dada la generosidad inaudita de Dios, es que esta Madre suya es al mismo tiempo también Madre nuestra…Y sí, aquí tenemos otro motivo para decir: ¡enmudezca toda lengua!, ya que toda la grandeza y belleza incomparable de María, toda su maternal ternura más que angelical, ha sido y será el más hermoso regalo que Dios, por medio de su Hijo, nos ha hecho y nos hará. Parafraseando la Escritura podríamos decir que así como tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito[4], así también tanto nos amó su Hijo que nos entregó, nada más y nada menos que desde la Cruz, a su tiernísima Madre.

¡¿Qué sería de nosotros sin una Madre como Ella?! ¿A dónde buscaríamos consuelos en nuestras penas? ¿Dónde refugio en nuestros desamparos? ¿Dónde protección en nuestras luchas? ¿Dónde consejo y guía, en nuestro caminar? ¿Dónde auxilio en nuestros peligros? Y sobre todo ¿dónde dulces, misericordiosas y reparadoras caricias en nuestras caídas?

¡Bendito y mil veces bendito sea nuestro Dios por habernos dado a su Madre! ¡Y bendita y mil veces bendita sea nuestra Madre por habernos aceptados como hijos, aun siendo débiles y pecadores; aun siendo la misma causa de su pasión al pie de la Cruz! Misterios de amor… ¡enmudezca toda lengua!

Madre mía, si no existieran tus ojos, creo que no me atrevería a mirar a los de Jesús… y aun sabiendo que existen, no los miro sin el cobijo de tu mirada. ¡Mil veces bendita seas!

Termino con poesía escrita para una mamá de la tierra pero que puede aplicarse, ¡y cuánto más! a nuestra Madre del Cielo:



EL CONSEJO MATERNO[5]

Ven para acá, me dijo dulcemente

mi madre cierto día,

(aún me parece que escucho en el ambiente

de su voz la celeste melodía).



Ven y dime qué causas tan extrañas

te arrancan esa lágrima, hijo mío,

que cuelga de tus trémulas pestañas

como gota cuajada de rocío.



Tú tienes una pena y me la ocultas:

¿no sabes que la madre más sencilla

sabe leer en el alma de sus hijos

como tú en la cartilla?



¿Quieres que te adivine lo que sientes?

Ven para acá pilluelo,

que con un par de besos en la frente

disiparé las nubes de tu cielo.



Yo prorrumpí a llorar, -nada le dije,

la causa de mis lágrimas ignoro;

pero de vez en cuando se me oprime

el corazón, y ¡lloro!.



Ella inclinó la frente pensativa

se turbó su pupila.

y enjugando sus ojos y los míos,

me dijo más tranquila:



Llama siempre a tu madre cuando sufras

que vendrá muerta o viva:

si está en el mundo a compartir tus penas.

Y lo hago así cuando la suerte ruda

como hoy perturba de mi hogar la calma:

¡invoco el nombre de mi madre amada,

y entonces siento que se ensancha mi alma!



¡Feliz y santo año para todos!

¡Feliz día de la Madre de Dios y nuestra!



[1] Summa Theologiae, II-II, q. 8, a. 7: Ed. Leonina, VIII, p. 72. (25).

[2] Historia de un alma, cap. 9.

[3] San Luis M. Grignion de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción a María Santísima, nn. 7-10, 12.

[4] Cf. Jn 3,15

[5] Autor: Olegario V. Andrade

Campamento de niños El Nihuil 2015


















Publicado en enero 1, 2016 En Argentina



¡Salvemos las almas de los niños!

“¡Pobres almas de los niños que, sin culpa suya, han nacido en un siglo que les tiene declarada guerra a muerte!

Yo no creo que haya habido tiempo en la historia en que con más saña se haya combatido el alma de los niños. Como que la divisa de la impiedad moderna es esa: ¡Corromper al niño!”

Así describía el gran obispo de Palencia, el Beato Manuel González, la situación de sus niños en el siglo pasado. Sin duda que la situación actual no es tan lejana. Se busca corromper a los niños con el internet, T.V., el materialismo, la ausencia de Dios en la educación, etc.

“¡Pobres niños!, sigue el Beato, ¿Y qué habrá para defenderse de estos héroesmodernos de la escuela laica o de catecismo rutinario, del cuento y de la revista inmorales para niños, del cine corruptor y enloquecedor, de la coeducación sexual, etc. etc., que hacen bueno al Herodes de la historia?

¿Quiénes los defenderán? …Yo me lo digo a mí mismo muchas veces: «Si nosotros los sacerdotes no amamos y defendemos las almas de los niños, ¿quién las defenderá? ¿Quién las va a querer?»

¡Qué hermoso lema para la bandera de un sacerdote! ¡Salvemos las almas de los niños!”.

Como todos los años, hemos realizado el campamento de niños, del 13 al 20 de diciembre, en nuestro querido pueblo del Nihuil.

Es una gracia de Dios poder realizar como Congregación estos apostolados con niños, y contrarrestar los ataques que sufren estas almas…y así defenderlas ¡ysalvarlas!

Este año participaron 70 varones. En gran número provenientes de nuestros colegios en S. Rafael (Bachillerato Humanista e Isabel la Católica). Fueron días de gran alegría y de muchísimos frutos. (En las fotos verán algunas de las actividades).

Que el Señor nos conceda la gracia de tener sus mismos sentimientos, especialmente esos que iban dirigidos a los niños “Dejad que los niños vengan a Mí, no se lo impidáis” (Mc. 10, 13). Por eso el gran obispo, apóstol de los niños y de los sagrarios abandonados, confiesa que el gran secreto en la educación y salvación de los niños es la gracia: “Honradamente os confieso, con la experiencia de la historia y de años y de casos sin número, he aquí el gran instrumento de la educación integral del hombre: la gracia”… “Procurad que vivan en gracia de Dios vuestros niños y jóvenes: solamente con ella y por ella vivirán su verdadera y completa vida”.

Realmente ¡qué hermoso lema para la bandera de un sacerdote! ¡Salvemos las almas de los niños!

P. José Gabriel Vicchi, IVE
San Rafael, diciembre de 2015